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Cadáver en la casa de Gustavo Cerati: confirmaron quién es el principal sospechoso del crimen

Los restos humanos hallados había desaparecido hace 41 años. Los investigadores avanzan en la investigación y manejan una hipótesis escalofriante.

El hallazgo de restos humanos enterrados en el jardín de un chalet en el barrio porteño de Coghlan, donde vivió Gustavo Cerati, reveló una historia que permaneció oculta durante más de cuatro décadas. Tras varios meses de investigación se confirmó que pertenecían a Diego Fernández Lima, quien desapareció en 1984 sin dejar rastros.

Tras la confirmación de la identidad de la víctima, ahora las investigaciones buscan conocer quién fue el asesino. Ahora todo apunta a un viejo amigo de Diego, Cristian Graf, que hoy tiene 56 años, como principal sospechoso de una “muerte violenta e intento de descuartizamiento”.

El caso, marcado por vínculos personales y un silencio prolongado, pone sobre la mesa interrogantes sobre la justicia y la memoria.

Una amistad desde la infancia que terminó en tragedia

Diego Fernández Lima y Cristian Graf se conocían desde el preescolar. Compartieron la misma aula en la Escuela Nacional de Educación Técnica (ENET) N.º 36 y eran inseparables para su entorno, al punto de ser reconocidos por sus apodos: “Gaita” y “Jirafa”.

Según un testigo clave que recientemente aportó información decisiva, esa relación cercana es central para entender cómo los restos de Fernández Lima terminaron en la casa donde vivía Graf.

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Los restos de Diego Fernández Lima, desaparecido en 1984, aparecieron junto a la casa donde vivió Cerati.

En 1984, Diego desapareció sin que se conocieran pistas firmes sobre su paradero. 41 años después, su cuerpo apareció enterrado en el patio trasero del domicilio que la familia Graf ocupó siempre, sin interrupciones. Durante todo ese tiempo, la propiedad permaneció habitada por los mismos dueños, mientras el crimen permanecía en absoluto silencio.

La investigación judicial, encabezada por el fiscal Martín López Perrando y con el apoyo del Equipo Argentino de Antropología Forense, determinó que la muerte fue violenta. Mariella Fumagalli, directora del equipo forense, explicó que el cuerpo presentaba una lesión en la cuarta costilla derecha compatible con un arma punzante y cortes en algunas articulaciones. Las marcas podrían corresponder a un intento de desmembrar el cuerpo, aunque también podrían haber surgido durante el proceso de entierro.

El hallazgo y la búsqueda de respuestas

El descubrimiento de los restos en un jardín urbano abre preguntas que la Justicia todavía intenta responder. Según Fumagalli, el lugar elegido pudo responder a la facilidad para excavar en tierra blanda, pero el motivo por el cual se escogió esa casa sigue siendo un enigma. La Fiscalía explora ahora nuevas líneas de investigación que incluyen entrevistas con antiguos compañeros de escuela y conocidos del club donde Fernández Lima jugaba al fútbol.

A pesar de la gravedad de los hechos, el tiempo transcurrido impide una condena judicial. El homicidio prescribió, lo que significa que incluso si se identifica al autor, no podrá recibir sanción penal. Sin embargo, la investigación continúa para reconstruir lo sucedido y brindar respuestas a la familia de la víctima, que exige saber cómo fueron sus últimos momentos de vida.

El testimonio reciente que vincula de forma directa a la víctima con el principal sospechoso podría provocar que integrantes de la familia que habita el chalet sean citados a declarar, ya sea como testigos o como imputados, por primera vez desde la desaparición.

Entre el dolor y la imposibilidad de justicia penal

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El caso genera una sensación de impunidad que no es nueva para quienes siguen de cerca crímenes antiguos. Solo en situaciones de desaparición forzada, cometidas por agentes del Estado, los delitos son imprescriptibles. En todos los demás escenarios, la ley impide juzgar penalmente después de un determinado plazo, aunque las investigaciones puedan continuar.

Para la familia de Diego Fernández Lima, este límite legal no reduce la necesidad de saber la verdad. Después de 41 años, el objetivo es reconstruir los hechos, entender el vínculo entre la víctima y el sospechoso, y desentrañar por qué su cuerpo permaneció enterrado en un jardín del barrio de Coghlan mientras la vida continuaba a su alrededor.

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