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Tras recorrer 50 kilómetros, llegó a una humilde vivienda de un barrio complejo de Allen. Empuñando una amoladora, con mameluco, borcegos y una gorra que le cubre el pelo cano, aparece un hombre que me saluda por mi nombre. Lo miro fijo y advierto por sus ojos verdes que es Gastón Ceferino Gaetti, uno de los forajidos más temerarios de la región que participó en andanzas de alto calibre a principios de este siglo y fugas que dejaron en ridículo al sistema penitenciario.
El Gaetti con el que me encuentro no es ese joven vertiginoso y enfierrado que andaba de reviente en reviente. Este Gaetti está calmo, es padre de tres hijos y abuelo. Es un tipo de 44 años, educado, y no tiene incorporada la jerga tumbera pese a que lleva más de 15 años en prisión.
Trabaja desde hace un mes en el taller que montó en la casa de su madre y agradece haber podido acceder al beneficio de la semilibertad, y pese a la crisis económica que atraviesa el país, señala: “Gracias a Dios, trabajo tengo y me estaría faltando tiempo. Me han encargado muchas cosas: sillas, mesas ratonas, estanterías, un bajomesada. Al estar acá, se hace más rápida la rueda”.
Desde que accedió al beneficio que estipula la ley 24660 de progresividad de la pena, de lunes a viernes Gaetti sale a las 10 de la U11 y regresa a las 22. Además, cuenta con dos salidas transitorias al mes, que las realiza domingo por medio.
Mientras construye una silla, vamos charlando y repasando algunos aspectos de su vida. La madre, una mujer curtida y con unos ojos celestes brillantes, nos acompaña con algunos mates y un pan relleno caserito que preparó para la ocasión.
“En mi juventud, quemé muchas etapas haciendo cosas delictivas que tuvieron mucha repercusión en la sociedad y en la Justicia”, admite de entrada, haciéndose cargo de su pasado y de su fama.
“Yo era un pibe futbolero que laburaba en las chacras con mi vieja para la cosecha y recolección. Mis amistades eran de acá del barrio. Me metí a la delincuencia para experimentar. El ser humano viene a esta vida a experimentar. Para Dios, nosotros somos un laboratorio. Venís a la tierra para hacer las cosas bien y mal. Yo arranqué mal, pero bueno, ahora las estoy haciendo bien”, explica.
“Se me fue una parte de la vida, la juventud, como agua entre los dedos. Nunca quise llegar a lo que llegué, pero nunca medí la peligrosidad de las cosas en las que me estaba metiendo. Me subí a un cole del que no me podía bajar y cuando me quise bajar, estaba muy lejos de salir. Entonces, cuando se me daba la oportunidad de escaparme, me escapaba, ¿qué otra cosa podía hacer?”, resume el forajido devenido en carpintero.
“Cuando delinquí, lo hice contra el que tenía, pero no es una justificación eso. Sé lo que está bien y lo que está mal”, cuenta Gaetti, consciente de que los hechos que cometió no lo ponen ni por asomo en el lugar de Robin Hood.
De esos años violentos que asegura haber dejado atrás, Gaetti asume que nunca delinquió drogado y afirma: “El robo a Camuzzi en Cutral Co (el 15 de marzo de 2001), puntualmente el tiroteo con la Policía, fue lo que me crucificó a mí. Herí a dos policías y justo estaba el fiscal (Santiago) Terán, que me persiguió hasta arruinarme”.
En resumidas cuentas, el robo a Camuzzi fue de manual. Entraron armados, redujeron a todos los que estaban en la oficina y se alzaron con dos mil pesos.
La huida la hicieron a pie, por lo que el aviso de un vecino bastó para que la Policía accionara. Gaetti fue alcanzado en el barrio Unión y abrió fuego con una 9 milímetros contra los policías a los que hirió y a uno casi lo ejecuta en el lugar.
“Yo recibí dos tiros. Uno en una pierna y el otro el brazo izquierdo a la altura del codo”, detalla Gaetti, y se sube la manga del mameluco azul para mostrarme la herida.
El proyectil le desintegró el codo, por lo que le tuvieron que poner un par de clavos cruzados que su organismo rechazó y finalmente le colocaron una chapa con cuatro clavos que en el último tiempo le ha comenzado a supurar, tras 21 años. “Tengo que ir a que me lo saquen”, dice.
En ese atraco, Gaetti tenía 18 años y terminó huyendo herido y todo para caer desangrado en el barrio 25 de Mayo.
El fiscal de ese entonces Santiago Terán, fiel a su estilo, lo persiguió hasta conseguir que le dictaran una condena de 18 años de prisión por robo calificado en poblado y en banda, y dos cargos por tentativa de homicidio. Luego, le darían otra condena por la misma causa, algo que roza la inconstitucionalidad.
A partir de ese robo, la vida criminal de Gaetti se aceleró y creció como una bola de nieve. Fue así que alternó vértigo entre atracos y fugas.
Participó en un robo en Córdoba, donde quedó bastante tiempo detenido. Al volver para ser notificado por una causa en la región, se terminó escapando y participó de otro robo de película al estudio contable de Carlos De Antoni en Cutral Co.
A su vida de forajido le sumó una doble fuga del penal de Roca, una de ellas escapando por la puerta de acceso principal, lo que dejó en ridículo a los penitenciarios rionegrinos. Pero de ese episodio, Gaetti no habla; conoce los códigos y los respeta pese a los años que pasaron. Solo podemos asegurar que esas fugas fueron arregladas. Si hay algo absoluto es que las fugas no se hacen sin ayuda interna. También es sabido que demostrarlo, a los fines legales, es imposible.
Su aventura criminal siguió con un robo en Chile que se desmadró y terminó con un empresario de la madera asesinado. Gaetti volvió al país escapando de los carabineros.
“En 2009, recuerdo que íbamos a un atracar una empresa de cobranzas en el centro de Cipolletti y nos agarraron antes de entrar al lugar. Los policías del Bora, que medían tres metros y estaban todos muy bien preparados, nos trataron con mucho respeto”, cuenta Gaetti, y aclara que el resto de los policías por lo general los molía a palos.
De Roca lo trasladaron a la cárcel de Choele Choel y el abogado que tenía en ese entonces, Jorge Crespo, el actual procurador de Río Negro, lo fue a ver y le explicó la situación con tal claridad que no le quedó más alternativa que tomar una decisión de vida.
“Recuerdo que se sentó a hablar conmigo como si fuera un amigo y me dijo ‘rescatate’”, revela Gaetti.
En ese entonces, todas las cartas que tenía sobre la mesa eran malas. En la región había idea de subirlo al sistema federal, lo que lo iba a llevar a que lo pasearan por las distintas cárceles del país. De Chile estaban pidiendo la extradición para juzgarlo por el golpe al empresario.
“Crespo me puso sobre la mesa los tres caminos que tenía para tomar: fugarme, ser extraditado a Chile o cumplir condena en Argentina. Y me aclaró que, si me escapaba, por más que me fuera a la luna, los chilenos iban a conseguir un cohete para irme a buscar. Así que sabía que fugarme no me convenía porque me iba a comenzar a perseguir la Interpol y de seguro terminaba preso en una cárcel de Chile lejos de mi familia”, resume.
“En ese momento puse el freno de mano y ahí rechacé una oferta para fugarme y acepté mi condena, que dentro de todo lo malo que tenía para elegir, era lo mejor porque estaba en mi país, cerca de mi vieja y mis hijos”, detalla.
“Ahora estoy cambiado. Ya sé lo que es el infierno. En la cárcel nunca me tiré a que me medicaran o a drogarme, y nunca me hice un tatuaje. En los años de condena que llevo, el Gabinete Criminológico solo me vino a ver las veces que yo pedía algún beneficio. De hecho, no me creían que en más de 15 años de prisión yo no consumiera psicofármacos y no tuviera ningún tatuaje de nada. Yo les explicaba que demasiado cartel tenía como para hacerme yo más cartel. Es más, no hallo cómo hacer para sacarme este cartel”, señala Gaetti con una sonrisa.
Luego, hace una pausa y desarrolla una explicación muy interesante dirigida a los funcionarios judiciales en forma indirecta. “No quiero acordarme mucho del pasado porque no me suma, me resta. Lo que quiero es sumar de acá en adelante. Mi pasado me jugó en contra cada vez que pedí un beneficio. No veían lo que yo avanzaba con la progresividad de la ley, sino que se quedaban con mi prontuario. Que te estén mirando siempre el prontuario hace que la persona retroceda mental, física y moralmente. Siempre supe lo que hice, pero qué iba a hacer, ya estaba hecho. Pero no soy el mismo que entró”, revela.
Gaetti afirma estar en una especie de renacer y cuando tiene que describir su actual situación en la que solo vuelve a dormir a la cárcel, le brillan los ojos: “Es buenísimo estar acá, con mi vieja, y el haber vuelto al lugar que nací. Es como arrancar una nueva vida”.
“Hace años corté todos los vínculos que tenía con gente del ambiente y lo tuve que hacer así porque todos te proponen delinquir. Por eso ahora estoy tranquilo y las únicas propuestas que recibo son de trabajo. Tengo que pensar en el futuro para acompañar en el crecimiento a mis hijos porque yo ya perdí demasiado tiempo. Ahora, mi vieja me está ayudando para inscribirme en la Anses para sacar el monotributo social y así el día de mañana tener una jubilación”, cuenta un Gaetti que se permite proyectar una vida sin barrotes y ordenada.
Después de muchos años, hace un par de semanas concretó su primera transferencia vía Mercado Pago para pasarle dinero a su hija, que es la más pequeña.
Hay una cuenta pendiente que tiene Gaetti y es contarles todo a sus hijos. “El más grande sabe, pero nunca lo hemos hablado. Se le hace complicado por el trabajo venir los domingos que yo estoy en lo de mi vieja, pero espero que pueda venir porque quiero conocer a mi nieta”, cuenta.
En cuanto al hijo de 12 años, también dice que sabe algo, pero la que no sabe nada es la hija más pequeña. “Ella me consulta por qué no estoy con su mamá y por qué me paso tanto tiempo trabajando. Es que ella no sabe que cumplo con una condena. La madre todavía no le ha dicho nada y está bien que la madre maneje esos tiempos. Lo bueno es que la está criando muy bien”, destaca.
El tema de la charla pendiente con los hijos lo incomoda y mientras habla se le escapa una mueca que lo ratifica. “Todavía no me he sentado a charlar con ellos puntualmente sobre lo que fue mi vida y los hechos por los cuales me condenaron. Cuando surja el momento, les tendré que contar todo y explicar lo que se pueda. Lo importante es que estoy saliendo”, concluye Gaetti, y luego exhibe la silla terminada.