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Ley Bases: las fuerzas del cielo y su anclaje en Neuquén

De efectivizarse el nombramiento de embajadora de Lucila Crexell, el cambio cultural propuesto por Javier Milei quedaría bajo la lupa.

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La noche del miércoles pasado se presentó una de esas situaciones parlamentarias que son totalmente excepcionales. Por segunda vez en la historia de la democracia argentina, una importante ley, capaz de cambiar por si misma el curso de la economía, obtuvo un empate en la cámara de senadores y por segunda vez en la historia, la responsabilidad de desempatar, cayó sobre la figura del vicepresidente.

A diferencia de Julio Cobos que, en el año 2008, con su voto “no positivo” traicionó a su propio Gobierno, desatando una crisis política sin precedentes, en esta oportunidad Victoria Villarruel, votó afirmativamente por la Ley Bases, mostrando que el núcleo duro de la Libertad Avanza de Javier Milei se mantiene intacto, al menos desde lo ideológico.

El futuro dirá si la ley logró liberalizar los mercados e impulsar la economía hacia adelante con más velocidad, tal como pronostican sus mentores. Todos opinan con asertividad al respecto, pero verdaderamente nadie sabe que destino nos depara.

Solo se sabe, con la acumulación de muchos diarios del lunes, que el modelo que sostuvo Argentina las últimas décadas fue un total fracaso y lo que se votó esta semana, para bien o para mal, es el cambio que eligió la mayoría de los argentinos en el 2023.

La imagen de Javier Milei

Sin dudas que el mal recuerdo del pasado es uno de los componentes esenciales que permiten que, a pesar de que se está produciendo el ajuste mas profundo y veloz de la historia argentina, la popularidad de Javier Milei se mantenga intacta a inicios del segundo semestre del gobierno.

Pero también hay dos variables fundamentales, la económica y la moral, que hoy presentan matices claros y oscuros, cuyo desarrollo será determinante en las decisiones electorales que los argentinos tomen el próximo año.

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Javier Milei en la cumbre del G7.

En el plano económico, Javier Milei sostiene como principal trofeo, el abrupto descenso de la inflación en Argentina. Desde un 25 por ciento y en ascenso a un 4% y en descenso, cumpliendo así con su principal promesa de campaña.

Sin embargo, bajar el gasto público de manera repentina y no gradual, tuvo como consecuencias la pérdida del poder adquisitivo, el aumento de la pobreza y una fuerte retracción del PBI.

Según el Gobierno, lo peor ya ha pasado y en el segundo semestre, la actividad económica debería “rebotar” y empezar a dar claras señales de recuperación de la actividad y del salario real.

Javier Milei sostiene que el nuevo orden macroeconómico, atraerá a inversionistas de todo el planeta. Para ello, el presidente, se encuentra de gira permanente por los principales países occidentales y desarrollados, reuniéndose con primeros ministros y CEOs de las principales empresas tecnológicas.

¿Terminará esta expectativa, como la fracasada “lluvia de inversiones” que prometió Mauricio Macri en el 2015, o logrará que empresarios como Mark Zuckerberg y Elon Musk apuesten por Argentina?

Mantener la distancia con la "casta política"

El otro gran desafío que tiene Javier Milei, para mantener la conexión con su electorado, que a pesar de la zozobra económica confía en él, es sostener en su palabra y en su accionar, la conducta moral que lo ha diferenciado de la “casta política”.

Milei ha dado acabadas señales de un impecable comportamiento individual habiendo realizado como líder del Ejecutivo un fuerte ajuste en los ministerios, eliminado la pauta oficial, congelado su propio salario y el de su gabinete, renunciando a su jubilación de privilegio, y criticando con fuerza los aumentos que los legisladores se otorgaron gracias a la autonomía que la división de poderes les confiere.

Además, en lo institucional, se ha peleado con cada gobernador y legislador que le ha presentado batalla como herramienta de negociación, en el afán de demostrar que él, no entra en el juego de la política.

Sin embargo, pareciera que esa conexión que Milei sostiene con su electorado está en riesgo, debido al sacrificio moral que se sospecha, el gobierno ha realizado para lograr la aprobación de su Ley Bases.

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El otorgamiento de la recomendación de la senadora neuquina Lucila Crexell como embajadora ante la UNESCO en París, 24 horas antes de la épica votación, supone un acto de corrupción grave, sobre el cual ya pesan dos denuncias en la justicia criminal y correccional federal por cohecho.

Bajo esta figura se resume el acto de recibir regalos, dinero o favores, para en el desempeño de la función pública, otorgar un favor “especial” a cambio.

Y vaya si el favor habría sido especial, considerando que gracias al repentino cambio de parecer de la senadora, que hace dos meses criticaba apasionadamente a Milei y a la Ley Bases, el Gobierno logró estabilizarse políticamente.

Una derrota en el Senado hubiera supuesto un sismo en las bases políticas del nuevo gobierno.

De efectivizarse el otorgamiento de la ostentosa embajada en París a Lucila Crexell, el cambio cultural propuesto por Javier Milei quedaría bajo la lupa y su relación dialéctica con el núcleo duro libertario podría debilitarse.

¿Serán las fuerzas del cielo capaces de perdonar a Javier Milei, haberse alimentado de la manzana prohibida?

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