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El descuartizador de Oro entre sombras y tormentos

Carlos Carrasco es un enigma para la salud mental. La última pericia advierte un cuadro de riesgo, pero la sospecha de que simula sigue latente. Nos sumergimos en un sombrío territorio.

El descuartizador de Fernández Oro, Carlos Andrés Carrasco, entiende perfectamente la criminalidad de sus actos por lo que no hay dudas respecto a su condena, aunque sí de su estado mental que se mece entre un trastorno esquizo-paranoide y la simulación. El límite es difuso y muy peligroso porque hay voces, monstruos y demonios que lo atormentan y ponen en riesgo su vida y la de terceros.

El Estado solo lo mantiene en una celda aislado y sin tratamiento, lejos de respetar la ley que garantiza que lo único que pierde una persona con la condena es su derecho a deambular libremente.

Hallazgo macabro

El 3 de octubre de 2015 la localidad rionegrina de Fernández Oro quedó conmocionada por el macabro hallazgo que se produjo en una humilde vivienda ubicada en Lucinda Larrosa 432 del barrio Matadero.

Juan Antonio Martínez Parra, de 79 años, fue encontrado descuartizado y oculto en bolsas de cal distribuidas distintos sectores de la vivienda.

Su nieta había concurrido esa mañana a limpiar la casa, pero como la puerta estaba cerrada con candado ingresó por la ventana.

La joven no tardó en entender que algo raro pasaba, la gorra y el tabaco que su abuelo llevaba siempre consigo estaban en la casa.

Buscó entre las cosas y advirtió que faltaban los comprobantes de unos plazo fijos que tenía el abuelo y que lo ayudaban, junto con dos habitaciones que alquilaba, una de ellas a Carrasco, a sobrevivir a la jubilación mínima.

Una mancha de sangre disparó la alerta y lo terrible pasó como un fantasma sombrío por su cabeza, pero eligió “no pensar en lo peor” y salió junto a su esposo a buscar al abuelo por los lugares que solía frecuentar.

Finalmente, a las 14, ya habían recorrido todo Fernández Oro y solo quedaba dar cuenta de la desaparición a la Policía.

Tres efectivos de la Comisaría 26 acudieron a la vivienda y al observar manchas, que a golpe de vista, eran de sangre, optaron por perimetrar la casa.

A cada paso que daban peritos de Criminalística se sumaba un indicio más y el horror parecía inminente.

Pequeñas manchas en el pasillo, en la habitación de Martínez Parra una gran mancha cubierta con tierra y un hacha con sangre fueron el preludio.

Caída la tarde del 3 de octubre, Candela, una perra entrenada para la búsqueda de personas, marcó la pared que linda con el vecino y luego la letrina de la vivienda.

Los investigadores resolvieron convocar a los bomberos porque contaban con perros entrenados para rastrear cadáver. Los animales iban de un lado a otro pegados a la medianera.

Con la caída del sol, se resolvió suspender la búsqueda y la vivienda del jubilado quedó consignada.

A primera hora del 4 de octubre y acompañados por el juez instructor, para que autorice todo lo necesario sin pérdidas de tiempo, retomaron la inspección en la casa.

El subcomisario Palma sabía que tenía que indagar qué pasaba en esas paredes que habían marcado los canes.

Palma subió al techo y descubrió que entre la medianera de Martínez Parra y la del vecino había un recoveco de unos 20 centímetros en cuyo interior se observaba unas bolsas de cal.

Para un pesquisa bien adiestrado, la cal dice mucho.

La charla con el juez fue muy expeditiva, por lo que comenzaron a derribar la medianera.

Así quedó reflejado en las actas y en la sentencia el hallazgo: “Encuentran un torso humano repartido en dos bolsas, otra bolsa con muslos de pierna humana. Van a la otra habitación y sacan otras bolsas de cal que tiene los brazos y las piernas y así van armando el cuerpo. En la letrina, se rompe el techo y sacan la cabeza”. En total, fueron nueve partes.

Luego, se realizó una pericia de rigor para establecer la identidad. Para ello, se tomó el pulgar del dedo derecho y se lo comparó con la huella digital del DNI de la víctima. El cotejo fue positivo. El hombre descuartizado era Martínez Parra.

No hubo dudas de que la vivienda había sido la escena del crimen.

Mecánica de muerte

En cuanto a la forma en que se produjo el ataque y la muerte, los especialistas explicaron: “Martinez Parra se encontraba descansando cuando entró intempestivamente el agresor. La víctima se sorprendió e intentó levantarse, pero el imputado le propinó dos golpes con un martillo (en la cabeza). Para asegurarse el resultado de muerte, le propinó cinco punaladas (en el torso). Tomó el cuerpo, lo arrastró hacia el pasillo, alli produjo su desmembramiento, lo puso en bolsas de cal y lo tiró detrás de la pared. Luego limpió toda la escena”, describieron los jueces el fallo.

Para dicha reconstrucción fue vital el análisis de las manchas de sangre ya que permitió comprender cómo fue la mecánica del ataque.

La causa de la muerte que establecieron los médicos forenses, tras la autopsia, fue contusión y hemorragia producida por traumatismo de cráneo.

El martillo y el hacha utilizados para dar muerte al jubilado fueron encontrados en la vivienda. El hacha tenía el perfil genético del abuelo, mientras que el martillo mantenía en su mango el ADN del autor.

Vagando por las calles

Tras el hallazgo del cuerpo, los dos inquilinos quedaron bajo sospecha. Uno de ellos estuvo en el lugar a disposición de la Policía y contó que Carrasco tenía problemas con Martínez Parra. Primero, porque no le paga el alquiler y segundo, porque hacía reuniones hasta tarde que molestaban al jubilado. De inmediato, el juez ordenó la cacería de Carrasco y libró siete ordenes de allanamiento.

Los policías llegaron hasta la casa de una joven que se estaba viendo con el joven buscado. La mujer confió que le había entregado una mochila y le pidió que se la cuidara, pero que no la abriera.

Ante la presencia del juez y la policía, la joven entregó la mochila y en ella encontraron una pequeña carpeta con todos los documentos bancarios de la víctima y el DNI. Además, había un cuchillo con sangre, luego se encontraría el ADN de Martínez Parra y Carrasco en dicha arma blanca.

Mientras, el presunto asesino era buscado intensamente por la Policía, el vagaba por el centro de Fernández Oro. Cuando lo ubicaron, quiso escapar corriendo, pero se lo detuvo a los pocos metros.

A todos los elementos de prueba que habían reunido, se sumó las zapatillas de Carrasco que tenían sangre de la víctima.

Para los investigadores todo estaba resuelto, incluso descubrieron que el abuelo tenía en plazo fijo un millón de pesos, por lo que el homicidio “criminis causa” era la hipótesis más fuerte.

Es decir, Carrasco asesinó a Martínez Parra para ocultar otro delito, el robo.

Pericia clave

A la hora de avanzar en el caso, para llevar a Carrasco a juicio se debía demostrar que no era inimputable, estrategia que adoptó rápidamente el defensor particular.

La inimputabilidad es un concepto jurídico, por lo que es esencial determinar si el agresor pudo decidir y comprender los hechos. Para ello, además de las pericias forenses había que analizar las conductas del imputado de acuerdo a las pruebas que figuraban en el expediente.

El forense Blanes Cáceres emitió un dictamen tras entrevistar a Carrasco donde dejó en claro: “simula patologías”. Esto fue comprendido por la querella como una clara muestra de conciencia reflexiva para tratar de engañar al perito y ponerse en una mejor situación procesal.

Carrasco también condujo su relató a una zona donde daba a entender que no comprendió lo que hizo.

Pero durante el juicio, los querellantes Oscar Nivella y Graciela Demiz realizaron un certero análisis de la conducta de Carrasco que terminó dando por tierra con la búsqueda de inimputabilidad.

“El imputado durante toda la ejecución del delito estuvo organizado. Antes del hecho se procuró las herramientas para ejecutar la tarea, consiguió el hacha prestada y las bolsas de cal. Todo lo previó de antemano”, detalló la querellante.

“Eligió el momento oportuno porque sabía que estaban solos, le pegó en la parte más vulnerable del cuerpo humano. Luego sustrae los papeles del plazo fijo y el DNI. Hay una secuencia temporal organizada de actos que descarta la inimputabilidad. Posterior al hecho procede al desmembramiento, lo oculta en cal sabiendo que esto frenaba el proceso de descomposición y lo arroja a un lugar de difícil acceso, eso denota cierta inteligencia”, resaltó la letrada.

Pese a que hay claros vestigios de conciencia forense, su actuar desde la inteligencia criminal fue precario.

Analicemos. Robó certificados de plazo fijos que no le garantizaban el cobro. Utilizó de escena del crimen y lugar de descarte del cadáver la casa de la víctima donde él también residía. Era imposible pensar que los investigadores no fueran a sospechar de él.

A esto se suma que lejos de escapar, apareció caminando por pleno centro de la localidad mientras la Policía lo buscaba. Su proceder criminal es insolvente.

Por todo esto, resultó evidente Carrasco comprendió lo que hizo, pero su salud mental no deja de presentar grietas dignas de análisis.

El descuartizador de Oro

Condena

El 19 de abril de 2017, la Cámara Primera en lo Criminal de Cipolletti inició el juicio a Carrasco y se conoció públicamente los detalles atroces del macabro homicidio de Martínez Parra.

En la sala de audiencia se conoció que durante el periodo de detención de Carrasco había sido atacado en el penal 2 de Roca y producto de un puntazo perdió el ojo izquierdo por lo que estaba tenía un parche.

El defensor Pablo Barrionuevo volvió a la carga solicitando una nueva pericia, aludiendo que el imputado habría actuado en un estado de total enajenación, a lo que se negó tanto la fiscalía como la querella.

El juicio sirvió para ratificar el derrotero de todo lo que se obtuvo durante la investigación, no mucho más.

Finalmente, el 5 de junio de 2017, los jueces Julio Sueldo, Alvaro Meynet y Alejandra Berenguer rechazaron los planteos de nulidad y de inimputabilidad, condenando a Carlos Carrasco a la pena de prisión perpetua.

La defensa del condenado fue en queja a la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

A la espera de que la condena quedara firme, se venció el plazo legal de detención, que era de tres años y seis meses.

Esto permitió que en junio de 2019 se abriera una ventana para que Carrasco saliera de la cárcel y quedara con prisión domiciliaria.

A sabiendas que no podían negarse por una cuestión legal, el Tribunal interviniente diseño una trampa infranqueable.

Entre los requisitos para la excarcelación se estableció: fijar domicilio en Cipolletti, en una ubicación que garantice la conectividad del dispositivo GPS, someterse a la colocación de una tobillera para conocer su ubicación en tiempo real y presentarse todos los días en la Oficina Judicial y la Comisaría más cercana.

Además, le impusieron una caución real de 400 mil pesos, si no los pagaba no le daban la domiciliaria. La suma en ese entonces era imposible para familia de Carrasco salvo que surgiera de las sombras un mecenas que estuviese dispuesto a cubrir semejante monto. Por ese entonces, un auto 0 kilómetro base rondaba los 270 mil pesos.

Pese al monto a la trava legal, la querellante Graciela Demis volvió a la escena pública y afirmó que si le daban la excarcelación “desaparecerá para siempre del alcance de la Justicia”.

Estaban en ese debate, cuando en diciembre de 2019 la Corte Suprema rechazó la queja del defensor de Carrasco por lo que la condena quedó firme y hasta el Superior Tribunal de Justicia de Río Negro respiró aliviado.

Psicosis

Criminales como Carrasco, suelen terminar tras las rejas olvidados y sin ningún tipo de tratamiento resociabilizador o terapéutico.

La defensora oficial, Silvana Ayenao, quedó bajo la tutela legal del descuartizador de Oro tras ser trasladado al penal 1 de Viedma.

La letrada insistió con la asistencia de profesionales de la salud mental porque el panorama en el que encontró al interno era bastante lúgubre.

Carrasco temía a los hombres, veía en ellos “monstruos y demonios”. De hecho, tuvo un incidente el 26 de agosto de 2021 en el cual atacó a un celador con una lanza.

Un psicólogo que lo asistió durante algunos episodios, dio cuenta de un cuadro esquizoide paranoide con claras alteraciones de la realidad.

Ante este escenario, Ayenao gestión una pericia. Fanny Mancini, psicóloga de la Universidad Nacional del Comahue y forense de la Universidad de Buenos Aires, mantuvo una serie de encuentros con Carrasco.

En septiembre de 2021 estuvo lista la nueva pericia que resultó clave para la defensora. Se determinó que Carrasco tiene una personalidad piscótica con un trastorno mental esquizo-paranoide, con la “presencia de ideas delirantes y alucinaciones visuales y auditivas”, reza el texto de la pericia.

En cuanto a las “ideas delirantes persecutorias” se destacó que “a los hombres los ve como monstruos que lo quieren dañar, por lo que reacciona defensivamente”.

Además, la psicóloga detalló en su informe que Carrasco tiene un historial de policonsumos de sustancias psicoactivas, como así también de intentos de suicidios.

En un contexto de encierro sin tratamiento, advierte que “está expuesto al daño contra sí y contra terceros. Hay un riesgo cierto e inminente”.

Por todo esto, la defensora pidió que lo sumen al programa Prisma, que está destinado a presos con patologías psiquiátricas donde deben ser asistidos por especialistas en un contexto de encierro distinto.

A la fecha, la Justicia no ha dado pie a esta solicitud de la defensora oficial, aunque sí lo trasladaron de vuelta al Penal 2 de Roca para poder recibir visita de familiares.

El descuartizador de Oro

La voz del descuartizador

LMN dialogó con Carrasco mediante Zoom, ya que la justicia rionegrina no accedió al pedido que realizamos para poder entrevistarlo en el Penal 2 de Roca. La excusa judicial, fue que no podían garantizar nuestra seguridad, un absurdo.

“En mi condena es la primera vez que la estoy pasando tan mal. Estoy durmiendo en una celda de dos por uno, con un colchón en el piso, sin baño, aislado del resto por resguardo físico. En ese lugar donde me tienen encerrado, no me dejan salir al patio. Desde que llegué estoy pidiendo el traslado. Ya he reclamado y hasta hice huelga de hambre, pero no tengo respuestas”, contó Carrasco.

Ahora, atravesamos una zona difusa entre la simulación y los rasgos equizo-paranoide.

“No puedo vivir en ningún pabellón porque está peligroso para mí, recibo amenaza de los internos cuando voy a población. La provincia no tiene donde atender a internos como yo que necesitamos tratamiento por esquizofrenia”, explicó el descuartizador.

A la hora de hablar de su crimen, dio un argumento poco creíble cuasi delirante.

“Estoy preso por matar a un hombre que quería violar a una nena y me quería matar a mí.

El día del hecho sufrí un brote psicótico, me vi obligado a darle muerte. Ocurrió todo muy rápido. No denuncié porque quién me iba a creer que un abuelo iba a hacer eso. Además, me tenía siempre encerrado en el terreno”, contó el hombre que afirmó: “yo no lo veía como un abuelo, lo veía como un monstruo”.

En cuanta al crimen contó: “hice algo horrible. Cuando le tuve que darle muerte no sé cómo hice, pero me acuerdo que rezaba mucho, le pedía mucho a Dios. No sé de dónde saqué tanta fuerza. Después que le pegué con el martillo, comenzó la hemorragia interna, automáticamente me acordé que la nieta lo iba a venir a visitar y no quise dejarlo tirado para que la nena no se asustara. Ahí tomé la decisión de ocultarlo, pero como no entraba en el lugar que quería esconderlo, que era una medianera de unos 15 a 20 centímetros como mucho, decidí cortarlo. Después lo tuve que pasar por arriba del techo y ahí lo pude esconder. Esto es algo con lo que tengo que lidiar, pero gracias a Dios no me perjudica ni me molesta, pero es algo horrible”, reconoció Carrasco.

En el penal de Roca, el descuartizador de Oro es todo un fenómeno para el resto de los presos. “Me viven preguntando cómo fue que lo hice. Se burlan, hacen chistes de mal gusto y me amenazan con un cuchillo o una faca. Yo no quiero hablar de eso”, señaló.

Dentro del submundo carcelario, Carrasco es un preso con “poca visita”, esto significa que tiene escazas posibilidades de que le lleven dinero, comida, cigarrillos o drogas, elementos que se utilizan como moneda de cambio dentro de los pabellones.

“Yo no dejo que mi familia venga a este lugar, esto es un infierno. Hace meses que no veo a mi familia. Yo extraño mucho a mi abuela. Ella estuvo en todos los calabozos y los pabellones donde yo anduve. Siempre me acompañó, pero ahora no puede venir, tiene 71 años. Además, cómo la voy a hacer venir acá, si es un sitio horrible”, afirmó el asesino condenado.

En cuanto a sus intenciones suicidas aseguró: “yo sufrí mucho de chico. Tuve varios intentos de suicidio, incontables. Ahora, de más grande y por los lugares donde estoy (la cárcel) cuanto tengo esas ideas de matarme, trato de acordarme de mi abuela y de mi familia. Eso me permite pensar que tengo que seguir aguantando”, concluyó Carrasco.

Si simula o sufre un trastorno mental es algo que deben definir los especialistas. Lo cierto es que ya está pagando por su aberrante crimen y el estado debe garantizarle un tratamiento, incluso se puede arbitrar la forma de hacerle una junta médica para determinar efectivamente cuál es su situación mental y no esperar a que ocurra alguna fatalidad o que en 2028 puede acceder al beneficio de las salidas transitorias representando un riesgo para la sociedad. El momento para intervenirlo, es ahora y lo exige la ley.

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