RICARDO GALASSO galassor@lmneuquen.com.ar
Francisco Nicolás Monge se abraza fuerte a su pequeño hijo, Lucas Ezequiel. Lo sujeta con manos de hombre, aunque recién tiene 15 años. Lo aprieta firmemente contra su pecho, en el que reluce la flamante medalla de bronce que obtuvo la semana pasada en los Juegos Evita, mientras recibe a LMN para contar su historia.
A una edad en que los jóvenes empiezan a vivir la vida, el Huracán (su apodo pugilístico) sale a enfrentarla día a día. Con esta convicción se ligó al boxeo para construir un camino de ilusión. Es el primer deportista neuquino de los Evita, y tal vez del país, en competir con una paternidad asumida, un hecho inédito en la multitudinaria competencia que reunió en Mar del Plata a más de 20.000 jóvenes.
“No conocía esa ciudad, fue una experiencia muy linda que no voy a olvidar”, dijo quien nació el 6 de diciembre de 2001. “Me inicié en el boxeo a los 13. Me llevó mi papá, Sebastián. Me gustó el ambiente, me recibieron bien. Empecé a entrenar con Diego Egea y el profe Juan (Pizzo) en el gimnasio Furia Box", contó.
Monge, que llegó con tres peleas como amateur, se enfrentó a púgiles con 45 y 50 combates. En su rincón estuvo Emilio Verdugo. Le ganó a Jahir Daloi de Buenos Aires y al salteño Jesús Sánchez por puntos, y por la misma vía cayó ante el pampeano Mario Yanez, que, a juzgar por el desarrollo de la pelea, resultó injusto, privándolo de la medalla de oro. No obstante, y mostrando su costado humilde, señaló: “Para mí, gané. Pero bueno, los jueces vieron otra cosa. Suele pasar”, se resignó. Le gusta su apodo: "Me siento Huracán. Soy de ir al frente, buscar la pelea". Tiene como ídolos a Lucas Matthysse, al Chino Maidana y a Cotto. "Son boxeadores que siempre me gusta mirar”, comentó. Asume que en su adolescencia la droga le pasó cerca. "Me la ofrecieron, pero prefiero el deporte, que te abre puertas. También voy a una iglesia evangélica. Si no fuera por mi familia y la gente que me fue ayudando, no estaría donde estoy. Hoy tengo vida y salud", dijo con una sonrisa que no admite dudas. ¡Grande, pa!.
"El día a día es difícil"
"Lucas Ezequiel nació el 5 de agosto , recién tiene dos meses”, cuenta con orgullo y la inocencia propia de la edad Francisco Monge, quien asume la paternidad con naturalidad. “Fue algo hermoso”, dice con emoción, aunque reconoce que el día a día es complicado. "Es difícil porque no vivo con la madre, aunque nos llevamos bien”, aseguró. "Gracias a Dios, nació sano”, señala feliz, y destaca el apoyo de sus padres y de la familia de su ex pareja para sobrellevar esta situación. Ambos núcleos familiares son el sostén del niño, mientras Francisco divide sus tareas en ir a buscar y cuidar a su hijo y el boxeo. "Es algo difícil, pero se aprende todos los días", agrega sobre el rol de padre. En este espacio no figura, por ahora, la escolaridad secundaria. “La tuve que dejar por esta situación”, comenta, aunque su entrenador Diego Egea ya habló con él para que retome los estudios.
OPINIÓN*
Un muy buen proyecto, no tiene techo
*Diego Egea Entrenador de Francisco Monge en el gimnasio Furia Box, en La Sirena.
Francisco es un chico que tiene mucha pasión y mucho corazón. Le fascina el boxeo y, si por él fuera, estaría metido todo el día en el gimnasio. No tiene problemas en hacer doble turno. Arrancó conmigo a los 13 años y desde el primer momento que lo vi siempre supe que había nacido boxeador. Tiene algo especial. Es un muy buen proyecto para seguir apostando por él, porque no tiene techo. Le ganó al número uno y al número dos en su categoría con tan sólo tres peleas. Rivales que lo superaban en experiencia, ya que tenían entre 45 y 50 combates, e igual les ganó ampliamente. Tiene muchas condiciones y coraje, que es lo que hace falta ahí arriba. Tanto conmigo como con Juan Pizzo, el preparador físico, entrena a full. Aprendió mucho en poco tiempo. A su corta edad y con tan pocas peleas, apuntamos a seguir creciendo. Solamente tiene seis y el año que viene vamos a ver si lo metemos en algún torneo nacional para que siga creciendo. Tiene un corazón gigante, arrasa con todo. Por eso mismo lo apodé el Huracán.