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Una familia con dos mamás: "Nunca tuvimos que escondernos"

Mili Berra y Yamila Harada se conocieron en un Encuentro de Mujeres y hoy cuentan la experiencia de criar a su hija, Amparo, concebida mediante fertilización asistida con un donante anónimo.

Más allá de los clichés comerciales por el Día de la Madre que, por lo general, se apoyan en estereotipos hegemónicos de maternidad -dejando afuera muchas situaciones y formas de transitarla-, existen numerosas historias de amor protagonizadas por familias diversas que se viven con naturalidad, pasando por alto los prejuicios que persisten en ocasiones y algunas barreras legales y burocráticas.

Mili Berra y Yamila Harada se conocieron hace más de 13 años, en la previa de un Encuentro Nacional de Mujeres que tuvo lugar en Tucumán. "En ese entonces yo militaba en la agrupación Las Ramonas, en el Centro Cultural El Andén de Cipolletti, y en el armado del viaje apareció Yamila, que era de Neuquén y quería ir. Como yo vivía en Neuquén, me tenía que encargar de ubicarla y bueno, desde ahí nunca más nos separamos", resumió Mili en diálogo con LMNeuquén, antes de destacar las "casualidades y las causalidades" que la unen a su compañera, más allá del amor, los ideales y la militancia feminista que ambas comparten "sueltas y activamente", sin pertenecer a ninguna organización específica.

"Cumplimos años las dos el mismo día, las dos somos psicólogas sociales y nuestros destinos también se cruzaron en lo laboral. Yo trabajo en la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de Río Negro, en un programa que se llama 'Jóvenes en conflicto con la ley'. Y Yami, que está por recibirse de trabajadora social, trabaja con chicos en las cárceles", comentó.

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Del flechazo inicial pasaron a la convivencia y a consolidar la relación con un proyecto de vida que incluyó el deseo de compartir la maternidad. "Yo ya era mamá, tengo un hijo de 35 años de mi historia hetero, pero quería vivir esa experiencia con ella. Lo charlamos, lo sentimos y Yami decide llevar a nuestra niña", señaló.

Para sorpresa de ambas, el procedimiento fue muy sencillo. Dos meses después de hacerse los respectivos estudios para una inseminación artificial con un donante anónimo (y con el acompañamiento del doctor Luis Burgos, "una eminencia en Neuquén"), Mili y Yamila se enteraron que estaban "recontraembarazadas". "Nunca nos imaginamos que sería tan operativo, tan cuidado y fácil. Cero riesgo, cero invasivo", resaltó Mili sobre el procedimiento que posibilitó la llegada de Amparo, siete años atrás.

La frustración por una doble vara legal

"Más allá de la felicidad por el nacimiento de nuestra niña, nos derrumbamos cuando fuimos a registrarla. En el Registro Civil no nos aceptaron que llevara nuestros dos apellidos. Solo podía llevar el apellido de la mamá gestante. Ya estaba vigente la Ley de Matrimonio Igualitario", advirtió al poner el foco en la absurda barrera legal que -al día de hoy- impide que una pareja entre personas del mismo sexo pueda registrar a un bebé con dos apellidos, si previamente no pasó por el registro civil a dar el sí; un escollo por el que no tienen que pasar parejas heterosexuales que no están casadas.

"Nos tuvimos que casar para que nuestra niña pudiera llevar también mi apellido. Lo tuvimos que hacer de manera inmediata. Amparo nació un 24 de enero y nosotras nos casamos en febrero para que pudiera tener su identidad", explicó Mili.

"Nosotras consideramos que eso es una práctica patriarcal. Me acuerdo que yo hablaba con la abogada del registro y le decía: 'qué injusto porque hay hombres que no se hacen cargo de sus hijes y aún así pueden darle su apellido. Es muy loco eso'. La llamamos a Ruth (Zurbriggen) de manera urgente y ella nos dijo: 'Casensé, hagan un fiesta e invitenmé. No hay nada más para hacer'", dijo, recordando con humor las palabras de la referente de la colectiva feminista La Revuelta.

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Ya con un tono más serio, postuló: "Dentro de nuestro activismo lo vivimos como una derrota bastante importante. Podríamos haberla peleado pero sentimos que no era el momento, siendo Amparo tan chiquita y sabiendo que necesitaba su identidad de manera inmediata para estar resguardada". "Así que nos casamos y enseguida tuvo también mi apellido: hoy es Amparo Harada Berra", sentenció con orgullo.

Sin prejuicios y llena de amor

"¿Vos me preguntás como vive Amparo todo esto? Su cotidianeidad está llena de amor, con sus compañeritos, compañeritas, amigues, sus tíos, sus abuelas. Amparo es una niña que cuenta con mucha información desde nuestra casa para que pueda explicar de donde viene. Confiamos en ella y sabemos que está preparada para poder explicar su situación a otros nenes. El año pasado tuvo como un momento medio raro porque no se lograba entender por qué no tenía papá, pero lo pudimos hablar con su seño. Ella lo trabajó muy bien a partir del concepto de familias diversas", manifestó Mili, antes de hablar de su propia experiencia.

"Yo particularmente tenía miedos en relación a qué iba a pasar cuando se escolarice, cuando se encuentre con sus compañeros, sus compañeras, las seños, las mamás, los papás. Las normatividades hacen que estemos en alerta para que se respeten los derechos de las familias y de las infancias. Sin embargo, ese imaginario se derrumbó automáticamente cuando arrancó la escuela. Si bien en el jardín ella empezó a encontrarse con situaciones de tener que responder preguntas como '¿dónde está tu papá?', que la llevaron a interpelarse, tanto ella como los otros niñes tomaron con mucha naturalidad que la vayan a buscar sus dos mamás y que a los cumpleaños vaya con ellas. A casa vienen sus amiguitas a jugar y está todo más que bien. Yo pensaba que eso iba a ser difícil y hoy me encuentro con una realidad totalmente diferente", celebró.

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"Si bien vamos sorteando obstáculos, estamos rodeadas de gente muy linda y nunca nos sentimos excluidas. Vamos haciendo acuerdos, maternando con otras familias, siempre estuvimos muy acompañadas. Si tuvimos algún tipo de exclusión, no lo sentimos o no le dimos demasiada importancia. Nosotras nos manejamos sin esperar ningún tipo de aceptación. Si es bueno y reparador a nivel político, social y cultural sacarnos de nuestra cabeza los miedos de cómo va a resolver ciertas situaciones porque en realidad eso es un problema más de los adultos. Les niñes lo resuelven de otra manera, desde la naturalidad", recalcó.

"Para dos mujeres lesbianas como nosotras, la maternidad nos genera la necesidad de visibilizar la diversidad de las composiciones familiares. No nos pasó, ni a Yami ni a mi, el tener que escondernos. Siempre fuimos muy claras con nuestras familias. Fue todo muy bien recepcionado, todo el mundo feliz de vernos felices a las dos juntas y al día de hoy tenemos el apoyo de nuestras familias. Somos una familia, como muchas otras", concluyó.

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