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La neuquina que busca abrirse camino con su arte en Praga

Victoria Zeman contó cómo logró instalarse en la ciudad de sus sueños donde aspira seguir creciendo como artista.

"El día que conozcas Praga no vas a querer volver, te vas enamorar". Es el día de hoy que Victoria Zeman no sabe si esas palabras -que quedaron resonando en su interior y que se hicieron carne hace unos años- las escuchó de boca de su padre o de su abuelo. Por el momento, apuesta que son de su abuelo, ese que durante toda su infancia no paró de contagiarle su amor por el terruño, a fuerza de fotos.

Tuvieron que pasar más de 20 años para que esa premonición se hiciera realidad. En medio de una eclosión emocional y con el afán de cerrar el capítulo de un trabajo agobiante, Victoria hizo un bolso y recordó el llamado de República Checa.

"Fue tal cual. Conocí Praga y me enamoré completamente. No sé qué fue lo que más me flasheó. Tiene una historia y una arquitectura muy zarpada y potente. Creo que más que nada fue cómo me sentí. Viajé sola y me sentí como en mi casa desde el primer día. Yo fui con un inglés muy primitivo y, por más que no me entendiera mucho, la gente me ayudaba. Son muy hospitalarios. Todo fluyó de la mejor manera", señaló la artista neuquina de 31 años -en diálogo con LMNeuquén-, desde la Ciudad de las Cien Torres, que hace unos meses comenzó a ser su hogar.

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El camino desde ese primer flechazo a este tercer arribo no fue fácil. Implicó un proceso de crecimiento interior en el que no estuvieron exentas las dudas, la incertidumbre y la tristeza propia de estar en una permanente búsqueda, sin dar en la tecla. También el dolor por la partida de su abuelo a un día de regresar a Neuquén, en 2018, tras su segundo viaje de tres meses. "Con mi familia creemos que estaba esperándome a mí para irse", esgrimió al hablar del golpe que implicó esa inesperada partida que no hizo más que profundizar sus ganas de volver a Praga.

En la mochila para abrirse paso en Europa, Victoria empacó esa rica experiencia, un enorme bagaje de conocimientos en artes visuales y letras que cosechó por la vía académica y en forma amateur, y cinco obras en telas creadas en la soledad neuquina. El empuje y las ganas de construir un futuro en la ciudad de sus sueños le salían por los poros.

Sin títulos, pero conectada con su deseo

"No sé si el arte se elige tanto, es algo que no podría ser de otra manera". Victoria no tiene títulos. Sí está cargada de experiencias. De los años que cursó Letras, Artes Visuales y Corrección de Texto se quedó con lo mejor: las bases técnicas y teóricas y el impulso para construir en libertad su propio camino.

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"Yo escribo desde que soy chica. Mi mamá aún tiene varios poemas míos que hablan del cuidado de medio ambiente y la protección de la naturaleza. Cuando estudiaba letras, pasaba mucho tiempo escribiendo. De hecho, casi no iba a clases. Prefería quedarme en un bar escribiendo. Ahí empecé a darme cuenta de que algo me estaba pasando y al tiempito decidí dejar. La mayoría de la gente que estudia letras termina haciendo docencia. Eso nunca me motivó a mí. Por eso creo que terminé dejando las carreras. La academia, por lo menos en el Alto Valle, no te empuja a que busques tu camino artístico. Está como subestimado, se piensa que no es para todos, que llegan muy pocos", comentó.

"Aunque escribía mucho, en esa época no me consideraba buena en lo que hacía. Me costaba mucho mostrarlo. Me invitaron a infinidad de eventos para ir a leer, pero no iba. Era súper tímida, me daba pánico el encuentro con el receptor de mi obra", recordó.

Con lo visual fue distinto, me encontró parada en forma distinta, con algunas seguridades que te da el transitar la vida misma, De todas maneras, hasta hace poco, nunca me di mucha importancia como artista. Me costaba tomar la tomar la decisión de decir: 'Esto es lo que voy a hacer y me lo voy a tomar enserio'. El camino fue muy largo, implicó frustraciones. Por momentos decía: 'tengo que hacer una vida normal, de oficina, tener un trabajo más normal'. Fueron muchas idas y vueltas", sintetizó luego de mencionar sus numerosos trabajos como camarera en bares, su particular emprendimiento de venta de libros, seleccionados como una suerte de curaduría, los eventos de literatura y poesía que organizaba en el Teatro del Viento, y la publicación Flores Rotas, de su libro de poemas recopilados en San Martín de los Andes, entre otras iniciativas.

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La pandemia de coronavirus implicó un nuevo y sustancial quiebre en la vida de Victoria. El aislamiento la conectó con la pintura. "Necesitaba tener el pincel en la mano y sentir el movimiento en el lienzo. Me conecté nuevamente con lo académico, con la técnica, sin perder mi libertad en mis formas. De repente fui encontrando mi estilo y lo que quería comunicar. Y de esa manera me fui fascinando por lo visual", manifestó, para luego destacar el mayor aporte de esa faceta artística que empezaba a cuajar en ella. A diferencia de la palabra, que la restringía con el idioma, el lenguaje universal de la pintura derribaba las fronteras y se convertía en el pasaporte para la ciudad de sus sueños.

"Fue así como empecé a tomármelo enserio. Encerrada en mi casa en pandemia, cuando no había mucho para hacer. Después comencé a subir lo que hacía a Instagram. Súper insegura. Subía cosas y luego pensaba: '¿cómo estoy mostrando esto?'", recordó sobre las primeras creaciones en tela con acrílicos y carbonillas, siempre en color negro.

Dos años después de ideas y venidas y un raid burocrático para conseguir pasajes y la visa, Victoria se reencontró con su ciudad amada a principios de septiembre. "Aún estoy tratando de acomodarme. Es un poco caótico toco acá. Conseguir alojamiento es difícil porque con el tema de la guerra hay muchos refugiados. Por suerte acabo de encontrar alquiler, comparto un departamento grande con tres varones. Acá la gente es muy respetuosa con tus espacios, cocinan y dejan todo limpio, fluye todo muy bien", contó del otro lado de Whatsapp.

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Mientras hace malabares con los horarios para mantener sus trabajos remotos en Neuquén, Victoria recorre galerías de arte mostrando su obra, con la idea de conseguir un espacio de exposición. "Acá son cinco horas más que allá, así que me quedo hasta las cinco de la mañana trabajando. Eso me trastorna un poco porque soy una persona de la mañana y no duermo hasta el mediodía. Estoy durmiendo cuatro horas", indicó sin perder la alegría y el entusiasmo: está donde quiere estar.

De la inflación que horroriza a los checos, se ríe. "En comparación con lo que vivimos en Argentina, no es nada", señaló entre risas, antes de describir algunos paisajes y escenas que contrastan con la idiosincrasia local. "Este es un país cervecero por excelencia. Está plagado de cervecerías y la gente toma cerveza desde la mañana, como si fuera mate. Acá es algo muy normal, hasta en las reuniones de trabajo. Al igual que en Neuquén, tienen tolerancia cero con el alcohol, pero el sistema de transporte público es muy bueno. La mayoría de la gente no anda en auto, lo usan para irse a los alrededores el fin de semana", contó.

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"También les gusta muchos los deportes, andan mucho en bicicleta y son muy fanáticos de los hongos, tienen hasta aplicaciones de teléfono para buscarlos", agregó.

Respecto a la recepción que está teniendo en Praga, Victoria expresó: "Estoy en contacto con muchos artistas ucranianos. Acá le dedican tiempo, espacio e importancia al arte. Hay muchos bares y cafés en los que se exhiben obras, además de las salas, que hay muchas, incluso pequeñas. Muchos se sorprenden de verme acá, no están acostumbrados a ver a argentinos. Yo todo lo que quiero es mostrar mi obra, de las formas que vayan surgiendo", concluyó.

Exposición en la sala Saraco

El próximo 25 de noviembre, una selección de las creaciones de Victoria Zeman van a formar parte de una muestra en la Sala de Arte Emilio Saraco. "Es una muestra conjunta con Germán Galván. Nuestras obras están en sintonía, él también trabaja con carbonilla. Ganamos una convocatoria y, aunque no voy a poder estar personalmente, se van a mostrar unas 19 obras mías", anticipó la neuquina desde Praga.

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