Los deseos son conmovedores, como volver a ver el río, ir al cumpleaños de un familiar, visitar su club o pasar una tarde al aire libre. La historia del emocionante proyecto.
Una ambulancia amarilla comenzó a recorrer las calles de Rosario con una misión muy distinta de la habitual: llevar gratuitamente a pacientes con enfermedades terminales hasta aquellos lugares que desean visitar una vez más. Desde su puesta en marcha, ya concretó 11 viajes y tiene otros ocho pedidos en espera.
El proyecto se llama Ambulancia del Deseo y desembarcó en la Argentina en junio. Detrás de cada salida trabaja un equipo de 23 voluntarios, entre médicos, enfermeros, psicólogos, técnicos y bomberos.
No todos los pedidos implican grandes viajes. Algunos pacientes quieren volver a ver el río, asistir al cumpleaños de un familiar, visitar su club o simplemente pasar una tarde al aire libre.
Teresita es una de las personas que atraviesa la etapa final de una compleja enfermedad y llevaba mucho tiempo internada. Su deseo era regresar a la costa del río Paraná, donde había pasado algunos de los momentos más felices de su vida junto a sus hijos.
La ambulancia la trasladó desde Villa Gobernador Gálvez hasta Rosario. Siempre acostada en una camilla y acompañada por sus familiares, volvió a sentir el viento, tomó mate y permaneció durante un rato frente al agua.
El paseo continuó hasta el Monumento a la Bandera. Allí conoció la estatua de Manuel Belgrano, inaugurada después de la última visita que había realizado al lugar, y volvió a recorrer un espacio unido a sus recuerdos familiares.
“Nosotros primero escuchamos el deseo del paciente y después vemos cómo podemos hacerlo”, explicó Juan Manuel Gálvez, impulsor de la iniciativa. Antes de cada salida, el equipo analiza el estado de salud de la persona y organiza el traslado con sus médicos y familiares.
Gálvez, enfermero y bombero, conoció el proyecto en 2018, durante una capacitación realizada en España. Allí descubrió que existían ambulancias dedicadas exclusivamente a sacar por unas horas de la internación a personas que ya no podían trasladarse por sus propios medios.
La iniciativa original nació en 2007, en Róterdam, Países Bajos. El conductor de ambulancias Kees Veldboer trasladaba a Mario Stefanutto, un marinero con una enfermedad terminal, cuando le preguntó si todavía tenía algún deseo pendiente. Mario quería volver a navegar. Veldboer consiguió una ambulancia, pidió ayuda a un compañero y organizó un recorrido por el puerto. El paciente murió ese mismo mes, pero la experiencia impulsó la creación de la fundación.
Casi dos décadas después, el proyecto funciona en 22 países. En cada viaje, los pacientes reciben un oso de peluche llamado Mario, en homenaje al exmarinero que inspiró la primera salida.
Para instalar la filial argentina, Gálvez reunió a profesionales de la salud y recibió el acompañamiento gratuito de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario. La ambulancia que utilizan está cedida en comodato y la fundación se sostiene con donaciones.
Los pedidos pueden ser presentados por los pacientes, sus familiares o el equipo médico. Un comité evalúa si el deseo es posible y determina qué recursos serán necesarios para realizar el traslado sin poner en riesgo a la persona.
La ambulancia amarilla cuenta con oxígeno, medicamentos para el dolor y el equipamiento necesario según cada cuadro clínico. Los recorridos y la atención no tienen costo para las familias. Además, cada salida requiere comunicaciones con hospitales, permisos, personal sanitario y una planificación específica. “Esto es acompañar y ser parte de un momento tan grato para la familia y para el paciente”, resumió Gálvez.
La fundación pretende realizar al menos dos viajes semanales. Más de 100 personas ya se ofrecieron como voluntarias y existen grupos interesados en replicar la experiencia en Tucumán, Mendoza, Neuquén y Salta.