Durante el Mundial 2026, Argentina fue blanco de constantes ataques. Tras la final ganada por España, la campaña no se detuvo y trepó a volúmenes increíbles.
El evento más grande a nivel global, volvió a ser el centro de la escena en todo el planeta. Cada cuatro años, la agenda mundial se detiene y gira en torno a lo que ocurre en los campos de juego de la Copa del Mundo, desde donde se disparan debates de todos los temas posibles.
Este año, Argentina dominó la escena, para bien y para mal. A diferencia de lo ocurrido en Qatar, cuando el mundo se encolumnó detrás de Messi con el deseo de que se corone, ahora se lo considera como el cabecilla de una banda de delincuentes ¿Qué cambió?
No se trata de hacer un análisis futbolístico porque, aunque se hagan los distraídos, el fútbol es política. Participar en el evento más importante del planeta te posiciona. Así lo entendió Uzbekistán que invirtió millones de dólares para promover el fútbol en su país como estrategia geopolítica para llegar a un Mundial.
O los miles de millones de dólares que invirtió EEUU para llevar el máximo espectáculo deportivo del mundo a sus tierras. Allí, Trump fue protagonista, incluso interviniendo en decisiones reglamentarias netamente futbolísticas como la roja al futbolista estadounidense Folarin Balogun (que luego la FIFA le quitó la sanción), si eso no es política…
Como todos sabemos, esto va más allá de lo que ocurre en un campo de juego. Si, es cierto que en nuestro país suelen reproducirse opiniones y comentarios racistas, xenófobos o fuera de lugar de referentes o de quienes ocupan lugares de poder, que poco hacen para contrarrestar la mala imagen que se intenta reproducir de los argentinos. De esos hay en todos los países, no es exclusividad nuestra.
Estos irresponsables no hacen más que alimentar ese discurso de odio hacia nuestro país, que en época de posverdad masificada por la era de las comunicaciones y redes sociales (con sus algoritmos que potencian el odio y las fakes news), lamentablemente se viralizan y los usuarios sin conocimiento de los pormenores (quiénes son, por qué lo dicen, con quiénes se identifican) pecan de ignorantes y comparten o republican.
La bandera de Malvinas fue la cereza del postre. Desde que empezó el Mundial, partido tras partido, compraron el discurso anglosajón y europeo. Con supuestos fallos arbitrales que favorecían al combinado argentino comenzó todo, pero eso no era más que parte de una ola iba creciendo.
A partir de ahí, todo lo magnificaron, desde un no saludo a un empujón, faltas en un campo de juego o que un equipo entero se quede mirando a su hinchada a modo de despedida mientras el otro recibe su trofeo. Nos quieren mostrar como malos perdedores, siendo los únicos que nos quedamos a la premiación cuando el campeón era otro, en 2014 y en 2026.
No vimos a todos los que defenestran a Argentina haciendo tanto alboroto por borrarle la roja a un jugador en una decisión inédita en un Mundial (más allá de si estaba o no bien expulsado), ni se escandalizaron cuando Bellingham le pegó al “colo” Barco en los festejos tras la victoria albiceleste sobre Inglaterra.
Ojo, no es solo con Argentina, porque a nuestros hermanos paraguayos le quisieron hacer lo mismo, cuando se plantaron a Francia con sus propias estrategias, acusándolos de sucios, de antifútbol, porque ellos eran "EL fútbol". Incluso el español Nico Williams había atacado en redes (y que muchos medios levantaron) al uruguayo De La Cruz por una falta que le generó una lesión, y también se viralizó, acusándolo de mal "colega".
En fin, a muchos les molesta más una canción futbolera, un gesto o una patada que una bomba en una escuela que mata a 100 niñas.
Que quieran adoctrinarnos y someternos no es una historia nueva, lleva más de 500 años. Antes, con armas, matanzas y conquistando nuestros territorios, hoy en una batalla cultural de la que el fútbol (y las redes) no escapa.
Nos tratan de animales o de poco civilizados, pero en nuestros festejos de 2022 le dimos la copa al utilero para que la levante, mientras ellos se la dan al Rey Felipe VI.
Quizás no entienden cómo vivimos esta pasión, como nos atraviesa y está bien. Para nosotros el fútbol es político y sabemos que nuestro enemigo es Inglaterra, eso explica la bandera de Malvinas. Con el resto, sólo gastadas y chicanas.
Desde el supremacismo europeo nos quieren dar lecciones, nos acusan de xenófobos y racistas, sin embargo, la historia no los deja bien parados.
En este rincón del mundo, siempre defenderemos lo nuestro, somos orgullosos de ser argentinos. Todo esto no hace más que demostrar que Argentina, es más importante de lo que quieren reconocer y eso nos une como pocas veces... quizás eso sea lo que más les molesta.
Coronados de gloria vivamos...
o juremos con gloria morir!!!