El crimen de Aníbal Cepeda suma detalles macabros. Creen que el asesino quiso dificultar su identificación, o usar los datos biométricos para acceder a cuentas.
La Policía de Santa Cruz continúa investigando el macabro crimen de Aníbal Cepeda, un jubilado de 72 años cuyo cuerpo apareció descuartizado en dos lugares distintos de Río Gallegos.
Según informaron fuentes policiales, se habría detectado el lugar en el que el o los homicidas desmembraron el cadáver de Cepeda, en una de las parrillas del complejo de departamentos de la calle Gobernador Moyano donde fueron encontrados los restos.
En un pozo ciego de ese conjunto residencial encontraron bolsas con partes del cuerpo del jubilado.
Pero las manos y la cabeza estaban en otra parte, también embolsadas, en un terreno ubicado a la vuelta de los departamentos, en Pellegrini al 500, según detalló el medio local La Opinión Austral.
El complejo habitacional está oficialmente custodiado por efectivos de Gendarmería Nacional, ya que se encuentra involucrado en una causa judicial y en manos de la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE).
Por la desaparición de Cepeda, aun antes de que se confirmara su homicidio, había sido detenido un sospechoso que conocía al hombre de compartir veladas en el sector de tragamonedas del Casino de Río Gallegos. Los investigadores no descartan que haya habido más personas involucradas en el asesinato.
Los resultados de la autopsia, por otra parte, podrían determinar la causa y el momento de la muerte del jubilado, y si fue torturado antes de que lo mataran.
El único detenido, Marcelo Félix Curtti, se entregó a la Policía durante el fin de semana último, después de que el Ministerio de Seguridad provincial difundió el alerta por averiguación de paradero de Cepeda.
El propio Curtti -que es bonaerense y se radicó en Río Gallegos después de cumplir una condena por robo y estafas en la cárcel de la capital de Santa Cruz- fue quien les brindó a los investigadores el dato a partir del cual hallaron los restos de la víctima.
Curtti siempre frecuentó el Casino y lo mismo hacía Cepeda, un “hombre tranquilo que no molestaba a nadie”, según testimoniaron otros clientes habituales de la casa de juegos.
En el lugar se hablaba de que el jubilado había cobrado una indemnización cercana a los 200 millones de pesos, que le debía la compañía petrolera en la que había trabajado.
De acuerdo con las versiones, el propio Cepeda contó que le habían pagado esa suma. El móvil del dinero es la principal hipótesis que actualmente sostienen la Justicia y la Policía, aunque por el momento no se descarta ninguna posibilidad.
En cuanto al motivo por el cual la cabeza y las manos de la víctima aparecieron en otro lugar, en Río Gallegos hay en principio dos teorías.
Una, que el asesino intentó, de manera burda y apresurada, evitar que fuesen identificados los restos abandonados en el complejo edilicio, en el caso de que los hallaran. La otra, que intentó acceder a las cuentas de Cepeda a través de medios electrónicos utilizando sus huellas dactilares y datos biométricos como el reconocimiento facial.