Entre estepa y cordillera, se esconde un restaurante con más de 40 años, donde comer deja de ser un trámite en el camino y se transforma en parte del paseo.
En el oeste de Chubut, la ruta 40 deja por un momento de parecer una carretera interminable y entra directamente en Gobernador Costa, un pueblo patagónico asentado en el valle del arroyo Genoa.
Allí, la ruta se transforma en su avenida principal antes de continuar viaje hacia otros destinos del sur argentino.
La localidad fue fundada en 1925 y creció en una zona históricamente vinculada con la ganadería.
El entorno de este pueblo combina la amplitud de la estepa con serranías y la cercanía de la cordillera de los Andes, un paisaje muy distinto al de los bosques que suelen asociarse con la Patagonia cordillerana.
Se encuentra a unos 180 kilómetros de Esquel y funciona como parada natural para quienes recorren este tramo de la ruta 40, aunque vale la pena salir del camino principal y dedicar algunas horas a conocerlo.
Desde Comodoro Rivadavia, otro punto habitual de partida para quienes llegan a Chubut en avión, la distancia ronda los 400 kilómetros.
Entre los lugares para visitar en esta localidad de Chubut aparece el Museo Regional Valentín Saihueque, que reúne fotografías y objetos relacionados con antiguos pobladores de la zona y permite conocer parte de la historia de las comunidades que habitaron este sector de Chubut.
En su patio también hay una escultura dedicada al caballo criollo y al pueblo tehuelche.
Otra parada es el Centro Artesanal, donde se mantienen técnicas y trabajos vinculados con los pueblos originarios.
Allí pueden encontrarse piezas realizadas con lana, madera, cerámica y piedras, además de observar parte del proceso de elaboración de las artesanías.
Quienes prefieren salir del casco urbano pueden realizar caminatas y trekking por los alrededores.
Y a unos 90 kilómetros del pueblo se encuentra el Lago Azul, un pequeño espejo de agua inmerso en el paisaje patagónico que permite sumar una excursión más larga al recorrido.
Los equinos también ocupan un lugar importante en la identidad de este lugar.
Cada febrero se realiza la Fiesta Provincial del Caballo, con desfiles, jineteadas y actividades camperas que recuerdan la fuerte relación de esta zona de Chubut con la actividad ganadera.
Sobre esa misma avenida en la que se convierte la ruta 40 funciona una parrilla familiar que lleva más de 40 años convertida en un clásico entre los viajeros de la Patagonia.
Se trata de un comedor sencillo, de manteles de hule y platos con paisajes pintados, con aroma a cocina casera, que recibe por igual a camioneros, familias y turistas.
Entre ellos, son muchos los que ya la adoptaron como escala ineludible antes de seguir camino hacia la cordillera.
Su fundador, Alberto Delgado, conocido por todos como "El Petiso", falleció a mediados de 2026 con 90 años.
Fue desde siempre un personaje entrañable que formó parte esencial del encanto del lugar. Y que dejó allí un legado que continúa.
Cuentan que siempre mantenía una presencia discreta y entrañable en el local que construyó desde cero y se convirtió en un emblema de los viajeros.
Hoy, sus hijas continúan llevando adelante la parrilla y sosteniendo una cocina que, como el siempre dispuso, no negocia la tradición.
La carta no abusa de pretensiones. Tiene lo justo; lo que nunca falla; lo que no puede faltar. Se destaca la sopa que sirven como entrada, que sale de una olla de 20 litros.
Y el plato que hizo famosa a la parrilla es su churrasco; un corte jugoso, con la grasa dorada en los bordes, servido con ensalada mixta y papas al horno o hervidas.
A veces el menú suma pastas, polenta o algún antojo de las hijas, y los postres de rigor, con flan casero a la cabeza.
Muchos viajeros planifican su itinerario para llegar justo a la hora del almuerzo o la cena. Y los que van de turistas repiten que comer ahí es parte del paseo, y no un trámite en camino hacia algún otro lugar.
Cuando El Petiso murió, el propio gobernador de Chubut posteó en sus redes una idea que define lo que muchos piensan de él y de su parrilla.
“Hay personas que dejan huella en sus pueblos. ‘El Petiso’ Alberto Delgado era una de ellas”, escribió Ignacio Torres.