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Tiene “dos días” en el mundo Racing, es suplente y aceptó dar la cara y hacerse cargo del penal más importante de los últimos años para La Academia. Mientras otros jugadores con mayor trayectoria y jerarquía se escondían, se hacían los desentendidos con semblantes serios y no quisieron patear, él agarró la pelota y encaró hacia el arco donde lo esperaba nada menos que el gigante Franco Armani.
El goleador Copetti, que semanas antes había declarado “vamos a salir campeones”, fue uno de los que le escapó a la responsabilidad. Y así tantos otros. Sin embargo, el ex Huracán asimiló la presión y se mostró predispuesto a agarrar ese balón que quemaba y pesaba un montón.
La película, se sabe, no tuvo un final feliz. Jonathan perdió en el duelo con el 1 de River y todo se derrumbó para él y La Academia.
Desde ese momento, no son pocas las críticas que recibe el volante, sumado a golpes bajos de mediocres personajes y humillaciones innecesarias.
La bajeza y miseria humana llega a tal punto que no tardaron en viralizarse en redes sociales un viejo video en el que el jugador confiesa su simpatía por el xeneize.
Subestimando así su honestidad y profesionalismo. Poniendo en duda que haya querido embocarla en ese remate desde los 12 pasos que valía un título.
Tampoco parece atinado que algunos hinchas del Millo le reprochen a Armani haber atajado “justo ese penal” para darle el título a Boca. Los jugadores brindaron una lección después de todo lo que se habló en la previa y dejaron bien parado al tantas veces bastardeado fútbol argentino.
Eso sí, no resulta justo que le peguen a Galván, el único que se animó a patear.