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En una zona protegida soltaron 15 ejemplares de un animal que había desaparecido y los resultados sorprenden

Los llevaron a varios humedales donde ya no se los veías y en apenas unos años hubo nacimientos, nuevas generaciones y desplazamientos espontáneos.

Un programa de reintroducción del coipo que arrancó hace apenas unos años en el noroeste de Santa Cruz empezó a mostrar resultados que superaron las expectativas de los propios investigadores.

Los primeros ejemplares de este roedor semiacuático nativo de América del Sur y con presencia en Neuquén y buena parte de la Argentina fueron trasladados al Parque Patagonia cuidadosamente desde lugares donde la especie todavía mantenía poblaciones saludables, con el objetivo de comprobar si podían volver a establecerse en sectores de los que habían desaparecido.

La sorprendente expansión

El balance indica que, entre las experiencias realizadas en Cañadón Caracoles y el río Pinturas, se translocaron en siete hembras y ocho machos.

Hasta el momento, el monitoreo que se inició luego de ese primer paso ya permitió identificar a más de 80 individuos distintos, contando nacimientos y nuevos ejemplares registrados con el paso del tiempo.

“Empezamos a ver cómo los propios coipos se desplazan y ocupan nuevos humedales sin que nosotros tengamos que intervenir directamente”, explicó Emanuel Jacquier, integrante del equipo de Parque Patagonia, en Santa Cruz, en diálogo con Ahora Calafate.

El coipo, un roedor semiacuático nativo de América del Sur que había desaparecido de los humedales de Parque Patagonia, en Santa Cruz.

Una de las señales más importantes apareció a unos tres kilómetros del sitio original de Cañadón Caracoles, en otro juncal donde también se realizan tareas de restauración.

Sin intervención humana

Hacia fines de 2025 llegaron coipos por sus propios medios, sin intervención de los técnicos, y en el invierno de 2026 permanecieron en ese sector durante los meses más fríos, algo que hasta entonces no se había registrado allí.

“Seguimos encontrando animales nacidos ahí y registrando individuos después de bastante tiempo. Este invierno, por ejemplo, volvimos a identificar animales que ya conocíamos junto con sus crías y juveniles nuevos”, señaló Jacquier.

En el río Pinturas, donde entre 2023 y 2024 se incorporaron otros siete ejemplares para reforzar la población existente, también se registraron nuevos juveniles durante el último verano 2026.

Un recorrido de 32 kilómetros

El seguimiento también reveló comportamientos que sorprendieron al equipo.

En general se esperaba que los animales permanecieran cerca de los sitios elegidos para su liberación, pero uno de los machos monitoreados llegó a recorrer 32 kilómetros.

“Pensábamos que algunos iban a permanecer bastante cerca de los sitios elegidos y tuvimos casos completamente diferentes”, explicó Jacquier.

Ese registro llevó al equipo a pensar el proyecto no como humedales aislados, sino como una red de ambientes restaurados que los propios coipos pueden volver a conectar.

Liberaron 15 ejemplares de coipo y entre 2023 y 2026 ya identificaron 80 en la zona, e inclusos algunos migraron a humedales cercanos.

Otra experiencia sumó un corral de presuelta con madrigueras artificiales, donde se mantuvo inicialmente a un grupo familiar antes de su liberación gradual.

En el invierno de 2026, con el congelamiento del ambiente, los coipos volvieron a esas estructuras y permanecieron allí. Ffue la primera vez que el equipo registró actividad durante toda la temporada fría en ese sector.

El humedal que hubo que recuperar

Antes de liberar animales, fue necesario recuperar el ambiente.

En la Estación Biológica El Unco, en Cañadón Caracoles, los equipos encontraron un humedal profundamente modificado por terraplenes, vertientes desviadas y canales artificiales construidos durante la etapa ganadera.

El juncal visible pasó de unas 8 hectáreas a cerca de 30 hectáreas luego de remover esas intervenciones y permitir que el agua volviera a ocupar sectores donde antiguamente permanecía. También se trabajó sobre especies exóticas, incluido el manejo del visón americano, depredador de fauna nativa.

El coipo, constructor del juncal

Recuperar la especie no busca solamente aumentar la cantidad de animales.

Este roedor semiacuático modifica físicamente el ambiente donde vive.

El cañadón del río Pinturas, en Santa Cruz.

Al alimentarse y desplazarse abre galerías dentro de los juncales, construye plataformas y madrigueras, y genera espacios por los que circulan el agua y la luz, aprovechados también por otras especies como la gallineta austral.

Un roedor voraz, nativo de América del Sur

El coipo (Myocastor coypus) es un mamífero roedor semiacuático nativo de América del Sur, ampliamente distribuido en la Argentina, donde habita humedales, ríos, arroyos, lagunas y bañados de distintas regiones, desde el Litoral hasta la Patagonia.

Es un herbívoro voraz que consume a diario vegetación acuática y terrestre, y cumple un papel ecológico relevante en el mantenimiento de los ecosistemas de humedales.

Por primera vez, en 2026 los coipos se quedaron a pasar el invierno en el Cañadón Caracoles, en Santa Cruz.

A pesar de su relativa abundancia en algunas zonas, la especie enfrenta amenazas como la caza furtiva por su piel, los atropellamientos en rutas y la tenencia ilegal en domicilios particulares, prácticas que autoridades y especialistas denuncian como maltrato y delito ambiental.

El próximo paso

“Creo que podemos hablar de una población que está dando señales de sostenerse por sí misma”, señaló Jacquier.

Y agregó: “Partimos de un lugar donde el coipo se había extinguido y hoy tenemos reproducción sostenida, distintas generaciones y expansión dentro del humedal”

El proyecto prevé ahora formar nuevos grupos familiares con animales nacidos en Cañadón Caracoles para recuperar otros humedales donde la especie había desaparecido, un cambio de etapa respecto del inicio, cuando todo dependía exclusivamente de poblaciones silvestres externas.

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