“La vocación es una llamada del Señor y toda llamada necesita una respuesta, y cuando uno siente algo en su interior, en su alma, está dispuesto a dar esa respuesta con felicidad”, explica a LMNeuquén, Ignacia de María el momento en que decidió ser religiosa. Esa respuesta a la vocación religiosa ya estaba en el interior desde muy pequeña. Nació el 21 de julio de 1935 en Valladolid, España, en el seno de una familia católica. “En casa vivíamos muy felices porque creíamos en Dios”, señala Ignacia. “Tenía tres hermanas y un hermano varón que murió joven”, acota. Su hermano era sacerdote y cuando Ignacia le anunció a sus padres que iba a ser religiosa “para toda la familia fue un honor y una inmensa alegría”.
En uno de los salones del Hogar de Ancianos Hermanitas de los Pobres, esta mujer de 88 años, recuerda que cuando era una niña observaba con admiración a las monjas. “Cuando veía a las monjitas por acá, por allá, como tenía esa inquietud me decía ‘Qué bueno ser monjita’. Me daba alegría verlas porque yo sentía la necesidad de repetir eso que estaba viendo. Me imaginaba que ser monjita ya tenía que ser un santo”, cuenta y su mirada se llena de felicidad. Conoció de cerca el trabajo y la misión de las Hermanitas de los Pobres en Valladolid porque una prima suya formaba parte de esa congregación. “Iba todos los domingos a visitar a mi prima y me parecía tan lindo servir a esos ancianitos que, a lo mejor, no tenían a nadie, les daban de comer o los paseaban por el jardín. Sentía que podía serles útil a esas personas mayores y me sentía feliz al poder ayudarlos”, relata con entusiasmo.
Luego del período de noviciado en Madrid, en 1963 fue enviada a la Argentina, a la ciudad de La Plata. “Era una casa muy grande, éramos 20 hermanitas y teníamos 200 ancianos”, comenta. Unos años después brindó servicios en Chile y Perú.
En 1967 por pedido del obispo Jaime De Nevares esta organización religiosa llegó a Neuquén. El 13 de febrero de ese año llegaron las tres primeras hermanitas a la residencia que se emplazó en el corazón del barrio Confluencia. Dos meses después acogieron a la primera anciana, Fermina Namuncurá, hermana de Ceferino. Con el correr de los meses recibieron a más ancianos. Diez años después de su apertura, Ignacia arribó a Neuquén para integrarse a la congregación, el mismo año en que comenzó la construcción de la capilla de utilidad para el hogar y el barrio.
“El obispo De Nevares siempre venía a visitarnos, teníamos una muy linda relación. Cuando llegué faltaba terminar la capilla y algunos pabellones del hogar. Cuando inauguramos la capilla vino a bendecirla”, recuerda la religiosa española que se muestra muy predispuesta para las fotos.
Explica que existen tres pilares que sostienen la vocación de una hermanita de los pobres: “un sagrario que lo vamos a encontrar en todas las casas, es donde está el señor; los ancianos, a los cuales nosotros nos dedicamos exclusivamente, y una comunidad”.
Mientras recorre una de las salas donde unas mujeres que residen en el hogar pintan a los personajes de Mafalda, Ignacia saluda a todas, se interioriza en lo que están haciendo y se alegra por lo bien que pintan. “Nosotras le damos todo lo que una persona necesita para vivir dignamente. Hay ancianitos que no tienen nada ni a nadie, y esos son los nuestros”, afirma. Menciona a Juana Jugan, fuindadora de las Hermanitas de los Pobres que un día de invierno de 1839, descubrió a una anciana ciega y paralítica que había sido abandonada. La tomó en sus brazos, la llevó a su casa y le ofreció su propia cama para que descansara. A esa anciana le siguieron más y más. Iba acogiendo a las personas desamparadas en su casa y ella, que era pobre, las atendía y salía a la calle para pedir dinero por las casas. “Así empezó esta congregación que hoy está en los cinco continentes”, resalta.
Luego de permanecer por ocho años en Neuquén, Ignacia fue trasladada a San Isidro, en la provincia de Buenos Aires, y después a Chile. Unos años después regresó a San Isidro, a Chile y Perú donde estuvo hasta mediados del año pasado para volver a Neuquén donde está desde el 27 de julio de 2022. En cuanto a las tareas que desempeña, Ignacia describe que “tengo a mi cargo la capilla y todo lo relacionado a la misa, y además estoy en la portería para atender a toda la gente que viene al hogar que es mucha porque todos los días vienen personas que son miembros de la Asociación Juana Jugan que asiste al hogar como así también voluntarios”.
Dice que le gusta Neuquén pero en realidad ella es feliz en todos lados. “Yo soy feliz pero no esa felicidad de bulla sino que es una felicidad que viene de adentro que la da el Señor. Creo que la felicidad viene de Dios porque el Señor dijo ‘la paz os dejo, mi paz os doy’. Lo que hoy el mundo ofrece no es esa paz del Señor, la gente busca la felicidad en la música, en la bulla y eso no es felicidad, es felicidad para un rato, pero vivir esa intimidad, esa paz, esa tranquilidad, esa alegría solamente viene de Dios”.
Los 60 años de vida religiosa, Ignacia los vivió acompañada de sus hermanas de la congregación, de los ancianos que residen en el hogar, del personal y de los voluntarios.”Son los primeros sesenta años y ahora voy por los segundos”, afirma entre risas.
Por estos días, en el hogar ubicado en Chocón y Tronador, se puede observar mucho más movimiento que el habitual. Es que después de una larga espera se encuentra finalizada la obra de la nueva sede del hogar. El edificio permitirá recibir y alojar a más ancianos en situación de vulnerabilidad. En la actualidad el hogar alberga a 55 adultos mayores. Además contará con nuevos espacios y salas de kinesiologia, ergoterapia, peluquería, y un salón de actos que será el espacio que reunirá a los ancianos para compartir el día a día. El nuevo edificio será inaugurado el 2 de septiembre.
“Los ancianos que están con nosotras son personas que lo dieron todo en su vida y en la última etapa de su vida tienen que recibir todo”, subraya.
Si algo caracteriza a Ignacia es la fe que transmite y la felicidad con la que recorre su historia y la que despliega entre los ancianos del hogar. Por eso no sorprende cuando resume sus 60 años de vida y fe religiosa: “He sido feliz en mi vida y lo soy cada dia, y le doy gracias a Dios todos los días por haberme llamado a esta hermosa vocación de cuidar y acompañar a los ancianos, es mi vocación”, explica. Y agrega “que nuestra madre fundadora siempre decía que la vocación de una hermanita es hacer feliz al anciano. Los ancianos son personas que lo dieron todo en su vida y en la última etapa de sus vidas lo tienen que recibir todo. No necesitan tantas cosas, solo mucho amor y atención para ellos y esa es la vocación de nosotras, las hermanitas de los pobres”.
Ignacia de María afirma con una amplia sonrisa que el papa Francisco es “verdaderamente un papa cercano para todos”. Cuenta que lo escuchó días atrás hablando de no olvidar las raíces. “El papa dijo que no podemos olvidar las raíces, tenemos que sostener a nuestros padres, a nuestros abuelos porque el árbol que más florece es el que tiene buenas raíces”, explica Ignacia en relación a las expresiones de Francisco y remata diciendo “Qué lindo es el papa Francisco”.
La proximidad de la inauguración del nuevo edificio del hogar se vive en el lugar con mucha expectativa. El movimiento es mucho más que el habitual, aclara la madre superiora María Beatriz. Fueron muchos años de espera, pandemia mediante, para ver concretado este proyecto con la finalidad “de que los adultos mayores tengan una vida digna”, según la madre superiora. “Estaremos en condiciones y dispuestas a recibir a los adultos mayores más vulnerables de toda la región”, expresa la religiosa.
Por su parte, Ignacia de María destaca la tarea que llevan adelante los voluntarios quienes se acercan al hogar para ayudar en diversas tareas “desde bañar a los ancianos hasta pasearlos por el jardín”.
“Ahora vamos a necesitar más voluntarios por eso convocamos a los jóvenes y no tan jóvenes para que se acerquen hasta el hogar para ayudarnos y a descubrir lo que se puede hacer con el anciano y en el anciano porque los ancianos son seres maravillosos y hay que escucharlos”, explica la religiosa que cuida y brinda su cariño a los adultos mayores.