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La transición: vislumbre de lo que viene

Rolando Figueroa y Omar Gutiérrez sentaron las bases para una transición armomica en un país turbulento.

Se sentaron las bases de una transición inédita en Neuquén y que simbólicamente podría estar ya sellando un cambio de época que, sin embargo, tiene como intérpretes a dirigentes que no evidencian la disposición a precipitar rupturas drásticas en los modos de ejercer los liderazgos.

Más bien todo lo contrario, el gobernador electo parece querer configurar una hoja de ruta en la cual, en el primer tramo, se apoyará, como el propio Rolando Figueroa lo admitió, en la experiencia que le pueda aportar su antecesor, especialmente en la cuestión energética donde los actores del sector encontraron en Omar Gutiérrez ciertas garantías de previsibilidad, o seguridad jurídica como ambos dirigentes subrayaron este viernes.

También parece poco probable advertir en el frenético devenir de Argentina sorpresas alocadas en lo que a Vaca Muerta concierne, puesto que en este punto los hasta ahora precandidatos a la Presidencia no osarían atentar contra los avances conseguidos.

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Figueroa, con su elección ya ganada, podría dar a Neuquén ciertas garantías de que no se moverá del camino trazado por la gestión saliente. Eso no es poco para quienes tienen que decidir inversiones en un escenario macroeconómico pasado de estrés.

En el mientras tanto, la transición podría avanzar en temas domésticos donde sobresalen las carencias que todos los candidatos advirtieron: vivienda, pobreza, seguridad, servicios públicos (el contrato de concesión del EPAS en la ciudad, uno de los asuntos más calientes a resolver con el reelecto Mariano Gaido ya que el proyecto duerme en el Deliberante) y educación, donde la previsibilidad salarial no es sinónimo de despejar los nubarrones de un sistema que demanda un esfuerzo y atención continuos.

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