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Primera vez en San Martín de los Andes: lo que sí o sí no podés dejar de conocer

Es uno de los destinos estrella de Neuquén. Cada rincón de la ciudad invita a recorrerlo y buscar la postal del invierno en la cordillera.

Basta con bajar del vehículo, respirar el aire frío de la cordillera y mirar alrededor para entender por qué miles de viajeros vuelven una y otra vez.

San Martín de los Andes tiene esa capacidad. En invierno, cuando la nieve cubre las montañas, el vapor escapa de las tazas de café y el humo de las chimeneas perfuma las calles, la ciudad invita a mucho más que una jornada de esquí. También propone caminar por bosques centenarios, descubrir miradores naturales, disfrutar de la gastronomía regional y dejarse tentar por el chocolate artesanal.

Para quien llega por primera vez, hay cuatro experiencias que resumen el espíritu de este rincón de la Patagonia.

Mirador Bandurrias

La aventura puede comenzar muy cerca del centro de la ciudad, en el Mirador Bandurrias, uno de los trekkings más elegidos por quienes buscan combinar naturaleza y vistas panorámicas. Desde la plaza San Martín hasta el inicio del sendero hay apenas cinco minutos en vehículo o unos quince minutos caminando.

Allí comienza una senda dentro del Parque Nacional Lanín, gestionado por la Comunidad Mapuche Curruhuinca de aproximadamente dos kilómetros de extensión (solo ida) que demanda una hora (y un poquito más..) de ascenso, con una dificultad moderada.

El recorrido atraviesa un bosque andino patagónico donde predominan coihues, cipreses y maitenes. Durante el invierno, el paisaje cambia por completo. La escarcha cubre las hojas, los troncos conservan la humedad de las últimas nevadas y el silencio sólo es interrumpido por el canto de alguna bandurria, el ave que dio nombre al lugar.

Cada curva anticipa una nueva postal hasta llegar al mirador. Desde allí, el lago Lácar aparece en toda su magnitud, enmarcado por montañas nevadas y por una ciudad que parece esconderse entre el bosque. Es uno de esos paisajes que invitan a guardar el teléfono por unos minutos y simplemente contemplar.

Para disfrutar plenamente del recorrido conviene llevar calzado con buena adherencia, ropa de abrigo en capas y agua, ya que las condiciones climáticas pueden cambiar rápidamente, incluso durante una misma caminata.

Mirador Arrayán

Otro de los balcones naturales más instagrameables de la ciudad: el Mirador Arrayán. Ubicado sobre la Ruta Nacional 40, camino al Circuito de los Siete Lagos, se encuentra a unos cuatro kilómetros del centro y se llega en apenas quince minutos en vehículo.

También es posible acceder caminando en alrededor de dos horas, aunque se recomienda hacerlo con extrema precaución debido a que el trayecto transcurre por una ruta de montaña con circulación permanente.

Desde este punto la vista ofrece otra perspectiva del lago Lácar y del casco urbano.

En invierno, cuando las primeras nevadas cubren las laderas y las chimeneas comienzan a encenderse al caer la tarde, el paisaje adquiere una atmósfera que parece salida de una postal. Es uno de esos lugares donde todos buscan una fotografía y videos, aunque ninguna imagen consigue transmitir completamente la inmensidad del entorno.

Como en cualquier recorrido por caminos de montaña durante la temporada invernal, es importante estacionar únicamente en los espacios habilitados, respetar la señalización y consultar previamente el estado de las rutas.

Los chocolates

Después de las caminatas y el aire frío llega uno de los momentos más esperados del día: descubrir los chocolates.

Y si existe un ritual imposible de evitar durante una visita invernal, es entrar a una chocolatería.

Recorrer la avenida San Martín implica dejarse llevar por el aroma del cacao recién elaborado que escapa de los locales. Cada chocolatería desarrolla su propia identidad: algunas conservan recetas tradicionales de influencia europea y otras incorporan ingredientes patagónicos como frutos rojos, avellanas, almendras o dulce de leche.

Una taza de chocolate caliente acompañada por bombones artesanales, alfajores o una porción de torta parece ser el cierre perfecto después de una jornada entre bosques y montañas.

Afuera, el frío invita a caminar con paso lento; adentro, el calor de los salones hace que el tiempo parezca detenerse.

Quien llega por primera vez suele venir atraído por la nieve o por la fama del destino. Sin embargo, descubre mucho más que un centro turístico. Encuentra una ciudad donde el bosque sigue formando parte de la vida cotidiana, donde la naturaleza marca el ritmo de cada estación y donde la calidez de los sanmartinenses, invita a volver.

Porque en San Martín de los Andes el invierno no sólo se contempla. Se camina, se saborea y se vive.

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