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Llegaron las Fiestas, y con ellas, una buena excusa para comer cosas que no solemos consumir durante el año. Que el vitel toné, que los tomates rellenos y la torre de panqueques; un rico espumante bien fresco, y como no podía ser de otra manera, una mesa dulce donde el pan dulce impone su reinado. Pero, ¿qué es lo que hace que este producto en base a agua de azahar no pueda faltar durante estas fechas? Tres emprendedoras neuquinas, Aylu, Belén y Carla, nos cuentan los secretos de la estrella de diciembre.
¿La fruta abrillanta ya fue?
Si bien la del pan dulce es una receta de la tradición colectiva y por lo tanto no es posible definir con absoluta exactitud su lugar y fecha de nacimiento, las investigaciones culinarias la sitúan en el siglo XIV en el norte de Italia, más precisamente en la región de Milán. A Sudamérica (además de nuestro país, Uruguay, Perú y Brasil también comen pan dulce), vino como muchas de las tradiciones de Europa: cuando millones de emigrantes italianos en el final de siglo XIX y la mitad del siglo XX cruzaron el Atlántico en busca de oportunidades en este continente.
Belén González tiene 33 años y trabaja en el rubro petrolero. Hasta que se decretó la cuarentena por la pandemia de coronavirus, ella se las ingeniaba para sumar un ingreso con su emprendimiento llamado Entre Hebras. El proyecto llegaba a los eventos –cumples bautismos y babies showers- con vajillas, teteras, difusores, pastelería y con sus tés en hebras. Pero cuando arrancó el aislamiento y no pudieron hacerse más reuniones decidió poner un freno y reinventrase. Así, comenzó a comercializar sus productos a domicilio: “Armé un catálogo dulce y funcionó sorprendentemente”, refiere Belén. Eso fue abril, para noviembre ya estaba envalentonada y decidió ofrecer panes dulces. “Todo este mes estuve vendiendo panes dulces; la verdad agradecidísima, ya he superado los cien y también me compraron un montón de budines y budines hamburgueses”, explica la emprendedora autodidacta de la cocina y a la vez apasionada de la misma. “Creo que más allá de cómo le sale a cada quien, si tuviera que decir algo de los míos, me baso en las devoluciones de las personas, y ellas me dicen que mi pan dulce es super esponjoso y que no escatimo en frutos y chocolate”, ríe. Con almendras, nueces y avellanas o todo junto, con el interior repleto de pepas de chocolate, y un exterior bañado en glasé, Belén presenta sus panes dulces de 600 gramos y hace promos por más de dos unidades. “La fruta abrillantada… bueno, ya fue”, dice y agrega que hizo una encuesta en redes sociales para saber qué les gustaría a los usuarios que tenga un pan dulce adentro y que un 95 por ciento respondió frutos secos en desmedros de las frutas de colores y que incluso le mandaban mensajitos para que no le ponga pasas de uva. “Yo no conocía las bondades de este producto hasta que empecé a hacerlo; voy a proponer que lo comamos todo el año; se lo merece”, concluye contenta.
El secreto del amor
A veces, cuando cocinamos tratamos de imitar un olor de la infancia, el gusto que sentimos cuando probamos algo que nos encantó y la textura que tenía el manjar al deshacerse en la boca. “Yo cuando cocino pienso en mis abuelas, con ellas empecé”, dice Aylén Guerrero, que con tan sólo 24 años, es periodista y pastelera. Hace cuatro o cinco años comenzó con el emprendimiento Aylén Guerrero Pastelería Artesanal, algo a lo que le dedica tiempo compartido con su otro trabajo. “Si bien el emprendimiento lo llevo adelante sola, tengo un equipazo que me ayuda, mirando lo que me hace falta, asistiéndome en lo que necesito”, comenta.
Este noviembre Aylén se vió sorprendida por la cantidad de pan dulces que tenía encargados y el apoyo de sus papás y de su compañero fue fundamental. “Les exploté la casa a mis viejos de olor a levadura; me ayudaron un montón; pesando los frutos, lavando los utensilios, pegando los stikers de mi emprendimiento”, explica la joven, quien tuvo mucho trabajo con un pedido de 60 panes dulces para una entidad. La opción que tiene la clientela de Aylén es de encargarlos y elegir la opción de nueces, chips de chocolate, glasé, baño de chocolate e interior de frutos secos o frutas abrillantadas. Sí, frutas abrillantadas. “Y… a mí no me gustan, pero he tenido algún que otro pedido con frutas abrillantadas”, dice sonriente. “El secreto que tienen mis productos es que están hechos con mucho amor. A mí me encanta cocinar, me desconecta completamente; en pandemia estuve dos meses parada y cuando volví, incorporé a la seguridad de la cocina, a lo que había aprendido en los cursos anuales de cocina y pastelería, todos los protocolos para neutralizar el COVID: santizar todas las áreas con alcohol 70-30, desinfección de bowls, espátulas y electrodomésticos sumado al uso de cofia, barbijo y delantal”, aclara.
Agua de azahar
“La pastelería me enseñó a cultivar la paciencia; algo que me costaba, ahora la sé volcar ahí”, cuenta Carla Sanhueza, de 29 años. Casualmente ella también es periodista, y por suerte para nosotros, como también ama la cocina, creó Momento Dulce, su emprendimiento pastelero. Empecé como un hobby, porque amigos y conocidos me pedían tortas, después hice el curso, después cursos específicos de macarrones y decoración y después comencé a ofrecerlos por redes sociales”, dice la emprendedora que está muy contenta con la repercusión que han tenido sus panes dulces en estas Fiestas. “Es la primera vez que los hago en mi vida; pero investigué e hice una propuesta de receta y fue muy bien recibida”, cuenta Carla sobre los panes que arma con la tradicional receta de agua de azahar y levadura, chocolates y les agrega frutos secos y glasé. “Originalmente no tenían frutas abrillantadas, pero dos personas me pidieron y les puse”, afirma.
Con la situación de pandemia que atravesaba el mundo y el país y la crisis económica, a Carla le costó mucho ponerle un precio a este comestible. “Cuando se iban acercando las Fiestas, se generó una cuestión alrededor en las redes, ´el pan dulce en cuotas´, decían las personas; porque claro, es caro. Pero bueno yo los hago de medio kilo, pero terminan siendo de 750 gramos y los vendo a 500 pesos”, relata. Sobre las nuevas medidas de sanidad a seguir, Carla agrega los protocolos a las pautas que ya tenía incorporadas como pastelera. “Me encanta ser periodista, pero amo la cocina; estoy muy contenta, en este rubro conocí gente, pasteleras, emprendedoras como yo que me recomiendan y que además me hacen pedidos”, finaliza sobre el solidario mundo del emprendedurismo neuquino.