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Iara Colonna tiene 20 años, es una joven oriunda de San Martín de los Andes, que el próximo año se mudará a La Plata para estudiar Geoquímica, gracias a haber sido reconocida como ahijada por el presidente Alberto Fernández.
La joven cursa el último año de secundario en el CPEM 28 y ya inició sus planes para la inminente mudanza que la llevará a concretar sus sueños. Poseedora de una notable inteligencia, se considera inquieta y ansiosa, pero además es la séptima hija mujer de su familia, lo que la convirtió en ahijada del presidente de la Nación.
A pesar de haber nacido a principios de este siglo, no fue hasta el 2020 que la joven se enteró que era posible ser reconocida cuando un amigo le contó que el séptimo hijo varón o la séptima hija mujer podían ser ahijados del mandatario nacional y que este le otorgaba una beca para realizar sus estudios.
“Mi familia se alegró mucho cuando supimos de los beneficios, porque la beca es lo que me va a permitir ir a estudiar Geoquímica a la universidad. Quiero tratar de no trabajar durante el primer y segundo año, así puedo rendir bien la primera parte de la carrera”, contó en diálogo con RSM.
Luego de llenar formularios y varios trámites consiguieron que sea reconocida como ahijada presidencial y la semana pasada, la presidenta del Correo Argentino, Vanesa Piesciorovski, visitó San Martín de los Andes y le entregó una medalla y un diploma de Presidencia de la Nación, que certifica el padrinazgo por ser la séptima hija mujer, en el marco de la ley 20.843 que, entre otros beneficios, le otorga una beca de estudios hasta sus 35 años.
“Hice la cuenta y en 15 años puedo estudiar dos o tres carreras”, observó feliz.
Aunque contará con una ayuda económica de consideración, Iara quiere trabajar para poder solventar sus gastos hasta que comience la época de exámenes finales. “Estoy buscando algo relacionado a la limpieza, por la cantidad de horas. Antes trabajé también en una farmacia. Eso me gustó mucho”, señaló.
La joven contó que en primer año de la escuela secundaria un profesor de fisicoquímica fue un mentor muy importante que despejó miedos y fue una figura de suma importancia. “Resumía todo tan fácil que me hizo interesar mucho en el tema. Después, cuando entré a trabajar en una farmacia, hice un curso preparatorio y me gustó más”, contó.
Iara es inquieta y está interesada en aprender inglés y francés, por lo que toma clases de ambos idiomas. Durante la pandemia no se quedó quieta y aprovechó todo lo que los cursos online podían ofrecerle, por lo que siguió formándose sin salir de casa. Realizó dos cursos de desarrollo web, uno de promoción de salud y, como si esto fuera poco, se recibió de instructora de musculación. “No me gusta tener tiempo libre, siempre estoy ocupada con algo”, observó.
Además, durante el aislamiento obligatorio se puso a gestionar espacios y beneficios para los estudiantes que lo necesitan. Fue así como formó parte de la agrupación “Aviones de papel” que, preocupados por la falta de conectividad y dispositivos, juntó firmas y presentó proyectos en el Concejo Deliberante para que abran las bibliotecas para uso de las computadoras y conseguir que haya wifi en las plazas.
En tanto, en el 2021 Iara consiguió un espacio en la junta vecinal de Vega Maipú, donde coordinó un taller de expresión para adolescentes. “La idea era generar debates y juegos que ayuden a iniciar conversaciones. Yo iba a un taller de escritura del profe (Santiago) Loustaunau y ahí hacíamos un ejercicio con palabras como disparadores”, explicó en RSM.
Entre los múltiples intereses de Iara se encuentra la escritura. Recientemente pudo concluir su primer libro, titulado “Su Realidad”, y ya comenzó a escribir el segundo.
Su primera novela narra las aventuras de una chica que se enfrenta a la realidad de estar perdida en un bosque mágico, símbolo de su inconsciente: “Es una historia filosófica y metafísica, que habla sobre las crisis de ausencia. Lo terminé este verano, pero no lo publiqué porque no sabía lo que cuesta la edición”.
Mientras que, el segundo libro habla de un mundo sectario y trata temas de la Biblia desde metáforas del mundo real: “Yo soy Atea y me gusta la idea de trasladar pasajes a situaciones cotidianas”.
Por último, la joven destacó que para que los estudiantes avancen, el Estado tiene debe estar presente. “Se que hay altibajos y mucho estrés, pero no hay que parar de buscar, porque perdés tiempo y entusiasmo. Igual, no me gusta que les llamen ‘carreras’, porque significa andar a las corridas y así no pensamos en aprender”, concluyó.