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El Chocón es en la actualidad conocido por su gran dinosaurio, el carnívoro Giganotosaurus carolinii (que este año tuvo una participación especial en la película Jurassic World Dominion) a pesar que en el pasado se hacía referencia a la represa hidroeléctrica. Hoy, gran parte del valle del antiguo río Limay es ocupado por el espejo de agua del lago Ezequiel Ramos Mexia, sin embargo sus costas muestran atractivos increíbles. El paisaje es típico de Patagonia con un relieve de mesetas interrumpidas por quebradas y arroyos de cursos de agua temporarios. La erosión ha trabajado la roca produciendo acantilados, saltos y arenales extensos. Estas variaciones se producen debido al desgaste diferencial de las rocas ya que no todas son de la misma dureza y composición. Las intercalaciones de areniscas y arcilitas provocan todas estas bellezas naturales.
Los atractivos se presentan tanto del lado rionegrino como neuquino. La costa del lado rionegrino es más abrupta y posee enormes acantilados. Esos acantilados son rocas del período Cretácico, es decir del tiempo de los dinosaurios. Sin embargo, no solo estos grandes animales vivieron en ellas. Hoy se sabe que también había unas pequeñas ranitas de solo 2 centímetros de largo que habitaron hace 100 millones de años esa región.
En marzo de 1989, a través de la información presentada por Rubén Carolini, quien hace 29 años descubrió al Giganotosaurus, junto a Jorge Calvo, investigador y docente de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), se rescató de las costas del lago Ramos Mexia una pequeña laja de 10 centímetros por 10 centímetros con los restos de materiales de un pequeño batracio que vivió hace 100 millones de años y quedó preservado en rocas de la formación Candeleros. El área del hallazgo era una plataforma en la base de los gigantes que en forma excepcional había quedado a descubierto por la bajante del lago.
Esos restos fósiles, que se encontraban semiarticulados, fueron estudiados en el año 2000 por los paleontólogos Ana María Báez, Trueb y Calvo, quienes determinaron que se trataba de una nueva especie de un pequeño anuro (rana) de 3 centímetros de largo corporal al cual le dieron el nombre de Avitabatrachus uliana. El hallazgo fue publicado por la prestigiosa revista internacional Journal of Vertebrate Paleontology.
Los materiales se guardaron en las colecciones científicas del Museo de Geología y Paleontología cuya sede se encuentra actualmente en el Parque Geopaleontólogico Proyecto Dino en Lago Barreales. Pasaron 22 años en los cajones del museo como resguardo patrimonial ya que esos materiales deben ser de consulta para investigadores como todos los que se describen y publican.
Nuevos hallazgos realizados en la zona de Villa El Chocón llevó a Báez, una de las mayores especialistas en anfibios fósiles del hemisferio sur, a revisar los materiales publicados en el trabajo original del año 2000 y por ello durante este año realizó dos viajes al parque geopaleontológico de Lago Barreales para analizar con más detalles esos materiales y poder compararlos con los nuevos registros. Báez continúa trabajando en el Museo Argentino de Ciencias Naturales de la ciudad de Buenos Aires.
El paleontólogo Jorge Calvo, responsable del Parque Geopalentológico Proyecto Dino señaló a LMNeuquén que "sorprendentemente, al analizar al espécimen tipo que se había descripto, la especialista Ana María Báez observó que había un segundo ejemplar con más información pero que sus huesos estaban pobremente osificados, lo que indicaba que se trataba de un individuo en proceso de metamorfosis".
Calvo puntualizó que el color grisáceo, en parte transparentes, de esos nuevos restos juveniles "difiere de los de los huesos blanquecinos del ejemplar más desarrollado publicado originalmente que en aquel momento no llamaron la atención. Por lo tanto resulto sorprendente descubrir este segundo ejemplar cuyo tamaño no habría superado los 2 centímetros de largo".
Para el reconocido paleontólogo, la importancia de este estudio no sólo incluye el hallazgo de un nuevo espécimen inmaduro sino que aporta mayor información sobre el desarrollo de esta especie dada a conocer en el año 2000.
Estas pequeñas ranas acuáticas formaron parte de la fauna que habitó el Chocón hace 100 millones de años, conjuntamente con criaturas monumentales como el dinosaurio Giganotosaurus y los dinosaurios saurópodos Limaysaurus y Andesaurus, además de cocodrilos Araripesuchidos, torturas y especies que no están representadas por huesos sino por huellas de dinosaurios entre los que se destacan ornithisquios, reptiles voladores, terópodos de pequeño y mediano tamaño.
"Toda información sobre registros fósiles es sumamente importante y no solo se trata de encontrar grandes dinosaurios", aclaró Calvo. Agregó que, de esta manera "la fauna hallada y rescatada, no solo es importante por su diversidad sino también por aportar información sobre aspectos ecológicos de aquellos momentos del período Cetrácico".
"Estudios estratigráficos demuestran que la zona próxima a la costa del lago donde asoman areniscas rojizas correspondientes a la formación Candeleros era en su momento un lugar lleno de vida vegetal y animal donde ríos de baja profundidad y pendiente suave, tipo menadrosos, circulaban y conectaban lagunas donde estos animales iban a beber o bien en el caso de los Avitabatrachus vivían ya que eran acuáticos", explicó el especialista.
Señaló que estos batracios integran un grupo de anfibios de adultos "de hábitos exclusivamente acuáticos y vivían en lagunas de poca profundidad, lugares donde los gigantescos dinosaurios iban a beber".
Esta nueva información sobre el Avitabatrachus será incluída en la presentación que Báez presentará en la reunión de la Sociedad de Paleontología de Vertebrados, una organización profesional fundada en los Estados Unidos en 1940 para el desarrollo de la paleontología de vertebrados en todo el mundo, a realizarse en Toronto, Canadá, a principios de noviembre.
Reconstruir los ecosistemas de hace millones de años
Uno de los datos que aportan estas faunas de ambiente continental es la conexion entre los continentes a lo largo de la historia del planeta. El responsable del Parque Geopalentológico Proyecto Dino, Jorge Calvo, expresó que "como sabemos el gran supercontinente de Pangea se comenzó a desmembrar en períodos del Triásico, que se profundizaron en el Jurásico para separarse definitivamente en el Cretácico. Es a mitad del Cretácico que Sudamérica y África se separan por completo". Sin embargo, los investigadores intentan determinar cuándo fue ese último contacto que permitió que organismos de uno y otro lado cruzaron de un continente a otro por tierra. "En base al estudio científico de huellas de dinosaurios, cocodrilos y dinosaurios se fue analizando ese momento y estos batracios, por más pequeños que sean permiten corroborar la hipótesis de la conexión terrestre entre Africa y Sudamérica hasta los tiempos albianos; es decir, hace unos 100 millones de años atrás aproximadamente", describió Calvo.
Por último, Calvo expresó que la paleontología es una de las herramientas más valiosas que se tienen para determinar el movimiento y evolución de la fauna y flora en distintos momentos de la historia del planeta. Además, consideró que también es una herramienta fundamental "para determinar la dispersión de los continentes y confirmar cuando estuvieron juntos y cuando se separaron". "Finalmente, podemos confirmar que no solo los grandes reptiles, dinosaurios o mamíferos son importantes en la historia del planeta sino también estas pequeñas especies de vertebrados como los batracios, de pocos centímetros de largo, y aún más pequeños como grupos de invertebrados que nos dejan parte de lo que pasó en tiempos remotos. Con esta información se reconstruyen los ecosistemas de hace millones de años y se determinan por qué murieron, cómo y cuándo, tal cual un forense en la actualidad determinaría al asesino de alguien basado en la evidencia de huellas o pelos", concluyó.