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Hace 105 años junto a sus compañeros hicieron realidad la quimera del petróleo neuquino.
Hace 105 años, un 29 de octubre de 1918, se encontró petróleo en la comarca neuquina. Haremos un breve relato de los hechos a través de la historia de don Juan Soufal y Cipriano Salto, dos trabajadores pioneros del Pozo 1.
Juan Soufal nació el 8 de marzo de 1888 en la ciudad de Stein, ubicada a orillas del río Danubio y a 60 kilómetros de Viena, capital del entonces Imperio Austro-húngaro. Su padre se llamaba Juan como él y su madre María Weber. En su ciudad natal obtuvo el diploma de Técnico a los diecisiete años. Juan se dirigió a la ciudad alemana de Hamburgo; allí ingresó a trabajar en los astilleros de Blohm y Voss donde permaneció dos años y obtuvo una sólida formación teórica y práctica. Como prueba de ello, al tiempo consiguió embarcarse como técnico mecánico en la sala de máquinas de las naves que hacían la travesía mundial. Así fue como, de muy joven, Juan ya había dado la vuelta al mundo.
Era 1908. Juan se dirigía a nuestro país sin saber que en el mismo barco viajaba quien sería su futura esposa, Anna. La alemana acudía a la Argentina a encontrarse con su hermana Florentina y además para trabajar como institutriz de la familia Bullrich, en virtud de su dominio de los idiomas alemán y francés. Pues bien: durante la travesía, Anna y Juan se conocieron. Tan profundo fue el sentimiento que se despertó en Juan que nuestro protagonista decidió abandonar el barco y establecerse en Buenos Aires para estar cerca de su amor. Se alojó en el Hotel “Zur Habsburg” (“Lo de los Habsburgo”, apellido de la familia reinante en Austria-Hungría), donde se reunía la colectividad austríaca. Anna estuvo sólo seis meses con la familia Bullrich; poco después la pareja contrajo matrimonio en la Iglesia de las Victorias el 14 de octubre de 1909, él con 21 años y ella con 24 años. Afortunadamente, en el hotel Juan había conocido a unos empresarios mineros que le ofrecieron trabajo. Así fue que el matrimonio se dirigió a San Luis, a trabajar en la mina de tungsteno “Los Cóndores”, propiedad de una empresa alemana que explotaba dicho mineral, muy requerido para la industria bélica.
Anna y Juan tuvieron seis hijos: Ana María, Felisa Elisa, Juan Carlos, Francisco Augusto, Carlos Cristóbal y Federico Francisco.
También en el hotel austríaco donde se albergaron, Juan conoció su compatriota el ingeniero Juan Langer, Jefe de Perforaciones de la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología de la Nación. Gracias al contacto comenzó a trabajar en la Dirección General de Minas y fue destinado a Córdoba para la perforación de pozos de agua. Al tiempo de hallarse en Ordóñez, Juan recibió una notificación de Langer: sería trasladado al territorio de Neuquén, puesto que la Nación tenía pensado realizar allí una perforación.
En 1912, el Director de la Dirección General de Minas Geología e Hidrología, Ingeniero Enrique Martín Hermitte, envió al geólogo Dr. Anselmo Windhausen a estudiar la zona desde General Roca hasta el río Covunco en Neuquén. Cuando realizó el informe, Windhausen aconsejó realizar cateos en Challacó y en el Km 1297 del Ferrocarril del Sud. El Sr. Arturo Coleman, gerente de toda el área del Ferrocarril del Sud, realizó también un viaje especial y tomó fotografías para mostrar en Buenos Aires. No obstante, gobernadores neuquinos ya habían informado sobre la presencia de hidrocarburos en la zona; en 1907 fue hallado petróleo en cerro Lotena, a 30 km. al sudoeste del km. 1297. Además, hubo otras perforaciones que fracasaron por distintos motivos.
El Ingeniero Juan Keidel recibió en 1914 facultades para realizar nuevos estudios: fue quien indicó el lugar específico clavando una estaca. Así, el kilómetro 1295 se convirtió en el punto de referencia para la ubicación del Pozo Nº 1.
Al año siguiente, el Ingeniero Enrique Cánepa fue convocado para que organizara el comienzo de los trabajos; se dispuso el funcionamiento del equipo Fauck rebautizado “Patria” del que era el encargado y operador Juan Soufal. Además, Cánepa consideró necesario contar con mayor mano de obra. Por ello se entrevistó con el gobernador neuquino Don Eduardo Elordi para que dispusiera el envío de treinta presos con el objeto de realizar tareas preliminares sobre el terreno y el movimiento de la pesada maquinaria que se encontraba en Challacó, al comienzo arrastrada con bueyes.
Los Soufal arribaron en tren a estas tierras, el viaje se retrasó como consecuencia de los fuertes vientos que asolaban la región. Era el año 1915 y la familia se alojó en el Hotel Confluencia antes de proseguir viaje a Plaza Huincul. El ingeniero Federico Soufal, hijo de Juan, nos ofreció una clara descripción del recordado hotel: “La descripción del hotel, dice mi padre, era un rancherío de adobe y chapas, ocupado por los obreros que construían la cárcel de Neuquén. Mi madre perdió un zapato en el corto recorrido ocupado por médanos de arena. El dueño del hotel, seguramente apiadado de esta familia con tantos chicos, hizo traer un colchón grande para colocarlo en el piso de la cocina en donde durmió mamá y los niños. A mi padre lo alojó en la pieza de los albañiles”.
Pero la familia debía partir hacia Plaza Huincul viaje que presentaba sus dificultades: el tren corría dos veces por semana y además debían bajar en el Km. 1295, a la altura de Challacó, ¡y de allí continuar a pie! Así lo hicieron: caminaron dos kilómetros a pie con hijos, bebés y el equipaje llevado por don Juan; llegaron a una alcantarilla del ferrocarril, resguardada con ladrillos, y allí se guarecieron para pasar la primera noche. Por intermedio de Cánepa Juan sabía que, en las cercanías, a cinco kilómetros del kilómetro 1297, se encontraba el rancho de Carmen Funes, ex fortinera de las tropas del General Roca que se había establecido en 1903; allí se dirigirían al día siguiente.
Poco tiempo después, ya asentados en la comarca y al frente del equipo “Patria”, Juan fue protagonista y testigo de los preparativos del terreno en el llamado Campamento Challacó Nº 1, zona que en enero de 1916 y por disposición de la Dirección de Minas recibiría el nombre de Plaza Huincul.
Don Cipriano Salto santiagueño de pura cepa y casado con María Martinelli, se había trasladado a la localidad mencionada, por su trabajo en el petróleo.
El matrimonio de Cipriano y María tuvieron seis hijos: Mario, Raúl, Angélica, Elvira, “Nito” Antonio, Rita.
En 1943, cuando don Cipriano se jubiló se asentaron en Neuquén Capital, en la querida calle Mendoza.
La historia del descubrimiento del petróleo en Plaza Huincul fue narrada en el “Libro de oro de YPF “bajo el título de “La exploración científica”.
“El 18 de agosto de 1917, cuando la profundidad de la perforación estaba en los 327 metros y el pesimismo cundía, luego de 18 meses de frustradas esperanzas, la Dirección de Minas ya había resuelto levantar el campamento y abandonar el pozo. Ese 18 de agosto, don Cipriano Salto, uno de aquellos abnegados hombres, se acercó al pozo con un farol y de pronto ¡la explosión! ¡Había gas…había petróleo…! la lucha se tradujo en victoria el 29 de octubre de 1918 con la primera extracción”, según narra el relato del Ing. París.
El Ing. Cánepa que tuvo a su cargo la dirección de los trabajos debió enfrentar toda suerte de problemas. Faltaba mano de obra ya que nadie iba al desierto a tragar arena, trabajando todos los días de la semana nueve horas y media. No había casi agua a la que cuidaban como reliquia; se carecía prácticamente de todo. El ferrocarril no paraba en Huincul, solo por las gauchadas de los ferroviarios disminuían su marcha para dejar caer las bolsas con provisiones y los tanques de agua. El personal tenía que tirarse con el tren en marcha.
Tres años después del descubrimiento, Plaza Huincul ya tenía 600 habitantes, algunos galpones para máquinas y herramientas, algunos ranchos de adobe para vivienda de matrimonios.
Por los motivos antes expuestos, un grupo de habitantes de Plaza Huincul pidieron a las autoridades que se celebre el día del Gas natural, el mismo día que el día del hallazgo de petróleo en el Pozo Uno, ya que se manifestó en forma accidental al efectuarse la perforación en busca de petróleo. “Según consta en el legajo del referido pozo, el 18 de agosto de 1917 el parte diario mencionó que el auxiliar Cipriano Salto, al pasar con un farol cerca de la boca del pozo, generó una llamarada”, precisamente por la emanación imprevista del fluido.
Años después, en 1922, se creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) con la unión de los yacimientos de Comodoro Rivadavia y Plaza Huincul. Con el tiempo, la empresa estatal iría absorbiendo a todo el personal de ambos yacimientos; de ese modo, Juan pasó a formar parte de YPF el 1 de enero de 1923.
Continuando con el relato de Federico Soufal no todas fueron noticias de las buenas. Por aquellos años fallecieron dos hijos de Juan y Anna debido a una epidemia de sarampión que azotó a Plaza Huincul, inoportuno flagelo para un pueblo con absoluta inexistencia de servicios médicos (solamente acudía, una vez por mes, un enfermero zapalino que había estado en la Guerra del Paraguay). Debido a tanta tristeza, Juan pidió licencia por seis meses para viajar a Austria, con la intención de que la familia pudiera conocer a su padre. No obstante, las penurias no terminarían: Juan Carlos, su hijo mayor, falleció en una explosión de gas en Plaza Huincul en 1939 antes de cumplir los 26 años y apenas tres años después lo haría su esposa Anna, a los 58 años.
Falleció el 8 de febrero de 1966. Sus restos descansan en el panteón familiar en Plaza Huincul que él construyó con sus propias manos, con piedras de la zona a la sombra de los cipreses que había plantado y que fue declarado Monumento histórico en 2002 por el Honorable Concejo Deliberante de Plaza Huincul.
Historia del descubrimiento del Pozo Uno a través de la síntesis de la labor de don Soufal y de don Salto, aguerridos hombres que sorteando enormes escollos –junto a los Ingenieros y Técnicos- hicieron realidad la riqueza neuquina.
Hoy los volvemos a homenajear.