Su presencia se ha multiplicado en algunas zonas debido a las altas temperaturas y la humedad. Sus mordeduras generan dolor, picazón e inflamación.
Las altas temperaturas -características de esta época -combinadas con niveles elevados de humedad generaron en los últimos días un escenario propicio para la proliferación del barigüí, también conocida como mosca negra. La alerta por las lesiones que pueden provocar sus mordeduras.
Su presencia no pasa desapercibida: se trata de un insecto pequeño, persistente y doloroso, cuya mordedura puede provocar lesiones cutáneas, reacciones alérgicas e incluso infecciones si no se toman cuidados básicos.
A diferencia del mosquito común, el barigüí no pica, sino que muerde. Su presencia se ha multiplicado en los últimos días en la Ciudad de Buenos Aires y distintos puntos de la Provincia de Buenos Aires.
Esta especie de mosca utiliza pequeñas garras para cortar la piel y alimentarse de la sangre que brota de la herida. Ese mecanismo explica por qué el dolor resulta más intenso y la lesión tarda más en cicatrizar. En jornadas de calor, su actividad se incrementa y los encuentros con personas se vuelven frecuentes, sobre todo cerca de ríos, arroyos y zonas con agua en movimiento.
El barigüí pertenece al grupo de las llamadas moscas negras. Su tamaño reducido dificulta detectarlo a tiempo y su ataque suele ser sorpresivo. Tras la mordedura, la piel presenta enrojecimiento, hinchazón y una picazón intensa. En muchos casos quedan manchas rojas o pequeñas heridas costrosas que demoran varios días en desaparecer.
En personas sensibles, la reacción puede ser más fuerte. Inflamación pronunciada, ardor persistente o fiebre leve forman parte de los síntomas posibles. Por ese motivo, los especialistas insisten en evitar el rascado, ya que la ruptura de la piel facilita el ingreso de bacterias presentes en las manos o debajo de las uñas.
La incomodidad no se limita al momento del ataque. El barigüí suele morder varias veces en una misma zona, lo que agrava la irritación y prolonga el malestar. Esa conducta explica por qué, aun con pocas moscas presentes, la experiencia resulta especialmente molesta.
Aunque erradicar al barigüí no resulta sencillo, existen medidas concretas para disminuir el riesgo de contacto. El uso de repelentes habituales para mosquitos ofrece cierta protección, sobre todo aquellos que contienen DEET (es el ingrediente activo en algunos repelentes comunes) en concentraciones altas. Si bien su eficacia no es total, actúan como barrera parcial.
La vestimenta cumple un rol clave. Ropa de mangas largas y pantalones largos, preferentemente de colores claros, ayuda a cubrir la piel y reduce el atractivo para estos insectos, que se sienten más atraídos por tonos oscuros. En el hogar, colocar mosquiteros en puertas y ventanas limita el ingreso de ejemplares adultos.
Mantener el entorno limpio, sin acumulación de humedad, y evitar permanecer cerca de cursos de agua en horarios críticos también suma protección. El barigüí presenta mayor actividad durante el amanecer y el atardecer, franjas en las que conviene extremar precauciones.
Ante una mordedura, la recomendación inmediata consiste en lavar la zona con agua y jabón para reducir el riesgo de infección. Aplicar frío local con hielo o compresas ayuda a bajar la inflamación.
En caso de picazón intensa, pueden utilizarse cremas calmantes o antihistamínicas. Si aparecen signos de reacción alérgica, la consulta médica resulta fundamental.
El control del barigüí presenta desafíos particulares. El entomólogo Guillermo Tarelli explicó que estos insectos forman parte del ambiente de manera permanente, pero las lluvias intensas y el aumento del caudal de ríos y arroyos generan condiciones ideales para su multiplicación. A diferencia del mosquito, no se reproduce en agua estancada, sino en aguas corrientes, lo que vuelve ineficaces las estrategias clásicas de fumigación.
Las larvas se desarrollan adheridas a piedras y vegetación sumergida en ríos con movimiento constante. Por ese motivo, el combate del insecto adulto tiene bajo impacto y las acciones de control resultan limitadas. La prevención individual y la información se transforman, entonces, en las herramientas más eficaces.