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Los niños y las niñas no mienten

Los abusos sexuales y la pedofilia son delitos aberrantes. Hay que escuchar a las víctimas y, fundamentalmente, creerles.

Durante las últimas semanas tomaron estado público distintas causas penales en las que los imputados por delitos de abuso sexual y trata de niños con fines de explotación sexual son personas famosas.

Es importante resaltar que hasta los 18 años los niños y niñas se encuentran protegidos por los derechos que surgen de la Convención de los Derechos del Niño, y en el caso de la Provincia del Neuquén, por la Ley 2302.

Entre los numerosos derechos que se consagran se encuentra el derecho a ser oído, que tiene como contra partida, la obligación de las personas adultas de creerles cuando logran hablar, y de actuar en consecuencia. Los niños y niñas no mienten.

No están preparados física, psicológica, ni emocionalmente para sufrir un abuso sexual, y las consecuencias de ello, las acarrean a lo largo de su vida. Las víctimas sufren un daño irreparable a su integridad física, psíquica y moral.

El diseñador de ropa Roberto Piazza justificó los abusos sexuales a niños y niñas, para los casos de que fueran una “calentura momentánea”. Esto es aberrante. Los abusos sexuales de niños y niñas son delitos sumamente graves y nada los justifica; es una de las peores formas de violencia.

El conductor de televisión Roberto Funes Ugarte naturalizó los abusos sexuales a niños diciendo que “es un tema que pertenece a la vida privada”. Se equivoca. No es privado abusar de niños y niñas; es un delito muy grave.

Para abusar de niños y niñas, además de la fuerza física, los perpetradores emplean tácticas de persuasión, manipulación, juegos, engaños, amenazas, y diversas formas de coacción.

Poseer y distribuir fotografías o videos de explotación sexual de niños y niñas, es un delito.

Los niños y niñas no son mercancías, son personas vulnerables, sujetos de derechos, que deben ser respetados y protegidos. Tienen una protección especial, el interés superior del niño.

Asimismo, la psicóloga Celia Antonini, manifestó públicamente en un programa de televisión que “la pedofilia era una orientación sexual”, sin embargo, no lo es. Ningún adulto puede, ni debe mantener relaciones sexuales con un niño o niña. Reitero: eso es un delito, un abuso sexual.

El dato más grave y perturbador es que los delitos de abusos sexuales contra niños y niñas, aumentan en forma exponencial, año a año, generalmente los comete un familiar, o persona de confianza de la familia.

El estado y la sociedad tienen una importante deuda con las infancias vulneradas. La principal herramienta para prevenir el delito, para ayudarlos y protegerlos es la Educación Sexual Integral, para que conozcan sus derechos, puedan defenderse y denunciar.

(*) Jueza Penal de Niños, Niñas y Adolescentes de Neuquén. Magister en derecho penal (Universidad Austral)

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