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Femicidios: qué más hay que hacer para prevenir el horror

Dos crímenes vuelven a impactar a la opinión pública. Hace 2 años este diario abordó el tema de la perversión y el perfil de quienes cometen actos atroces.

El doble femicido ocurrido en Neuquén donde una madre y su hija fueron brutalmente asesinadas a puñaladas (una de ellas fue además descuartizada) sacudió a la opinión pública nuevamente y volvió a disparar las mismas preguntas que se hacen cada vez que ocurren hechos de semejante naturaleza: ¿Por qué? ¿Se podría haber evitado? ¿Qué se debe hacer con este tipo de asesinos?

Hace dos años, a raíz de la violación y el asesinato de un niño en la Toma 7 de Mayo, este diario publicó un extenso informe con la opinión de especialistas que a diario conviven con casos similares o que trataron a las personas que cometieron estos hechos aberrantes.

Si bien el reportaje incluía una amplia lista de delitos aberrantes, como violaciones seguidas de muerte, crímenes calificados, también incluía a los femicidios, figura que, desgraciadamente, no deja de repetirse en las noticias de todos los días.

En aquella oportunidad, el reconocido psiquiatra José Lummerman, quien lleva años estudiando el comportamiento de este tipo de personas, aseguró que no hay tratamiento posible cuando los delitos tienen un alto grado de perversión.

“Meterlos presos no sirve para nada más que cumplir con el Código Penal porque con la perversión no hay tratamiento”, dijo en ese informe.

Aseguró que muchos de los femicidios se podrían haber evitado porque las víctimas habían denunciado hechos de violencia. “No hay que llevarlos a la comisaría, hay que internarlos y deben hacerle una evaluación psiquiátrica ante la primera amenaza. El que hace eso está enfermo. Tiene algún trauma sexual que lo atormenta pensar que la mujer que él quiere puede compartirla con otros hombres”, explicó.

La violación, femicidio y posterior descuartizamiento de la adolescente Cielo López, en 2019, en Plottier, fue un hecho considerado “imborrable” para algunos funcionarios judiciales que intervinieron en el caso por la saña con la que actuó el femicida y la forma de tratar de deshacerse del cuerpo. “Desgraciadamente, siempre podemos esperar a ver algo peor”, reconoció el fiscal Agustín García al recordar aquel crimen. Y no se equivocó.

La opinión pública volvió a horrorizarse con dos hechos sangrientos que tienen similitudes con otros que ya ocurrieron en la región (El de Cielo López, por la forma en que se cometió o el de Las Ovejas, con la ejecución de una madre y su hija).

¿Alcanzan las políticas o las acciones que se llevan adelante a prevenir estas masacres?

Más allá de los intentos y las leyes (reforma del Código Penal, Ley Micaela, Ley de Protección Integral de Mujeres), las estadísticas son desesperanzadoras.

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