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La diseñadora que hace brillar a Neuquén en las pasarelas del país

Con sus prendas, murales y puestas en escena, la diseñadora neuquina logró crear un universo que va mucho más allá del mundo de la moda.

Hace exactamente ocho meses, Micsi Almendra vivía quizá una de las experiencias más importantes de su carrera, cuando presentó “Patagonia” en la 60 edición del emblemático Argentina Fashion Week. Entre los diseñadores más sobresalientes del país estaba ella, representando a Neuquén con una colección de 20 conjuntos que recorren en colores, texturas, trazos y estampas del Domuyo al Lanín. “Me pareció interesante conectar el norte y al sur de la provincia a través de los volcanes, que son inmensos y una fuente tremenda de energía. Quise llevar la cordillera, fui a mostrar lo que es ser de Neuquén”, explica Micsi.

Aunque ese puñado de días fue inolvidable por la relevancia del evento, no es la primera vez que levantaba con orgullo las banderas de su provincia, ni que sobresalía con su propuesta, ni dejaba el corazón en su obra, ni se mostraba firme en un escenario desafiante. Todo eso convive en el universo Almendra de manera casi cotidiana desde hace tiempo, porque si hay algo que siempre supo esta joven neuquina de 34 años es quién es, junto a quiénes es, adónde pertenece y hacia dónde quiere ir.

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Además de ser Diseñadora de Indumentaria, muralista y crear una de las marcas de diseño más relevantes de la región, Micsi consigue grabar un sentido en todos sus procesos creativos. Quizá por eso a tantas personas les encanta usar sus prendas. Micsi es la que consigue mixturar en un desfile de moda la propuesta de cámara del grupo Estepa con diseños frescos y urbanos. Micsi es la que cuando crea, nos invita a que podamos reafirmarnos en nuestra identidad.

Dibuja desde que es muy niña. Durante años, esa fue su forma de comunicarse, el refugio donde esconderse con su timidez. Cuando estaba sola en su casa, jugaba a ser artista y desplegaba temperas y pinceles buscando decir algo con los colores. Un día, una maestra de Ciencias Naturales pidió como tarea representar un ecosistema. Micsi hizo un dibujo lleno de detalles, pero lo que más la obsesionó fue cómo vestir a las personas que eran parte de su obra.

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De esa época también viene su amor por el Neuquén profundo, que se fue forjando entre las tardes de juego en la barda y las vacaciones de verano en Tierras Blancas, el lugar de donde vienen los Almendra. Ahí conoció muy de cerca las veranadas, las huertas y la costa del Nahueve. Y también a su tía abuela Laura Almendra, la mítica cantora campesina, tan querida por el norte neuquino y a la que muchos años después inmortalizó en uno de los murales del primer Museo a Cielo Abierto de la ciudad.

“Soy muy observadora. Yo mientras estoy sentada voy mirando, grabando, imaginando. De esa época tengo recuerdos muy visuales: muchos paisajes, la casa de barro de Laura, los animales. Se me mezclan los recuerdos con la familia chilena, porque los parientes de mi mamá estaban en la misma zona, solo que del otro lado de la cordillera”, dice.

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Más tarde, de adolescente, tenía un cuaderno donde iba dibujando remeras, buzos y vestidos. Después les pedía a sus amigas que eligieran un modelo o le dijeran como se imaginaban la prenda ideal, como si se tratara de un catálogo. En esas épocas también miraba muy seguido Fashion TV y le encantaba ese personaje que salía a saludar cuando concluían los desfiles.

Cuando empezó a estudiar Diseño de Indumentaria en la UBA, todos esos fragmentos que estaban separados comenzaron a unirse. Cada materia se convirtió en una herramienta muy valiosa. Con el dibujo técnico volvió a conectarse con el arte, a sentirse más segura y a incorporar los conocimientos que le permitieron pasar de “esconder sus dibujos a plasmarlos en paredes gigantes”. En el diseño, la facultad la hizo adquirir profesionalismo. "La universidad me reafirmó en esa dualidad que soy: la Micsi artista y la Micsi diseñadora. Me llevó a entender que no siempre hay que mirar hacia afuera, sino hacia adentro. Ante cada diseño empecé a preguntarme de qué podía hablar y no dudé en volver a la Micsi niña, a los paisajes de la infancia", expresa.

Cuando terminó de estudiar, rindió la tesis con 10 y al otro día partió rumbo a Neuquén a empezar un nuevo camino. Recuerda: “Siempre fui muy exigente, supongo que eso lo heredé de mi mamá. Ella siempre quiso que yo tuviera una carrera, la que ella no pudo pagar en la educación chilena. La verdad que estoy muy agradecida, porque sin la educación pública y gratuita yo no hubiese llegado hasta acá”.

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Las prendas y los diseños de Micsi presentes en Argentina Fashion Week.

Almendra Studio

En Buenos Aires, Micsi trabajó para varias marcas. Cuanto más reconocidas fueran, sentía que más crecía. Pero un día eso se rompió. Había olvidado enviar una caja de botones con el flete que iba a la fábrica de jeans. Así que ella misma fue hasta La Matanza a llevarla. Golpeó la puerta del taller con el que hablaba todos los días, quería conocer dónde se confeccionaban los diseños que ella realizaba. Pero sólo se abrió una ventana mínima, desde donde una voz sin rostro le pidió que entregara el envío y luego se cerró con violencia. “Ahí me dije a mi misma: la moda no me gusta más. Es horrible la explotación, es inhumana. No puedo con esto”.

Volver a Neuquén no sólo implicó empezar de nuevo, sino el desafío de repensarse y construir desde otro lugar. El sur la recibió con una buena experiencia, que fue llegar a la última instancia de un concurso de Vitnik, la marca cordobesa de ropa deportiva, donde tuvo la oportunidad de representar a Neuquén por primera vez, pero también de encontrarse con otras formas de producción muy alejadas del horror de la clandestinidad.

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Poco tiempo más tarde, participó con sus diseños de un desfile en el Centro Cultural Cipolletti que organizaba Saha Bueti con La Mala Productora. Y ahí descubrió que en Neuquén había un mundo de modelos, fotógrafos, maquilladores que estaban “medio sueltos, perdidos y que se necesitaban entre sí”. “Ahí me dije: hay una comunidad para potenciar. Y fui por eso”, relata.

Después vino la pandemia y junto a unas amigas encararon “Barbijos Neuquén”, una apuesta absolutamente coyuntural, pero que implicó entender que podía crear un producto rentable, efectivo, transitar la pandemia y generar una base para iniciar su propia marca. En 2021 hizo una compra fuerte de telas para hacer sus remeras y buzos y no paró nunca más.

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“Cuando pensamos en comunidad, pensamos en lo que otros necesitan. En lo posible del intercambio, de ayudarnos. Neuquén a través de las experiencias que me presentó, me permitió ver que se puede crear con conciencia, con humanidad, se puede hacer distinto. Hacer con amor, vinculando desde el respeto el trabajo de todos. Somos muchas ovejitas perdidas que podemos nuclearnos en este gran espacio que es la moda”, explica.

Almendra Studio es una marca, pero también es un concepto, es la posibilidad de producir sin dejar de mirar el escenario completo. Por eso cuando Micsi habla de ello, no puede dejar de nombrar el proyecto fílmico Clandestina; el desfile de tecnología y moda Henebra; los muy under Hidra del teatro Deriva; la experiencia de ser vestuarista de artistas neuquinos como Giro Angula o Roche Carbajo; la producción colaborativa de su primer desfile; los paisajes neuquinos que plasma a pinceladas sobre el lienzo de sus prendas.

Dibujar, vestir a las personas, crear para las personas, compartir con sus pares, la infancia, la educación pública, el norte neuquino, la barda, la música, honrar las tradiciones de la familia, buscar sinónimos: todo se conjuga y danza en lo que en apariencia es una marca. Su proyecto es en definitiva el resultado de un proceso en permanente construcción.

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Valorar lo nuestro

Un grupo de niñas y niños están frente al gran mural que Micsi pintó en el Recinto Histórico de Casa de las Leyes. Uno dice: “Mirá, seño, ahí están los taquígrafos”. Otro pregunta: “¿Esas figuras que tienen la pincelada de color eran las mujeres?”. Micsi nunca imaginó que los dibujos que tímidamente guardaba en el cajón iban a contar una historia tan valiosa, como la de ese primer pantallazo de la historia democrática de la provincia.

“La primera vez que pinté un mural fue en CCL”, recuerda. La invitación llegó a través de Pabla Arias y Mauro Ramírez. Esa posibilidad le implicó redimensionar todo lo vivido, pero también de encontrarse comunicando con oficio. “Siempre digo que como artista soy muy diseñadora. Necesito realizar una investigación previa. Voy pintando por capas lo ya boceteado, como si lo hiciera con Photoshop”, explica Micsi. Y si bien sus murales están provistos de una técnica exquisita, tienen algo que conmueve, que subyuga, que permiten ver lo que ella misma confiesa: “Cada mural que pinté me llevó a enamorarme de esa historia, que de alguna forma también es la nuestra”.

Micsi está convencida de que si pudiésemos dimensionar lo que somos, seríamos mucho más fuertes: "Me acuerdo cuando en Buenos Aires me preguntaban si yo venía del interior. Me lo preguntaban a mí y a alguien de Tucumán con la misma facilidad. El interior es un territorio tan inmenso. Yo pensaba: “esta gente de dónde se cree que es ¿ellos serán del exterior? Lo real es que somos todos argentinos, que tenemos un potencial inmenso y que debemos despojarnos de esa otra mirada y ponerlo en valor. Yo quiero que Neuquén pueda percibirse así, quiero llevar su nombre a lo más alto".

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En esa revalorización de lo nuestro es que Micsi elige trabajar con lana y volcarla a sus diseños. Pero también es una metáfora de cómo piensa su arte y sus procesos creativos: "La lana es volver al campo, a un trabajo hecho con amor y cuidado por los animales, por la tierra. La cadena de producción de la lana es hermosa. Ojalá todos estuviésemos más atentos a los oficios familiares, dejáramos de mirar el celular y aprendiéramos esa maravilla que nos brinda la vida, la tradición. Cuando los extranjeros encuentran un tejido con nuestras lanas pagan fortunas. Nosotros muchas veces lo rechazamos. Tenemos que aprender a valorar lo nuestro. Yo sueño con que Neuquén pueda hacerlo, visibilizar su increíble potencial y algún día, a partir de ello, convertirse en un polo industrial de la moda".

Con esfuerzo, persistencia y sin dejar jamás de reconocerse, Micsi crea. También propone, define y transforma. Micsi se anima a lo impensado y le pone raíz a la moda. Es casi imposible no entusiasmarse y seguirla en ese desafío, en el que también se puede disfrutar de sus murales, vestir sus prendas y contagiarse un poco del orgullo de ser Neuquén.

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