{# #} {# #}

ver más

La historia del mozo del ACA que atendió a Alfonsín y a Favaloro

A seis meses de jubilarse, Vicente Páez recordó perlitas de su larga trayectoria de 40 años en el tradicional restaurante cipoleño.

A punto de dar vuelta la página y dejar atrás -literalmente- toda una vida. De un día para otro, los detalles cotidianos que fueron replicándose con sus particularidades diarias y distintos contextos de época, dejarán de colarse en la rutina de Vicente Páez.

Más de 40 años dejando su huella entre las mesas del restaurante del Automóvil Club Argentino de Cipolletti, entre los compañeros que se sumaron y se fueron, que aprendieron de él y que lo vieron seguir más allá de los recambios generacionales. En un rubro donde el salto de un trabajo a otro está a la orden del día, él permaneció en ese espacio estoico, haciendo más agradable desayunos, almuerzos, cenas y meriendas de locales y foráneos; viejos conocidos y asiduos clientes que no pierden la ocasión para agradecer su hospitalidad en esas paradas obligadas, rumbo a la cordillera.

"Ya queda poquito, seis meses más si Dios quiere", desliza Vicente con tono calmo y la sabiduría de quien saborea cada paso. "Muchos me preguntan qué voy a hacer cuando me jubile y les digo que lo primero que quiero hacer es descansar, más allá de que tengo algunos proyectos en mente para más adelante, un emprendimiento con mis hermanos que también son viejos gastronómicos y están jubilados. Pero no pienso en eso ahora".

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (11).JPG

La historia de este mozo de pura cepa comenzó hace 64 años en paraje Tapiluque del centro de Río Negro, a unos 427 kilómetros de Neuquén y unos 46 kilómetros de la Ministro Ramos Mexía, por la ruta 66. "Soy de la Línea Sur, bien sureño, bien paisano", sentenció con orgullo antes de comentar que su padre era encargado de estancia y que, al igual que los mayores de sus doce hermanos, se instaló en Cipolletti para forjar su futuro a los 16 años "porque en el campo, donde vivíamos, no había escuela ni nada".

En el Alto Valle se instaló en la vivienda que había logrado conseguir su hermana mayor, Gladis. "Pobrecita, ella fue el motor para que nosotros pudiéramos salir adelante", deslizó, en diálogo con LMN, al recordar los primeros tiempos en la ciudad donde pudo hacer la escuela primaria de noche, mientras -de día- trabajaba como cadete en una librería.

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (7).JPG

Luego de ganar experiencia con tras changas, a los 18 años se inició en el rubro gastronómico de la mano de sus tíos, Juana y Santo Iriarte, en la célebre parrilla El Bagual, ubicada en Roca 231. "Empecé como ayudante, barriendo veredas. Después empecé a atender la mesas. Conozco a muchos clientes de esa época", destacó.

"Ahí estuve un tiempo, después hice varias changas, trabajé en un parador y en el 82' ingresé al ACA. Mi hermano mayor ya estaba trabajando ahí. Mi idea en ese momento era hacer una temporada en Mar del Plata, pero ya estaba en pareja y con dos nenes, así que opté por quedarme y salió esta oportunidad", recordó.

El recuerdo con dos íconos argentinos

A lo largo de cuatro décadas, Vicente se nutrió de diferentes experiencias. Además de servir las mesas, se convirtió en un gran líbero, capaz de cubrir puestos cuando era necesario. "Me faltó ser cocinero o jardinero", exclamó con humor, luego de acordarse de sus tiempos como sereno y los momentos en que ofició de sandwichero, cafetero, entre otros roles.

Rechazó una propuesta laboral para formar parte del equipo del Hotel Correntoso, en la paradisíaca Villa La Angostura, para permanecer junto a a su familia. El día a día en el ACA lo compensó con una clientela amiga, anécdotas de todo tipo y numerosas visitas inesperadas de artistas de gran popularidad y personajes que Vicente no olvidará en la vida.

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (9).JPG

En 1986 se sintió honrado de poder atender al mismo presidente de la Nación, Raúl Alfonsín, en su paso por la localidad para colocar la piedra fundamental de lo que fue la sede de Hidronor, en el barrio Mariano Moreno, a pocos metros de la ruta 22 y Toschi.

El enorme despliegue de la comitiva tomó por sorpresa a Vicente y su hermano Jacinto, con quién tuvo el gusto de compartir 36 años de trabajo en el ACA. "Impresionante la cantidad de gente, guardias por todos lados. Todos alrededor del hotel y nosotros trabajando adentro Yo lo saludé y me saqué una foto que tengo guardadita. Nos felicitó, nos saludó, un tipo muy preparado, muy honesto", remarcó.

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (12).JPG

Otra visita que lo dejó boquiabierta, unos cuatro años después fue la de René Favaloro, el cardiocirujano, reconocido mundialmente por haber desarrollado el bypass coronario con empleo de la vena safena magna y por hacer escuela con la fundación que lleva como nombre su apellido. "El doctor estaba de paso, iba a Bariloche con una familia muy grande. Creo que eran unas 19 personas. Al principio no lo reconocí, un señor me avisó que estaba. Tuve el placer de atenderlo y de intercambiar unas palabras. No pude sacar fotos porque no tenía con qué y además era un lío de gente", recordó.

Un clásico familiar

"El ACA siempre tuvo mucho movimiento con personas de acá y turistas. Un ambiente muy familiar. La carta muy amplia, con platos elaborados de buena calidad. Nunca bajó la calidad", resaltó Vicente, al hablar de la vigencia del clásico cipoleño.

"Lo más importante es la atención, nosotros siempre buscamos que se vayan conformes, que sea lo más agradable posible", subrayó sin poder evitar hacer referencia a los cambios con los que no se siente muy cómodo.

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (4).JPG

Fundamentalista del moño y la vestimenta característica de su oficio, Vicente extraña los tiempos en los que memorizaba la comanda y se siente ajeno a la informalidad que prevalece en estos días, en los que los mozos perdieron el ritual de servir la comida en cada mesa (con el auge de los emplatados) y en los que -en muchos lugares- los pedidos se hacer a través del celular con una carta digital.

"Yo siempre trabajé con el moñito y voy a morir con el moñito. Solo me lo voy a sacar el día que me jubile. Creo que somos el único lugar en el que conservamos el uniforme. En un momento lo quisieron cambiar y con otros compañeros lo resistimos. Querían que usemos remera", contó con orgullo.

Vicente Paez- Mozo del ACA Cipolletti (1).JPG

"Tengo mucha gente conocida que me quiere mucho, gracias a ellos estoy donde estoy. Uno de los clientes, que vive en Buenos Aires, siempre me dice que tengo un don que nadie tiene. No sé si será cierto, yo siempre fui así, amable, sociable. Nunca cambié. Estos laburos son muy estresantes también, así que se juega la paciencia que uno tiene", dijo para luego que toda su vida actuó cuidando a los clientes, porque como dice el lema, "siempre tienen la razón". "Son los que nos dan de comer, si no los atendemos bien, no van a volver", agregó.

Siempre fui respetado, siempre respeté a los demás. Les explico a los jóvenes. El que quiera aprender que aprenda y el que no, no. Conmigo sucedió así, cuando era joven. Tuve un patrón muy bueno que me enseñó mucho. Gracias a este trabajo pude criar a mis seis hijos. Estoy agradecido a mis jefes, a mis compañeros de trabajo y mi familia que me apoyaron siempre", concluyó.

Te puede interesar