En un evento especial, el famoso actor y humorista llenó de emoción un nuevo espacio cultural a pocas cuadras de la Casa Rosada.
“Una viejita de ojos claros me espera siempre en la ventana. Tiene en la mano el mate amargo y todo el mar en la mirada”. Como tantas cosas bellas y simples don Luis Landriscina disfrutará de esos versos de Julio Cortázar, equipando su alma de humorista sano, actor y ex conductor radial, que nació un 19 de diciembre de 1935 nacido en el Chaco, ciudad de Colonia Baranda, y que con el tiempo llevó a la declaración del "Día del Humorista Chaqueño". Como también tiene su día el propio mate, que este 2025 lo celebró a lo grande con el primer Mate BA, espectáculo que dejó inaugurado el Museo del Mate.
El espacio que bautizó a Landriscina padrino, que cebó y brindó con mate, celebrando que el espacio cultural esté enclavado en un lugar estratégico, Avenida de Mayo 853, algo que hacía falta en una zona variedad de cafetales, bares notables, cines y teatros.
Entre las treinta vitrinas que exponen historias de los yerbales, recipientes de todo tipo, ahora está en exhibición un mate de vieja usanza donado por el cuentista legendario que hoy está de festejos (se ven fotografías y un long play Cantata de dos orillas). En la ocasión lo acompañaron amigos malvineros y se reencontró con el acordeonista Hernán Crespo. Fue a él quien una vez Landriscina le propuso sumar una letra inspirada en el ritual del mate, en un disco que sólo tenía una canción instrumental. Así, en pandemia, grabaron “Cómo un cisne”.
Fue en el museo que Luis recitó la intro y generó un clima especial:
“De chiquito tomo mate, mi madrina me enseñó, española ella, hecha y derecha, le decían La Gallega, pero nacida en León. Si no es amargo no es mate, mi madrina sentenció Y como yo estaba aprendiendo, ése es el que tomo yo”.
Pero si de temas se trata, Landriscina compuso una canción para el mate con el título donde plasma los sentimientos que le inspira la bebida desde toda una vida.
El tema fue grabado con la voz de Nahuel Pennisi, pero esta vez el chamamecito llevó la voz vibrante de Coni Muller. Los presentes contuvieron la emoción pero no se quedaron quietos para ir en busca de una foto con Landriscina, en la jornada que recorrió cada tramo del flamante Museo.
Claro que el coleccionista Plaza (nacido en Bahía Blanca) festejó su propio ritual de los 45 años que lleva recorriendo el país en busca de mates. “Hicimos un intercambio: Luis dejó uno suyo y se llevó el que tiene nuestra marca del Museo”. Además, quedó para la colección de Luis una placa de tantas, que reza: “Porque su humor es sano y rico como un mate, y por su trayectoria que cebó con valores y a pura historia, nos sentimos orgullosos de que sea nuestro Padrino”.
"El mate es la bebida nacional y no así el vino", comentó el mítico Luis en una ronda matera que se armó en la Pulpería, todo un placer que llevarán en sus corazones Alberto Plaza (el máximo conservacionista de mates), Diego Carosella y Julián Barbari.
Landriscina se llevó más sorpresas, como el baile del ballet Romance de Zamba, del histórico Instituto de Arte Folclórico, y la dulce voz de Carolina Ferrando, artista invitada de González Chaves, ahijada del coleccionista matero.
En un clima familiar, con detalles campestres en este edificio de la metrópoli porteña, Luis dio consejos, cebó mates y así todo el ambiente se llenó duendes, de una larga historia artística que inicia en 1964 tras consagrarse Revelación en el Festival de Cosquín. A partir de ese momento, se convirtió en el más querido narrador de cuentos e historias de la Argentina.
El Museo, sede del último Día Nacional del Mate, está destinado a ser la visita obligada del turismo. Desde su raíz lleva la esencia de un lugar que preserva y divulga los saberes a través de los objetos más diversos del mundo de la yerba, el “Oro Verde” nacido en los antiguos territorios de las Misiones Jesuítico-Guaraníes.
“El concepto de museo ya cambió, no es la cantidad sino que ya es el objeto como apoyo para un relato, y en este caso, tenemos vitrinas temáticas que cuentan la historia de la yerba mate”, expresó Plaza, cara visible del Museo. Para los más tecnológicos, también ofrece exhibiciones interactivas que permiten comprender la evolución del ritual. Y no podía faltar una pulpería o Mate-bar para disfrutar de una rica cebada después de la recorrida.
“Charlamos con Luis de los héroes de Malvinas, de René Favaloro, y de un amigo en común, Séptimo Romeo, que vive en Río Colorado, provincia de Río Negro, donde tiene su pequeña colección de mates en su casa”, expresó “Beto” Plaza, como gusta que le llamen. Con el pecho lleno de orgullo vive el legado de un nieto que está a cargo del día a día de este sitio en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, mientras que en Sierra de la Ventana el abuelo continúa con su museo del mate desde 2008.
“Ya lo decía a su hijo, todo lo que vas a comer salvo que sea pescado viene de la tierra y atrás de ese alimento, como lo es la yerba mate, hay muchos anónimos que trabajan desde que sale el sol hasta que se pone”, decía Landriscina. Por eso, felicitó a todos los integrantes de este emprendimiento que más allá de sus propietarios. Hay museólogos, maquetistas, profesor de historia, sommeliers, equipo de grabado láser y de prensa.
“El mate es nuestra bebida nacional ya que las cepas fueron traídas de Europa”, subrayó Landriscina. Y se despidió de su nueva casa hasta una próxima visita si Dios quiere. En un bolsillo del saco lleva la estampita de Ceferino Namuncurá, el canonizado gaucho santo. Agradece por la vida. Hace noventa años llegó a este mundo con el destino de hacer el bien y promover valores patrios. Siempre tiene alguna historia más, alguna enseñanza de su sabiduría y una mirada cómplice que nos recuerda el valor del humor para la salud.