El reconocido consultor francés fue una pieza clave para profesionalizar las bodegas locales y posicionar al Malbec en el mercado internacional.
El mundo del vino despide a una de sus figuras más determinantes. Este viernes se confirmó el fallecimiento de Michel Rolland, el enólogo francés que no solo revolucionó la industria vitivinícola global, sino que adoptó a la Argentina como su segunda casa, siendo una pieza clave en el posicionamiento internacional del Malbec.
La noticia fue confirmada en las redes sociales de la bodega Rolland. "Aún estaba lleno de energía, proyectos, planes de viaje. Puede ser que su corazón se vio abrumado por esa vida ajetreada que tanto amaba, por sus 55 años de arduo trabajo, sus viajes a todas la latitudes del mundo, su lado pasional y su vida de bon vivant", indicaron en un emotivo mensaje de despedida.
Y agregaron: "A él le hubiera gustado irse rápidamente, sin sufrimiento, sin secuelas; es la última sorpresa que nos dió: partir como una estrella fugaz".
También indicaron "que cada uno lo recuerde por su ingenio, su risa, sus arrebatos, a veces fugaces, su generosidad, su talento, su tenacidad para trabajar; fue un pionero en su profesión".
Y finalizaron indicando "qué vida magnífica vivió, como una aventura. Extrañaremos su entusiasmo y energía contagiosa, como su amor y su generosidad".
Rolland, nacido en Pomerol, Francia, falleció a los 78 años. Su vínculo con el país comenzó a finales de la década del 80, cuando llegó a Salta invitado por Arnaldo Etchart, y desde entonces mantuvo una relación ininterrumpida con los terruños locales.
A Michel Rolland se le adjudica haber profesionalizado la producción de vino en Argentina. Su visión técnica permitió que el Malbec pasara de ser una uva de consumo masivo a convertirse en un producto de exportación de alta gama.
Su influencia se extendió por todo el país, asesorando a decenas de bodegas y fundando su propio proyecto, el Clos de los Siete, en el Valle de Uco, Mendoza.
Su estilo, a menudo caracterizado por la búsqueda de madurez, concentración y el uso equilibrado de la madera, marcó una era en la enología contemporánea.
Aunque su enfoque generó debates en el sector, su capacidad para identificar el potencial de los suelos argentinos es reconocida unánimemente por sus colegas.
Más allá de su impacto en Sudamérica, Rolland fue un consultor de escala mundial, trabajando en más de 13 países y asesorando a cientos de proyectos vitivinícolas. Su laboratorio en Francia fue un centro de referencia para la innovación enológica.
En Argentina, su presencia fue constante. El enólogo solía pasar largas temporadas en el país, especialmente durante la época de cosecha, supervisando personalmente los cortes de sus vinos.
Su partida deja un vacío en una industria que, según los propios productores locales, no sería la misma sin su intervención y su apuesta por el potencial de los Andes.