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García-Masilla enterró la aventura de 40 días que Santiago Caputo impulsó para la Corte Suprema

El jurista no le hizo caso a la Casa Rosada y no se quedó a resistir su designación por decreto después del rechazo del Senado. La derrota se cierne sobre el estratega presidencial y daña el vínculo con la Justicia.

La aventura que Javier Milei delegó en Santiago Caputo para completar la Corte Suprema terminó de derrumbarse este lunes, poco antes del mediodía, cuando el jurista Manuel García-Mansilla presentó la renuncia como ministro. Se la envió al Presidente, el mismo que lo había designado por decreto y en comisión 40 días antes, junto al juez Ariel Lijo, finalmente entrampado en la resistencia que generaba su pliego y su decisión de no renunciar al juzgado federal 4, tal como lo decidió la Corte, con García-Mansilla incluido.

El exdecano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral entró al máximo tribunal, nunca tuvo dictamen de la Comisión de Acuerdos del Senado ni los dos tercios necesarios para llegar. Por el contrario, Milei lo nombró junto a Lijo cuando faltaban pocos días para el arranque de sesiones ordinarias del Congreso, donde podría haber continuado el trámite que no prosperó desde el año pasado y que tampoco tuvo una inflexión durante el verano, ni siquiera con la inclusión del tema en el período de extraordinarias del Congreso.

Con esa debilidad estructural a cuestas, García-Mansilla entró a la Corte para reemplazar el lugar que había dejado Juan Carlos Maqueda. Lo hizo por la puerta del patio y la cerró de inmediato, sin dejarle a Lijo la posibilidad de ingresar. Para el magistrado el dilema era otro: la Cámara Federal le dio una licencia extraordinaria para aspirar a la Corte sin dejar el juzgado n° 4, pero el máximo tribunal la dejó sin efecto y lo obligó a renunciar al cargo para acceder al sillón que había ocupado Elena Highton de Nolasco hasta el 1 de noviembre de 2021.

Manuel García-Mansilla

Jaqueado por la designación por decreto y el revés de la Corte para la licencia, la candidatura de Lijo se fue deshilachando, a pesar de que el propio candidato se encargó en persona de buscar los votos. La autogestión dio sus frutos, pero no le alcanzó a sobrevivir a la sumatoria de errores que tuvo el oficialismo para defender su pliego. Aunque logró contar con un dictamen de mayoría de la Comisión de Acuerdos, con las nueve firmas necesarias, en el recinto obtuvo 43 rechazos, una abstención y 27 votos a favor, de los cuales 10 provinieron de Unión por la Patria, el interbloque tiene tres bloques representantes del panperonismo.

Lijo vivió el revés del jueves pasado desde su despacho en Comodoro Py y allí continuará, sin haber perdido más poder que una ambiciosa y fallida candidatura a la Corte. A García-Mansilla, el revés le tocó más duro, porque hirió de muerte sus cuarenta días en el cuarto piso del Palacio de Justicia. El jurista fue rápidamente incorporado, tuvo un dictamen cuando la tormenta ya arreciaba en su contra y la semana pasada tuvo 51 rechazos y 20 respaldos.

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García-Mansilla alcanzó a los dos tercios, pero en contra. En la Casa Rosada aseguraban que el cortesano podía seguir en el cargo hasta el 30 de noviembre, pero al día siguiente de la fatídica sesión del Senado, su colega, Ricardo Lorenzetti, dijo que él "nunca" habría aceptado ser designado en comisión y por decreto. Se amparó en la acordada que había firmado en 2016, desaconsejando al entonces presidente Mauricio Macri de hacerlo con Horacio Rosatti y Carlos Rozenkrantz. El fundador del PRO tomó nota después de haberlo hecho, reculó y mandó sus pliegos al Senado.

El mensaje de Lorenzetti sonó como una bomba en los cimientos frágiles de García-Mansilla, porque es el cortesano que le había recomendado a Milei la idea de sumar a Lijo. Quizás fue una factura porque le soltaron la mano al juez federal respaldado por Lorenzetti, pero sus palabras anticiparon que una parte del máximo tribunal prefería no tenerlo como vecino a García-Mansilla después del rechazo abrumador del Senado.

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Lijo fue una fórmula pensada por Lorenzetti. Se la ofreció a Milei, pero los articuladores políticos fueron el estratega presidencial Santiago Caputo y el secretario de Justicia Sebastián Amerio, considerado el ministro de Justicia "blue", por debajo de Mariano Cúneo Libarona, que detenta el cargo principal de esa cartera, aunque lo controla su segundo, que reporta directamente al asesor. "No fue mala suerte, fue impericia y soberbia", lamentó una alta fuente del oficialismo ante las consultas de LMN sobre el costo que deberá afrontar la dupla Caputo - Amerio de ahora en adelante.

El timón de los cambios sobre la Corte fue delegado por Milei a manos de Caputo. Sobre Lijo sostuvo que había hecho lo posible para lograr los votos, más allá de la autogestión del magistrado. Cuando dio por fracasadas las negociaciones en el Senado, jugó la carta de la designación por decreto y en comisión. Desde entonces pasó a la defensiva y rápidamente sumó un revés cuando fracasó la licencia de Lijo ante su negativa de renunciar al juzgado. Lijo se curó en salud, pero Caputo le soltó la mano y, al parecer, rompió el pacto promovido por Lorenzetti. Desde entonces la fragilidad de García-Mansilla se transformó en una afrenta para la Casa Rosada, en una pulseada para no perder una mano que venía muy difícil por los errores previos.

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Ariel Lijo, Javier Milei y José García Mansilla.

El jueves, durante la sesión, hubo mensajes de la Rosada para suspender la sesión. La vicepresidenta Victoria Villarruel no pudo conducirla porque estaba en ejercicio de la presidencia ante el viaje de Milei a Estados Unidos. La conducción del recinto la tuvo el presidente provisional Bartolomé Abdala, que analizó firmar un decreto para suspender la sesión. Abandonó la idea cuando constató que podía ser destituido sin poder impedir la marcha del recinto. Dicen que detrás estaba el pedido de Caputo, jugando hasta el final para postergar la caída del frágil cortesano, a quien el joven consultor le propuso la nominación en nombre de Milei.

El nivel de compromiso de Caputo con las dos fallidas postulaciones a la Corte, lo transforman en el mayor perjudicado de la derrota que afrontó el Gobierno con la renuncia del jurista. En el Senado, cuando defendió su pliego, dijo que no aceptaría una designación por decreto. Esa respuesta le jugó en contra porque finalmente aceptó todo lo contrario.

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En su renuncia, García-Mansilla dijo que fue tergiversado. También que había aceptado la polémica designación para garantizar que la Corte no cayera en la parálisis con 90.000 expedientes por tratar. Los argumentos llegaron cuando la derrota ya estaba consumada. Caputo seguirá siendo respaldado por Milei, aunque Karina, la hermana del presidente, no oculta sus diferencias.

Los tres son parte del "triángulo de hierro", pero hay uno de sus integrantes que, al menos por ahora, ha quedado desgastado por la corrosión de una negociación extensa con final accidentado. Tanto, que no habrá ningún movimiento para cubrir las vacantes hasta después de las elecciones legislativas del 26 de octubre.

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