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Este matrimonio, en la década del ‘40 se conocieron en Lagunita Salada, localidad de Río Negro, y nunca más se separaron: en las buenas y en las malas, siempre juntos.
Forman parte de la cofradía de maestros integrantes de las “oleadas pedagógicas”, que venían a ejercer a estas inhóspitas tierras. Con su trabajo demostraron que eran maestros de verdad, con mayúsculas: un canto a la enseñanza. Compartieron la voluntad de educar a los niños con la certeza de ser útiles para desenvolverse en este mundo en el espacio que a cada uno le toca vivir.
Haydee es descendiente de don Tránsito Álvarez, uno de los primeros pobladores del territorio neuquino.
El periódico Neuquenia “del Neuquén, por el Neuquén, para la patria” de fecha abril y mayo de 1954, realizaba los siguientes comentarios con motivo del cincuentenario de la ciudad:
De la historia de Neuquén: Tránsito Álvarez.
“Con motivo del cincuentenario de la capital neuquina se busca recopilar los hechos históricos del Neuquén, así como la actuación de los primeros expedicionarios.
En 1880, entre los mendocinos que periódicamente arribaban a Chos Malal, vino don Tránsito, como popularmente se lo llamaba. Era oriundo de San Carlos, el más antiguo fuerte sureño de la provincia de Mendoza, A los 28 años, tenía ya una nutrida foja de actuación en su provincia.
Había llegado a ser jefe político en el mencionado departamento”.
Don Juan Máximo nació en Viedma, era hijo de Máximo Domínguez, argentino y estanciero, y de Victoria F.C. de Domínguez, argentina, había llegado de la capital rionegrina. Haydee de Barrancas, en el norte neuquino. Como ya dijimos, en Lagunita Salada, un paraje recóndito de Río Negro, sellarían su destino: era 1940 cuando dieron el “sí” en el altar.
Al año siguiente, el matrimonio fue trasladado a la escuela N° 44 de Santo Tomás, pequeña localidad del Neuquén ubicada a cuarenta kilómetros de Piedra del Águila. Desde Neuquén se tardaba ocho horas en llegar por caminos de tierra y por huellas. Eso, cuando se conseguía transporte.
Maestros multifunciones
Juan Máximo fue director, maestro, enfermero, árbitro y juez, siempre dispuesto a cumplir los roles que los vecinos necesitaran.
Haydee fue maestra, esposa, madre y consejera de niños y grandes que alguna vez golpearon la puerta de la escuela.
Dura vida
La vida en el interior de la provincia no era nada fácil. La población del paraje se abastecía de agua por molino de viento, cuando funcionaba. Si no, extraían el agua de forma manual de los pozos o aljibes. La cocina era a leña, la madera era obtenida de una forma inusual: desenterraban raíces de algarrobo y las cortaban con hachas. Las provisiones llegaban mensualmente por intermedio de Don Etcheleiner, el camionero que efectuaba el recorrido de la zona. Las comunicaciones se hacían vía telégrafo desde un puesto de Gendarmería ubicado a dos kilómetros del pueblo.
Un taxista con todas las letras
En tiempos de vacaciones, la familia (don Máximo, doña Haydee y sus tres hijos) llamaba a un taxi de Neuquén para que fuera a buscarlos: el taxista era don Francisco Jurado, un profesional con mayúsculas, que dejaba todo compromiso de lado para ir a traer a los maestros y sus hijos a veranear a la capital neuquina.
La familia
Haydee y Juan Máximo tuvieron tres hijos: uno nacido en Lagunita Salada, Carlos, otro en Buenos Aires, Maco, y el último, Nelson, en Neuquén, donde Haydee fue atendida por los doctores Enrique Benedetti y Claudio Robiglio.
Traslados
En tierras yermas debieron soportar dificultades de toda índole y hasta problemas de salud, difíciles de sobrellevar, pero después de diez años llegaría el alivio. Fueron designados director y maestra en la escuela N° 22 de Plaza Huincul, que en aquella época era una importante escuela del territorio. Allí estuvieron por cuatro años, hasta que en 1955 las autoridades de la llamada Revolución Libertadora decidieron su traslado a la escuela N° 57, de Kilca. Otra vez a enfrentar climas hostiles en invierno. La escuela permanecía abierta en el período septiembre-mayo, no había comunicaciones, se entraba a caballo a Cochico después de recorrer tres leguas. No obstante, las privaciones y adversidades, el paisaje circundante rebosaba de belleza y de tranquilidad, y la bonanza de la gente era insuperable.
A pesar de todo, estos maestros, que ya no eran jóvenes, ponían el alma para cumplir sus labores de docentes.
Cuando los hijos crecieron, fueron a estudiar el secundario a Neuquén y a Buenos Aires. Felizmente, en 1959, Haydee y Juan Máximo fueron trasladados a la capital: él como director de la escuela N° 2, y ella como directora de la escuela N° 61.
Juan Cepillo, inspector de escuelas
Juan Máximo, cuyo apodo, ya dijimos, era Juan Cepillo, cumplió funciones de director de la vieja escuela N °2 durante cinco años. Luego fue nombrado inspector de escuelas, cargo que ejerció hasta la jubilación. El nuevo rol le permitió recorrer los lugares más recónditos de la provincia: donde hubiera una escuela, en cualquier paraje, allí se dirigía. Los recorridos se extendían por períodos de quince o veinte días en un jeep IKA. Juan desempeñaba una tarea de incalculable magnitud: más que de control, de enseñanza y transmisión de experiencias.
Haydee, directora de la escuela N° 61
Haydee, que había estudiado en Buenos Aires, fue una docente de gran personalidad, de aquellas que hacían que “no volara una mosca”, pero querida y respetada por todos.
Enseñó a muchos maestros, aconsejó e hizo respetar la palabra. Contuvo a alumnos en momentos especiales, conversaba con los padres y les hacía comprender la verdadera vocación del maestro en el aula.
Haydee fue directora por diez años, hasta su jubilación; era hermana de Nélida Álvarez de Del Pin, recordada maestra y militante del MPN, emparentada a su vez con don Gregorio Álvarez, primer médico y maestro neuquino, investigador, profesor, escritor, historiador que prestigia la historia neuquina.
Maestros de verdad
Una vez jubilados, Haydee y Juan continuaron su camino satisfechos por la labor cumplida, por todo lo que habían hecho y dejado en el camino como maestros, maestros de verdad, verdaderos ejemplos para los docentes de hoy.
Juntos recorrieron la vida y las escuelas. Y juntos partieron. Haydee falleció el 27 de agosto de 1989, y Juan Máximo lo haría tres meses después, el 26 de noviembre, de dolor, de soledad, de angustia, de extrañar al amor con el que compartiera toda una vida como maestros de cordillera.
Reconocimiento
La historia oral devela hechos que yacen en el baúl de los recuerdos, acontecimientos que no siempre están “al alcance de la mano”. Pero todas estas fuentes juntas, escritas y orales, ayudan a darle a Neuquén el carácter que lo distingue. En esta oportunidad, gracias al recuerdo de Máximo, uno de los hijos del matrimonio docente, aportamos un granito más de arena en esa búsqueda de identidad territoriana.
Señores políticos de la ciudad y la provincia. Debe ser reconocida ampliamente la tarea desplegada por todos los docentes, que ejercieron su profesión en estas tierras a comienzos del siglo XX, y que contribuyeron con su esfuerzo y amor a esparcir el conocimiento entre los niños, niñas y jóvenes de aquellas épocas. Pongamos su nombre a alguna arteria de la ciudad que se vio beneficiada por sus enseñanzas.