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En un país sumido en una crisis política y económica, con una inflación anual de 114,3%, el índice de pobreza por encima del 46%, la educación no está exenta. Según un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación junto al Banco Mundial, en Argentina se necesitan al menos 24.202 aulas para garantizar la cobertura total en jardines de infantes del país.
El estudio sostiene que el mayor déficit se encuentra en sala de 3, donde hacen falta 17.399 aulas; mientras que en las salas obligatorias la deuda es menor: faltan 5.144 aulas en sala de 4 y 1.659 en sala de 5. “Esta cuenta pendiente impide que todos los niños y niñas argentinos aprovechen los múltiples beneficios de la asistencia al nivel inicial”, expresa el trabajo titulado “Importancia del nivel inicial: evidencia, costos y desafíos pendientes”, con autoría de Martín De Simone, Martín Nistal y Leyre Sáenz Guillén.
El documento ofrece una revisión de la literatura académica sobre la evidencia del impacto de las políticas de primera infancia, particularmente en el nivel inicial (de 3 a 5 años), en la Argentina, América Latina y el resto del mundo. Además, se analiza el costo que implicaría la cobertura total de las salas de 3, 4 y 5 a nivel nacional.
La construcción de jardines de infantes aumenta la asistencia a los mismos. Para estimar el costo de construir las aulas necesarias para que todos los niños y niñas de 3 a 5 años puedan concurrir al jardín, los autores tomaron dos escenarios.
El primero prevé que solo es necesario construir aulas y no escuelas completas (direcciones, baños, secretarias, etc.); el segundo supone que se necesita construir las escuelas completas. El primer escenario costaría 2,13% del gasto anual en educación consolidado entre la Nación y las provincias del año 2021, mientras que el segundo costaría el triple: 6,66% (2.118 millones de dólares). Esto equivaldría a incorporar alrededor de 521.000 alumnos por año al sistema educativo.
“La educación inicial es un derecho, pero sabemos que eso, lamentablemente, no suele ser suficiente para promover inversiones en el sector. En el documento mostramos que, además, la educación inicial es una inversión inteligente. Tiene retornos altísimos, tanto individuales como sociales, y tiende a beneficiar más a los más vulnerables. Si bien el costo de expandir la oferta de educación inicial no es menospreciable, se trata de una inversión que, con el tiempo, se paga sola”, explica Martín De Simone, coautor del informe.
La asistencia al jardín de infantes mejora los rendimientos en Lengua y Matemática en la primaria, aumenta las tasas de permanencia en la escuela, incrementa el número de años escolares completados, mejora la disciplina escolar, reduce las tasas de abandono, mejora la probabilidad de graduarse de la secundaria y acrecienta la probabilidad de matricularse en la universidad. Además, a largo plazo se asocia con una menor probabilidad de ser encarcelado y mayores ingresos en la adultez.
“Garantizar el acceso al nivel inicial de todos los niños y niñas redunda en mejores trayectorias educativas, aprendizajes más robustos y habilidades sociales más desarrolladas. Empezar temprano una educación de calidad genera un círculo virtuoso que da frutos a mediano y largo plazo. Por eso es tan importante invertir en el nivel inicial”, afirma Melina Furman, investigadora del CONICET y profesora de la Universidad de San Andrés.
Los estudios recomiendan focalizar la expansión del acceso en los niños de familias desfavorecidas, que son quienes más se benefician de una educación temprana de calidad.
“Actualmente, los países de la región enfrentan el desafío de asegurar la calidad de los servicios de cuidado y educación inicial que ofrecen, dado que los niños que acuden a ellos lo hacen durante sus primeros años de vida, un período crítico para el desarrollo de las capacidades. La inversión en servicios de cuidado y educación inicial de calidad es una política social que contribuye a favorecer la equidad y por eso que este informe presenta de manera amigable evidencia y costos para los hacedores de política es de alta relevancia e importancia”, asegura Florencia López Boo, economista líder de la División de Protección Social y Salud del BID.
Gabriela Fairstein, docente de UBA y FLACSO concluye diciendo que, “el informe evidencia la importancia de la educación y cuidados en la primera infancia, así como su interés político creciente, con datos alentadores sobre el aumento de la cobertura. Sin embargo, su impacto positivo radica no solo en el acceso sino en la calidad del servicio, dependiente especialmente de su institucionalidad y profesionalismo. Tres cuestiones pueden puntualizarse más allá de la construcción de aulas: la escasez y fragmentación de la oferta de 0 a 3 años, la consideración del rol de las familias en esta etapa y la imperiosa atención a la cualificación del personal en cuanto a formación y condiciones laborales”.