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¿Y si tu basura no fuera basura? El innovador método de dos neuquinas para que los desechos vuelvan a la tierra

Laura y Belén son técnicas ambientales y crearon un servicio de compostaje domiciliario que busca reducir residuos y darles un mejor uso.

Cada año, los seres humanos descartamos millones de toneladas de residuos orgánicos que van directo a los basurales. Más del 50% de lo que un hogar promedio tira como basura en realidad puede aprovecharse para nutrir la tierra: restos de cocina, yerba, cáscaras, hojas, heces de mascotas. Todo eso puede tener un mejor destino: el compost.

Formadas como técnicas ambientales y en camino a la licenciatura, Laura Hochnadel y Belén Belver Gottau decidieron que ese conocimiento no podía quedar solo en la teoría. El año pasado dieron el paso y lo transformaron en un proyecto propio.

Así nació EvaS Soluciones Conscientes (@evas_solucionesconcientes), un emprendimiento en Plottier que arrancó en octubre con baños secos para eventos y que en las últimas semanas sumó el servicio de recolección y compostaje de residuos orgánicos domiciliarios.

Un sistema pensado para lo cotidiano

El servicio lleva apenas tres semanas desde su lanzamiento, pero de a poco empieza a sumar sus primeros clientes. “La idea es que sea fácil y práctico para las personas poder hacerlo”, explica Belén. “No solamente que vean que pueden aportar ambientalmente, sino que también estamos solucionando cosas concretas: que el tacho de basura no se llene tan rápido, que no genere olor o ese líquido que se llama lixiviado”.

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La dinámica es simple. EvaS entrega dos baldes: uno de 20 litros y otro de 3. El más pequeño se usa en la cocina para juntar los residuos diarios y, una vez lleno, se vuelca en el balde grande. Cuando este se completa —lo que suele ocurrir entre los 20 y los 30 días, según la cantidad de personas en el hogar y sus hábitos de consumo— el equipo pasa a retirarlo, lo traslada para su tratamiento y deja uno vacío para reiniciar el ciclo.

El sistema funciona a través de una suscripción que permite sostener la logística del servicio, desde los baldes hasta el traslado y el proceso de compostaje. Está pensado tanto para personas que viven en departamentos y no cuentan con espacio, como para quienes, aun teniendo patio, prefieren delegar la tarea.

Además, incluye indicaciones básicas para evitar olores o manejar el proceso en distintas épocas del año, como el verano, cuando las altas temperaturas aceleran la descomposición. No requiere conocimientos previos ni equipamiento especial. “Compostar es fácil, lleva su tiempo, pero no es algo complicado”, señala Belén. “Entendemos que la vida moderna y la vorágine hacen que sea difícil, por eso la idea es facilitarlo”.

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El servicio también contempla la recolección de heces de mascotas. En este caso, se entregan dos baldes: uno vacío y otro con aserrín. Cada depósito se cubre con este material, lo que ayuda a neutralizar olores y simplifica el tratamiento posterior. Para quienes tienen patio y mascotas, representa una alternativa a una práctica habitual: desechar estos residuos en bolsas dentro de la basura común, desperdiciando el potencial y generando más desechos plásticos.

El mes del compostaje: una fecha y una excusa para concientizar

Entre el 22 de marzo y el 22 de abril se celebra el Mes Mundial del Compostaje, una iniciativa internacional que busca poner en agenda una práctica que todavía ocupa un lugar marginal en los hábitos cotidianos.

Para EvaS, el contexto resulta ideal: el emprendimiento acaba de lanzar su servicio de recolección de orgánicos y ofrece un descuento especial en la suscripción durante este período, como forma de reducir la barrera de entrada para quienes todavía dudan.

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Pero más allá de la promoción, el eje está puesto en la concientización. “Nuestra idea principal es que la gente haga compost en su casa”, aclara Laura. “No es que queremos que nos contraten a nosotras. Queremos que eso no termine en la basura, porque no lo es”.

En esa línea, el 9 de mayo EvaS dará un taller gratuito de compostaje en el punto de Ecocanje de Evolución Plottier, abierto a todo el público. No se trata de una instancia de venta, sino de un espacio para que cualquier persona pueda aprender a compostar en su propia casa.

El inicio del otoño suma, además, un argumento concreto. Las hojas secas que cubren veredas y suelen acumularse en las alcantarillas son uno de los insumos más valiosos para el compostaje.

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“Que no las quemen”, pide Belén. A pesar de estar prohibido, la quema de residuos verdes sigue siendo una práctica frecuente. “Las hojas son un aporte fundamental. Incluso si uno no sabe nada, con cubrirlas con un poco de tierra alcanza: solas vuelven a convertirse en abono”, explica.

El baño seco: la otra cara del emprendimiento

La otra pata de EvaS es, también, la que más preguntas genera cuando aparece por primera vez. Los baños secos son sanitarios que no utilizan agua: en lugar de un sistema de arrastre por cadena, las heces caen en un balde con aserrín que actúa como cobertor, neutraliza los olores y facilita el proceso de compostaje posterior.

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El sistema, conocido como saneamiento basado en contenedores, ya se utiliza en ciudades de distintos países, especialmente en contextos donde el acceso al agua potable es limitado.

Laura y Belén lo descubrieron en un curso que tomaron juntas, y fue el punto de partida de EvaS. Antes, Laura había visto este tipo de baños en la facultad, pero en una versión fija: una cámara de compostaje construida debajo del sanitario, que requiere infraestructura permanente. El sistema de baldes, en cambio, es portable, no necesita obra y puede instalarse en cualquier lugar.

El año pasado, en el Biofestival de Centenario, coincidieron con Deco Klart —una empresa que trabaja con plástico reciclado— y en conjunto diseñaron un modelo de inodoro más resistente y fácil de transportar.

“La gente sale encantada, sobre todo las mujeres y los niños”, cuenta Laura. “Es una experiencia agradable. Vas casi como al baño de tu casa. No hay olores”.

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La clave está en la presencia constante de quienes operan el servicio durante los eventos, para asegurar que la proporción de aserrín sea la adecuada y que el baño se mantenga limpio. Ese acompañamiento es, justamente, una de las principales diferencias con los baños químicos tradicionales, que se instalan y se retiran sin supervisión.

Esa lógica también impacta en el costo: al requerir personal y mantenimiento continuo, el servicio resulta más caro que un baño químico, lo que representa una de las principales barreras de entrada en el mercado de eventos.

A eso se suma un factor cultural: la resistencia inicial frente a lo desconocido. “Una vez que lo prueban les encanta”, reconoce Belén, “pero a la hora de contratarnos todavía cuesta”.

Además de los eventos, el servicio también apunta a obras de construcción, donde los baños químicos suelen estar en malas condiciones o ubicados a grandes distancias. En Argentina, solo una empresa en Buenos Aires y otra en Córdoba trabajan actualmente con este sistema para eventos y obras. En ese escenario, EvaS se posiciona como una experiencia pionera en Neuquén.

Un cambio de hábitos que busca instalarse

Actualmente, Belén trabaja en una oficina mientras el emprendimiento crece. Laura, por su parte, dedica alrededor del 70% de su tiempo a EvaS, que complementa con tareas en una consultora ambiental. Ambas tienen claro que el modelo lleva tiempo: ofrecer un servicio por algo que históricamente fue gratuito —tirar la basura— implica construir valor más allá del discurso ambiental. "Es un cambio de mentalidad, un cambio de hábitos”, dice Laura. “Hay que ir remando de a poco”.

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Aun así, reconocen un diferencial: en la zona no existe otra propuesta igual. El horizonte que proyectan no es solo el de un emprendimiento rentable, sino el de una práctica que se extienda. “Si todos podemos hacerlo en casa, mejor”, resume Laura.

Entre el 22 de marzo y el 22 de abril, EvaS invita a mirar de otra manera aquello que se descarta. Porque lo que hoy se tira como basura, con otro enfoque, puede volver a la tierra. Y en ese pequeño gesto, simple y cotidiano, empieza un cambio más grande: el de transformar residuos en recursos y hábitos en conciencia.

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