Anunció que el objetivo fiscal del 2026 bajará. El gobierno recauda menos y sigue bajando gasto, lo cual puede deprimir más la actividad.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) le tiró una soga al gobierno de Javier Milei. Le redujo de manera considerable las exigencias fiscales para el 2026 ante la evidente pérdida de recursos tributarios.
Según anunció el organismo, la meta de superávit de 2,2% para el 2026 se redujo a 1,4% d el Producto Bruto Interno (PBI), lo que implica un alivio de 0,8 puntos porcentuales.
Se trata de un alivio mas que importante ya que si bien en el primer trimestre el gobierno pudo cumplir con sus metas indicativas la realidad es para los otros 9 meses del año resulta casi inviable que pueda llegar al objetivo pactado en octubre sin generar una recesión.
Y es que el programa económico muestra problemas que no se previeron cuando se aprobó la última revisión. La economía no está creciendo como lo pronosticaron en el Gobierno.
En Casa Rosada se apuesta a que luego del segundo semestre baje fuerte la inflación y con ello se renueve la confianza en el modelo, lo cual traería aparejado una recuperación de la actividad. En última instancia, con mayor movimiento económico habría más ingresos para ARCA.
Pero no todo es tan lineal: para aprobar la última revisión el FMI tuvo que hacer la vista gorda en un área donde el gobierno no anda bien. A pesar de que el Banco Central compra dólares todos los días, las reservas no suben. El objetivo este año es terminar con u$s8.000 millones.
El mercado toma nota de ello. Y es que Argentina queda muy expuesta a un descalabro financiero global sin tener acceso a los mercados globales. El Banco Central compró mas de u$s5000 millones este año, pero las reservas subieron algo mas u$s500 millones. Y eso se debe a que con lo que adquiere se va pagando deudas.
Tendría que comprar más dólares, pero eso implica subir el tipo de cambio. Dicho de otro modo: tendría que devaluar. Si no incrementa el nivel de reservas resulta mas complicado que las calificadoras de riesgo mejoren la nota del país y el riesgo caíga.
El Centro de Estudios Políticos y Económicos (CEPEC) señala que el resultado fiscal de marzo conocido este jueves "confirma la continuidad del ancla fiscal como eje central del programa económico, aunque con matices relevantes en términos de calidad y sostenibilidad".
"El Sector Público Nacional registró un superávit primario de $0,9 billones y un superávit financiero de $0,5 billones, acumulando en el primer trimestre un resultado primario de 0,5% del PBI y financiero de 0,2% del PBI", dice el reporte
En ese sentido, aclara que "al excluir ingresos extraordinarios asociados a la privatización de activos (centrales hidroeléctricas del Comahue), el superávit primario se reduce a 0,3% del PBI, ubicándose levemente por debajo de los registros de primer trimestre de 2025 (0,5%) y primero de 2024 (0,4%), lo que sugiere una estabilización del resultado fiscal más que una mejora estructural".
En otros términos: al gobierno le cuesta mantener la sanidad presupuestaria y requiere de "comodines". No se han arreglado los problemas estructurales. No hubo una reforma del Estado, sino un recorte de gastos.
El CEPEC advierte que el superávit se está manteniendo en un contexto de caída de recaudación porque se sigue la regla de recortar en la misma proporción. Pero eso tiene límites: "El equilibrio descansa fundamentalmente en la compresión del gasto más que en una mejora estructural de los ingresos".
Y además, que "no se observa, por lo tanto, un impulso contra cíclico desde el frente fiscal, sino más bien una profundización del sesgo procíclico del ajuste".
Si el Gobierno no logra cambiar la tónica existe la posibilidad de que la actividad económica siga planchada, lo que a su vez afectará a la recaudación del IVA y del Impuesto a las Ganancias, los dos pilares de la coparticipación y expone a las provincias a contar con menos recursos de origen nacional.
Políticamente, ese escenario, puede tener consecuencias. Habrá menos gobernadores a colaborar con el gobierno.