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El sueño de una quinceañera quedó hecho trizas luego de que su familia fuera estafada por un empresario rosarino, que por 40 mil pesos prometía un festejo completo. "Sentimos una impotencia, no nos dan ninguna solución, este hombre desapareció y la fiesta quedó en la nada, con una nena (Daiana) con su vestido puesto", reveló Juana Riveros, una empleada doméstica rosarina, para expresar su desazón.
El gran evento debió llevarse a cabo el sábado pasado. Cuando llegó la hora acordada, Juana vio que en el salón no había nada preparado. Ni catering, ni empleados, ni fotógrafo, ni filmación, tal como el hombre –identificado como Pablo– había promocionado. Pasaron las horas y la desolación crecía y para empeorar las cosas, jamás dio la cara. "Su mujer de nombre Patricia estaba allí, pero cuando le preguntábamos una y otra vez dónde estaba su marido, no sabía qué decir", comentó la mamá de Daiana.
Para cumplir el sueño de su hija, Juana hizo un gran esfuerzo. Durante 12 meses reunió dinero hasta llegar a los 40 mil pesos, precio del servicio completo. No fue fácil, ya que en medio de los preparativos su esposo quedó sin trabajo. "Hacía horas extra, turnos complementarios para cumplirle el sueño a la nena. Habíamos pagado 40 mil pesos, tengo todos los comprobantes, todo en cuotas durante un año. Le di 3 mil pesos y después cuotas a acordar", agregó la víctima.
Sobre el momento en el que debía comenzar la fiesta, la mujer manifestó que sus 130 invitados tuvieron que quedarse afuera del salón, mientras que la cumpleañera se encontraba arriba del auto que la transportaba, sin saber que hacer. La tensión fue creciendo con el correr del tiempo. Los invitados comenzaron a protestar y hasta hubo algunos enfrentamientos entre ellos en los que tuvo que intervenir la policía. Hacia las 22, se montó piquete con sillas y mesas de plástico en plena calle e increparon a la esposa del dueño del salón. La mujer quedó detenida, acusada de defraudación.
Vía Internet
Pablo, el estafador ofrecía sus servicios por internet y en las redes sociales y según el relató de Juana, le hacía recibos cada vez que recibía una cuota y hasta le firmó un falso contrato. "La verdad, nunca sospeché. Ahora que estalló todo, vienen y me dicen que fueron víctimas de un mal servicio", dijo la empleada, quien tampoco sabía de las cuatro clausuras que ya tenía el lugar ni que contaba con la habilitación para funcionar como salón de fiestas. De hecho, la Guardia Urbana Municipal (GUM) clausuró por quinta vez el espacio por haber violado las fajas de clausura anteriores.