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Un increíble viaje al interior de una represa neuquina

Alicurá es la primera que recibe las aguas del río Limay. LMN visitó la hidroeléctrica en manos de AES en medio de la inminente transición a la estatal Enarsa.

Jueves al mediodía en el paraje Alicurá, a 300 kilómetros al suroeste de Neuquén capital. El cielo está despejado y el viento cortante brota como en remolinos, de las aguas de la represa, en un lugar tan inhóspito como custodiado por Gendarmería Nacional. En medio de la transición a Enarsa, después de 30 años de concesiones a privados, entrar a una de esas represas no es tan fácil como lo era en la histórica estatal Hidronor. Ni siquiera en una amable visita guiada.

“Es la primera vez que vengo, ¿conocías vos, entraste alguna vez a una represa’”, dice a LMN Neuquén un representante de AES Argentina, la concesionaria que está a cargo de la hidroeléctrica desde 2000, luego de comprar el paquete accionario a Southern Energy, que en 1993 había sido adquirida al Estado Nacional, durante la era de Carlos Menem

Este aprovechamiento hidroeléctrico es el primero que hay sobre el río Limay y se conoce como una “central de punta”, que regula los caudales a las otras cuatro que hay río abajo: Piedra del Águila, Pichi Picún Leufú, El Chocón y Arroyito.

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La represa Alicurá es enorme y los materiales son dieléctricos, es decir, que no conduce la electricidad.

Para ingresar al predio de la hidroeléctrica hay que hacer 4 kilómetros por un desvío de la Ruta 237, a unos 80 kilómetros de Bariloche, un lugar donde dice que, extrañamente, nieva poco, aunque cuesta creer.

Antes de llegar a las oficinas hay que pasar por el puesto de Gendarmería, que vigila las 24 horas del día el ingreso de los 33 empleados que trabajan en la represa. Para ingresar no sólo hay que tener permiso, como en un yacimiento petrolero, sino que se deben cumplir algunas reglas, por un estricto tema de seguridad.

El gendarme mira con desconfianza, pero al poco tiempo de charlar, ante la espera de más de una hora al CEO de la empresa, dice que le gusta mucho su trabajo, a pesar de lo monótono del paisaje, matizado con el agua y la cordillera nevada.

“Soy de Corrientes, trabajé en otras hidroeléctricas, acá el tiempo no se pasa rápido, trabajamos casi un mes seguido”, comenta el guardia.

El complejo Alicurá es uno de los más grandes, después de Piedra del Águila. Un verdadero laberinto de máquinas subterráneas donde no hay una sola gota de humedad, a pesar de toda la masa de agua que hay alrededor de la represa.

Los colores de la estatal Hidronor

El complejo Alicurá se comenzó a construir en 1979 en plena transición de la dictadura militar a la democracia y tardaron cinco años en completar la presa que tiene 130 metros de altura, y que aún conserva los colores en las paredes, aunque remozados, de la vieja Hidronor, marrón ladrillo y gris. El nivel máximo de coronamiento del agua es de 705 metros sobre el nivel del mar.

Se terminó en 1984 y estuvo más de 10 años operando en mano de la compañía estatal, hasta que fue concesionada a Southern Energy, una compañía estadounidense que terminó de desprenderse en 2000, cuando la tomó AES, que actualmente invierte en energías renovables.

La represa es enorme y tiene tres niveles. Para bajar al sector de máquinas donde están las cuatro turbinas modelo francis, se recomienda tener protección auditiva. Pero la hidroeléctrica no está siempre funcionando. Hay meses que no genera electricidad, porque es “a demanda”.

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Está preparada para generar energía en sólo tres minutos. A las 17 del jueves, se encendió uno de los generadores. Se siente sólo una vibración y dibujos circulares en el agua, que bajan desde cuatro tubos desde lo alto de la presa.

Las máquinas y el instrumental están impecables y hasta remozado ya que se conservan los viejos manómetros analógicos con agujas, pero los cableados internos son nuevos. Asombra de lo limpio del lugar, pero tiene una explicación. No puede haber riesgo eléctrico por eso todo el personal lleva calzado especial y el piso no trasmite electricidad.

De este lugar se genera casi el 8% de la electricidad del país, y en breve volvería a manos del estado.

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