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Se dice que esta Selección es la más federal. Y como no se puede ser menos, hay un neuquino que llevó a su querida Zapala a lo más alto. LMN disfrutó con la familia la gran final.
* Por Sofía Frugoni
Zapala, provincia de Neuquén. 18 de diciembre, 10:30, y la ciudad en silencio. En una hora y media se juega la final del Mundial de Qatar 2022 y uno de los que llegó allí es local. Es Marcos Acuña, El Huevo. Sara, su madre, abrió las puertas de su casa para que familiares, amigos y vecinos se acerquen a disfrutar de este momento histórico, sin importar el resultado. Aunque el aroma a campeones del mundo se siente en cada rincón.
La hora se acerca y la sensación es de tranquilidad mezclada con nerviosismo. Raro de sentir, raro de dimensionar. La gente empieza a llegar, la mayoría viste la camiseta del número 8, la de Acuña. Nadie se anima a decirlo, pero todos sienten que la Copa ya está ganada. "Es nuestra, ganamos 2 a 0", dice Adelina, una de sus tías, la más eufórica a LMNeuquén.
Pero llega la noticia que nadie quería escuchar. El Huevo no está entre los titulares. ¿El motivo? Una pubalgia. Su mamá descree esta razón y hace caso omiso. Relajada, se sienta y espera a que pite el silbato que da inicio a su ilusión y a la de los 47 millones de argentinos.
Gaseosas, cerveza, chizitos, papas fritas, facturas y mate. Veinte personas, entre grandes y chicos, viven un primer tiempo de paz y tranquilidad en el quincho de la casa de Sara. El partido estaba controlado por la Selección Argentina. Un penal anotado por el mejor del mundo, Lionel Messi, y un gol que pareció sacado de un poema, pateado por Ángel Di María.
Entretiempo. Adelina tenía razón. Su 2 a 0 ya se había hecho realidad y poco importaba que aún falte un segundo tiempo. ¿Qué mal podría llegar a ocurrir? ¿Cómo ser pesimista ante un panorama de alegría y relajo, ante una Argentina tan perfecta? Imposible.
"Calienta el Huevo Acuña", anuncia el relator de Televisión Pública. La familia festeja y empieza a disfrutar del segundo tiempo. A los 19 minutos entró el zapalino en reemplazo de 'El Fideo'. “Te amo”, le grita Sara a la pantalla mientras aplaude y baila.
Pero la alegría duró poco. El reloj da las 13:43, 81 minutos del partido y en solo dos Francia, puntualmente Kylian Mbappé, se robó la esperanza de todos al anotar un penal y seguirla con un gol que marcó el empate 2 a 2.
Se cumplen los 90 minutos. Se viene el tiempo suplementario. Los nervios de la familia Acuña están a flor de piel. El fantasma de lo vivido en el partido de octavos de final contra Países Bajos está más vivo que nunca.
Con un gol de Messi que no se gritó hasta que no fue confirmado por el árbitro, el partido se convirtió en 3 a 2 y la ilusión volvió. La Copa está ganada, es de Argentina, no podía sufrirse más.
"No podemos ser felices sin pasarla mal", dicen los presentes luego de que a los 118 minutos Mbappé vuelve a bajar a La Scaloneta de lo más alto con un gol. Otra vez iguala los tantos.
Definición por penales. La frase “no puede ser” se repite una y otra vez. Hasta el cansancio. ¿Por qué hay que sufrir así para conseguir lo que tanto se quiere?
Mbappé. Messi. Ataja el favorito Dibu Martínez. Dybala. El francés Tchouaméni le erra. Paredes. Kolo Muani. Ya está. Uno más y la Copa se la lleva el equipo de Lionel Scaloni. Montiel lo hace realidad.
Somos campeones del mundo. Entre que la pelota de Gonzalo Montiel entró al arco a la caída en cuenta del momento histórico que se vivía pasaron apenas unos segundos. De repente, los espectadores fanáticos de Acuña se abrazaron y formaron una masa humana de alegría, gritos y llantos.
Sara se va al patio y saca su teléfono del bolsillo. Busca el contacto de su hijo en WhatsApp y le manda un audio de 17 segundos en el que repetía cuánto lo ama y lo orgullosa que está de él.
“Es mi hijo y es nuestro”, dice la mujer que lo trajo a este mundo y lo acompañó a lo largo de su vida para que hoy llegue a donde está. A ser el mejor, junto a los mejores, y a poner a Zapala, Neuquén en lo más alto de la historia deportiva.