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Un siglo de fecunda tarea: la escuela N° 57 "La Gotera", del paraje Kilca

Repasamos la historia de la institución educativa gracias al CEDIE, Centro de Información Educativa del CPE, que posee digitalizado el material.

Una de las principales autoras del libro histórico de la escuela Nº 57 fue su directora, Ida Fiumani de Arellano. En el encabezamiento de cada página del libro escribió “Escuela 57 La Gotera”: consultada en 1937, manifestó que “la escuela no tiene nombre especial, entiendo que se la denomina ‘La Gotera’ por haber sido el lugar donde fuera creada y cuyo paraje dista a unos metros de la actual ubicación. Por referencia de vecinos de este lugar tengo información de que empezó a funcionar el 1 de mayo de 1922”.

“Kilca, departamento Aluminé, lo toma de un pequeño río que nace en la falda occidental del macizo Chachil, a la altura de Zainuco, y después recibe como afluente al Limenco y el Kila Chanquil. Aluminé, en su recorrido, es de cincuenta kilómetros. Corre primero de este a oeste y desde la mitad del curso se desvía al sur oeste. Sinuoso lecho, fuerte corriente, quebrada profunda y en el lugar, Kilca forma un valle de abundantes pastos naturales, en cuyas inmediaciones se ha diseminado la población: treinta y dos familias, de las cuales diez son indígenas y dieciocho chilenas”.

Un informe de esa década da más precisiones: “Escuela rural enclavada a cien kilómetros al oeste de la estación terminal del FCS (Zapala) y a veinticinco de la frontera con Chile. Los niños concurren a pie los casi diez kilómetros de distancia. La estafeta postal es Pulmari, a treinta y cinco kilómetros con un servicio semanal (cuando la nieve no lo impide). En iguales condiciones estaban la escuela 90 Dr. Aníbal Sosa de Angostura, la escuela 58 Ruca Choroy y la escuela 52 Dr. Arturo Ayala.

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Primer edificio de la escuela.

En sus inicios funcionó en un rancho cedido por los señores Iriart, dueños del campo. Su director y fundador era el señor Raimundo Col. Dos años más tarde, con la ayuda del Consejo Nacional de Educación, se construyó su edificio, “situado a doscientos kilómetros del primero, en el lote fiscal N° 59, sección B, una zona andina y paraje denominado Kilca”. En este lugar desarrolló la escuela su accionar hasta 1929, siempre a cargo del director Col. El 12 de septiembre de 1929 se hizo cargo Ida Fiumani de Arellano.

La escuela no tenía inventario ni archivo, su edificio era ruinoso, inhabitable. En sus primeros años, la directora informaba acerca de la precariedad del edificio, “expuesto a los vientos, construido con varillas de madera clavadas verdes que se torcieron, se desclavaron, se cayó el barro, dejaban grandes agujeros”.

En 1930 se comenzó a construir la escuela de adobe, con puertas y ventanas. Se obtuvo gran ayuda de Santiago Cantarutti, que colaboró para la construcción del canal de riego para plantas y huerta escolar. Se plantaron árboles, jardines, gallinero, galpón y cerco de alambre. Recordemos que estas escuelas ubicadas en la cordillera neuquina dependían del Consejo Nacional de Educación y el desarrollo de sus actividades era informado a través de los inspectores, que en este caso era Daniel Ezequiel Gatica: también visitaron la escuela Fermín Godoy, Antonio Garcés, Adolfo P. Antoni, José Calderón, Lorenzo Vergara, entre otros. En uno de sus informes la señora de Arellano –que, además, era el único personal de la escuela- daba cuenta del vocabulario: palabras de origen indígena que designaban los lugares, los accidentes topográficos, ríos, entre tantos otros.

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Segundo edificio.

Kilca significa carta, escritura, marca de ganado, hierba medicinal. Arroyo que baja de la falda occidental de la precordillera a la altura de Zainucó, afluente del Aluminé, y que forma valles.

Zainuco, por su parte, está formado por zaini, zaino, y co, agua. “Aguada del Zaino”: una vega de exuberante vegetación rodeada de pinares. El sistema de sierras que une al Palau con el Chachil lleva el nombre de Zainuco como también el paso de esa parte de la cordillera que une Zapala con Chile por el boquete habilitado del Arco Lonco Luan. Lonco, cabeza, luan, guanaco: “Cabeza de guanaco”, altiplanicie de 8 leguas. Chaquil: guijarro, cerro de 2800 m. sobre el nivel del mar.

Ruca Malleu. Ruca: casa. Malleu: barro. “Casa de barro”. En el libro histórico se lee que estos datos fueron tomados del libro Neuquén de Félix San Martín y otros datos tomados directamente con habitantes del lugar.

Ya en 1936 uno de los informes elevados a la superioridad sobre la marcha de la escuela informa que está alejada de los centros poblados. Pobladores montañeses, en su mayoría indígenas, eran impermeables a todo lo que no se amolde a sus primitivas costumbres. Sin embargo, la acción constante de la escuela demostró confianza y la obra fue efectiva. Los niños recorrían largas distancias, ríos, sorteaban obstáculos. Vieron en la escuela lugar donde pedir consejo, escribir cartas y muchas veces proveerse de artículos de farmacia y alimentos. El primitivo edificio escolar data de 1924, sin antecedentes, pues no existen archivos de esa época: era de adobe sobre cimientos de piedras con pisos de tablas de raulí y cielorrasos en parte de tablas y arpillera, y techo de zinc. En su amplio terreno había una gran plantación de árboles –álamos plateados, sauces-, además de ciruelas, guindas. Poseía una Biblioteca, llamada Sarmiento, con libros, revistas, diarios. Un museo formado por piezas de mineralogía, piedras, metales, zoología, botánica, herbario. No tenía cooperadora escolar por la pobreza de la población del medio. En el edificio escolar había dos estufas: se usaba leña de ñire que llevaban en carradas. En 1929 era inhabitable el edificio, se solicitó la reconstrucción, se aprovecharon tablas y chapas del antiguo inmueble. Habilitado en mayo de 1931, carecía de agua potable y riego, se destinó partida para la construcción de un canal de riego realizado por Santiago Cantarutti.

Ya en la Memoria Anual del periodo 1938/39 se solicitaba la reparación del edificio, había escasos muebles y personal único. Sin embargo, la enseñanza impartida estaba de acuerdo con los contenidos dictados en las urbes: aritmética, lectura, lenguaje, escritura, historia y moral, buenas costumbres, agricultura practicada en chacra, huerta y jardín. Se enseñaban manualidades (costura, bordado, zurcido, tejido con lanas hiladas en la región), los varones trabajaban en madera: cucharas, mesas, banquetas, sillas, juguetes.

En uno de sus relatos, Ida Fiumani dejó asentado que era “Enseñanza práctica y bien ilustrada”. La alimentación estaba basada en ñaco con leche. Varios informes daban cuenta de la necesidad de alambrar el predio de la escuela y la ampliación de aulas. Unos años más tarde tuvieron médico escolar de zona: el doctor Osvaldo Pesqueira, que vivía en Zapala. Se da cuenta de la vacunación antivariólica y antidiftérica y la constancia de que solo algunos niños de veranadores –gente migratoria- se retiran de la escuela: se proveían de pastillas yodadas para combatir el bocio endémico. En 1937, la Sra. Ida fue trasladada a la escuela 244 en el territorio de La Pampa.

En 1940 María del Carmen Cordero se hizo cargo de la dirección escolar. Se dejaba constancia de que la institución no tenía curso para adultos analfabetos. Además, en sus primeros tiempos no era posible el traslado en colectivo por los malos caminos y la población, que estaba muy diseminada. En septiembre de 1938 leemos una nota al diario Critica de Capital Federal, en la que la directora solicitó ayuda de ropa, calzados para los “pobrecitos niños que concurren a esta humilde escuela ubicada en el centro de la cordillera del Neuquén, desnutridos y desabrigados”. En 1941 se solicitó comedor escolar vajillas, muebles, bancos, platos, fuentes, cucharones, espumaderas, cubiertos. Ollas, cocina económica, partida de leña. En esta escuela Milton Aguilar ejerció como docente durante dos años, 1955 y 1956, trabajo que realizó con auténtica vocación, según recuerda Rayen, una de sus hijas: “los grandes fríos que hacían en el lugar y que se tenía n que tapar con todo lo que podía y en alguna oportunidad lo hicieron hasta con la bandera”.

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Edificio 1976.

El presente de la escuela 57 Kilca.

Su directora es Romina Belén Serrano, que nos compartió amablemente la información actual. No tiene vicedirectora ni vicedirector y su supervisora es Silvina Muñoz.

Matrícula actual

La escuela tiene trece alumnos: diez en nivel primario y tres en nivel inicial.

Sus auxiliares de servicio son María Albornoz, Yanet Morales, Gabriel Salazar y Marisel Salazar.

Sus profesores especiales son Marcos Aguerre (Educación Física), Gabriela Giraudo, (Educación Plástica), Ignacio Savia (Educación Musical). Sus docentes son Tamara Córdoba, Luján Morán, Verónica Sanabria. Sus celadores son Silvia Alarcón, Roberto Bermejo y María Jara.

Hoy la escuela tiene la modalidad de albergue, ya que a lo largo del tiempo se vio la necesidad de alojar a los estudiantes por las condiciones climáticas, las distancias, los caminos. En su momento por una necesidad de seguridad, higiene, alimentación y también de salud y fundamentalmente garantizar el derecho a la educación.

Por eso en 1991 se inauguró el albergue y en 1996 se estrenaron las aulas actuales, mientras que en 2016 se inauguró la sala de nivel inicial. Hoy es diferente la situación de las familias que conforman el paraje, pero, aun así, siguen optando por esta modalidad.

Los alumnos concurrieron a los festejos de los cien años de la escuela, los niños fueron a caballo. En los festejos, se entregaron además reconocimientos a ex alumnos longevos. Concurrieron más de quinientas personas a la fiesta, celebrada con un gran almuerzo, con catorce costillares donados por las estancias de Kilca: el noventa por ciento eran exalumnos. Niños, padres, abuelos y bisabuelos concurrieron a la escuela.

Cuánta historia. ¡Cuánto trabajo en pos de la educación de la niñez! Verdadera vocación de servicio en un lugar alejado de las grandes urbes y en el que generaciones de niños y niñas, en medio de las condiciones de la naturaleza, aprendieron, vivieron y crecieron.

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Edificio actual de la escuela 57.

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