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Ni las partes íntimas se salvan de los tatuajes

Los fanáticos no tienen límites físicos ni tabúes a la hora de la elección.

Georgina Gonzales

gonzalesg@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- A la hora de tatuarse ya no queden sectores del cuerpo “raros”. Dentro de la oreja, en el cuello, en las manos y en la cara, totalmente a la vista, hasta en zonas más privadas como los genitales y la cola.

El dolor no asusta a los que buscan una marca imborrable en su piel. Más de 10 personas por día se tatúan en los locales del centro. Ángel, que lleva 12 años haciendo tatuajes, vio de todo, por eso no se asombra ni con las figuras ni con las partes del cuerpo donde termina estampando sus diseños. Mientras recuerda algunos ejemplos, se le viene a la mente el caso de un colega que tenía tatuada una serpiente en el pene y que le dibujó la frase “Besame” en el pubis a una mujer.

Emiliano tiene 40 tatuajes. Luego de varios de ellos decidió aprender el oficio y hace cuatro años que lo practica. Sobre una ceja se animó a escribirse “Vida y muerte”, tiene una cruz dentro de una oreja y rosas, calaveras y otras flores en brazos, espalda, cadera, piernas, hombros y dedos.

También hoy se hacen muchos tatuajes estéticos, como el delineado de ojos, que lleva unos 15 minutos pero duele bastante, y también varios pequeños para tapar cicatrices o lunares e incluso para reconstruir pezones.

Pablo Acosta, más conocido como “Pili”, hace 22 años que decidió inmiscuirse en el mundo del tattoo. Hoy tiene su estudio en la parte superior de una peluquería muy conocida en el centro, pero estuvo por todas partes. Contó que muchas veces le pidieron tatuajes en el pene, aunque confesó que esa parte “no se la toca a nadie”. Incluso consideró que hacerse eso es “no quererse: con cada pinchazo se contrae y duele”. Sí accedió a tatuar vaginas aunque hace muchos años, ya que desde que está en familia no le parece adecuado.

Para Pili, el arte del tatuaje está de moda hace 40 años y nunca va a pasar. Lo que sí ve que fue cambiando son los lugares elegidos para colocar los diseños, como el empeine, el cuello, la tráquea, la axila. “Hay personas que no tienen ni un tatuaje y se tatúan la cara o las manos, para mí esos deberían ser elegidos sólo si ya no te queda más lugar”, consideró.

En el oeste, Bruno Moretti trabaja junto a otros cuatro colegas. Mientras tatuaba un enorme tigre en la espalda de un joven comentó que más que nada se dedica a los tatuajes grandes. Yacki, su mujer y una de los cinco tatuadores que trabajan allí, recordó que tatuó muchos corazones en nalgas femeninas y que en un pubis le tocó escribir “Pedime lo que quieras”.

Bruno y Yacki comparten, además del trabajo, un lugar de su cuerpo tatuado: cada uno le hizo al otro un tatuaje en la cola. Ella tiene unos corazones con una frase secreta y él, a Bart Simpson cuando fue una mariposa.

10 fanáticos al día, por lo menos, acuden a las tiendas de tattoo del centro de la ciudad.

La mujer del mejor amigo debajo del calzoncillo

Entre los fanáticos de plasmarse en el cuerpo un recuerdo imborrable no parece ser un tema para pensar mucho el diseño a tatuarse. Aunque el dibujo elegido va a marcar para siempre su piel, algunas personas optan por motivos que a la mayoría le pueden parecer bizarros.

A Pili, un tatuador neuquino con más de 20 años de experiencia en la ciudad, el diseño que más le llamó la atención de todos los que le pidieron fue una caja de vino Uvita en el brazo de un adolescente.

También hizo la etiqueta de los cigarrillos Marlboro y hasta tatuó a un joven en todo su cuerpo unas moléculas con garras, que a su percepción parecían uvas con uñas.

Sin embargo, dice que lo más raro que le tocó tatuar fue el nombre de la mujer del mejor amigo en el cuerpo de un chico. Cuando le preguntó por qué lo hacía, el cliente le dijo que estaba enamorado de ella. La inscripción quedó escondida debajo de su slip.

Para Bruno Moretti, lo más raro que tatuó fue al famoso personaje de El Chavo del 8 Don Ramón y a Alexis Texas, una actriz porno.

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