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La Mañana fuga

Gaetti: una vida de revientes y fugas

Nació en Cipolletti, se crió en Allen y desarrolló su carrera criminal en Cutral Co. En su haber, tiene cuatro golpes de películas y cuatro fugas. En la comarca petrolera casi asesina a dos policías y en Chile lo quieren juzgar por el crimen de un empresario.

Ceferino Gastón Gaetti salió a mi encuentro en una plaza que no logro identificar porque todo es borroso. Me paró de buena manera y me preguntó si yo era quien él creía que era. Le dije que era yo y en ese momento sacó una pistola 9 milímetros y me la apoyó en la frente.

El caño se sentía frío y solo sabía que una vez que jalara el gatillo estaría muerto, sin sentir dolor alguno o darme cuenta de nada por la velocidad a la que sale disparado el proyectil (cosas que uno aprende de curioso y por oficio).

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Con sus ojos verdes fijos en mí, Gaetti me dijo: “Dejá de darle vueltas y contalo de una vez”. Después hizo el sonido onomatopéyico de un tiro, “¡pum!”, y movió el arma hacia arriba para luego guardarla en la parte de atrás de su pantalón de jean. Me hizo un leve cabezazo y siguió caminando.

Me desperté agitado. El sueño había sido tan real que tuve la sensación de que Gaetti, un delincuente muy pesado del cual hace tiempo venía reuniendo información, me estaba invitando a relatar sus andanzas.

Mi primer reflejo fue averiguar qué fue de su vida y me confirmaron que está en la U11 y en enero de 2020 se hizo un nuevo cómputo de pena y se estableció que en julio de ese año ya estaba, desde lo técnico, con la posibilidad de salir con libertad condicional.

No obstante, no se le dio el beneficio, pero desde agosto de este año, un Tribunal de Impugnación le permitió acceder al régimen de salidas transitorias.

En la actualidad goza del beneficio de una salida al mes por 12 horas y está bajo la tutela de su madre, que reside en Allen.

El 26 de julio de 2030, Gastón Gaetti, con 51 años, habrá pagado su pena en Argentina. Se deberá analizar si lo liberan o si lo extraditan a Chile, donde tiene que rendir cuentas a la Justicia por el crimen de un empresario de la madera.

Pintón de ojos verdes

Nació el 13 de junio de 1979 en Cipolletti, pero sus padres vivían en Allen. Lo inscribieron como Ceferino Gastón Gaetti. Cuentan que el nombre de Ceferino se lo habrían puesto en honor al santo popular beatificado en 2007, pero a él no le gustaba.

Se hacía llamar Gastón y cautivaba con sus ojos verdes y su metro ochenta de estatura. “Era un muchacho pintón y en los atracos muy gentil con las mujeres. Con los policías era el demonio”, confió una fuente que siguió de cerca la carrera criminal del rionegrino que dio sus golpes más importantes en la década del 2000 en Neuquén, Córdoba y Chile, donde todavía lo esperan para enjuiciarlo por el crimen de un empresario de la madera.

“Su padre, gringo trabajador y buena gente, tenía una verdulería en Allen. Cuando murió su papá, la madre se trasladó al barrio Central de Plaza Huincul, que supo ser un barrio de guita porque ahí vivían los petroleros”, agregó.

La mujer sostuvo una verdulería y ahí Gastón ya colaboraba en las tareas que requería el local. “La verdulería era una pantalla para la venta de drogas”, confiaron fuentes judiciales y policiales.

De hecho, el primer acercamiento que tuvo Gastón al delito fue por las juntas que hizo a partir de los pibes que iban a la verdulería y no precisamente a comprar frutas y verduras.

“Venía de una familia de clase media bien. El padre era un gringo trabajador. Él era un muchacho pintón y en los atracos, muy gentil con las mujeres. Con los policías era el demonio”, dijo una fuente judicial bajo reserva en diálogo con LMN

El robo a Camuzzi

Gaetti a sus 18 años ya andaba “metiendo caño” en la comarca petrolera. El jueves 15 de marzo de 2001 tuvo su primer gran hecho al robar la sede de Camuzzi Gas del Sur de Cutral Co.

Eran cerca de las 11 cuando con dos cómplices irrumpieron en la oficina ubicada en Avenida del Trabajo 745, a media cuadra de la plaza principal y a unos 100 metros del municipio de Cutral Co. Es decir, en pleno centro.

Todo fue muy rápido. Los tres delincuentes ingresaron encapuchados y armados. Uno de los compañeros de Gaetti pegó un tiro al techo y gritó “¡todos al piso! ¡esto es un asalto!”, una frase trillada pero efectiva.

Después, al encargado de la sede le dieron un culatazo en la cabeza y se alzaron con la recaudación, casi 2000 pesos en efectivo.

“El de ojos verdes trataba muy bien a las mujeres y les decía que se quedaran tranquilas”, recordó un funcionario judicial del caso que tuvo que tomar declaración a las víctimas y testigos del golpe.

Una vez que se hicieron con el botín, huyeron a las corridas, lo que demuestra que tuvieron una pésima organización porque ni siquiera contaban con un vehículo de apoyo para que los sacara rápido de la zona.

Un vecino que observó la situación corrió para dar aviso a la Policía y se encontró a dos efectivos que recorrían la zona céntrica a pie.

Con el dato del aspecto de los delincuentes, los policías pararon a dos personas que andaban en bicicleta y comenzaron la persecución a puro pedal, mientras otros móviles se iban sumando al procedimiento.

Los bicipolicías observaron a un hombre que corría a unas dos cuadras de Camuzzi y arrojó un arma. Lo detuvieron y secuestraron un revólver calibre 22.

Las pericias después demostrarían que de arma había sido utilizada para hacer tiro intimidatorio en la oficia de Camuzzi Gas del Sur.

En el barrio Unión, una camioneta policial dio con los otros dos ladrones, sobre calle Perito Moreno entre Canal de Beagle y Antártida Argentina.

Uno de ellos era Gaetti, quien en una mano llevaba una gorra roja con el dinero robado y en la otra una pistola 9 milímetros con la que comenzó a dispararles a los sargentos José Ricardo “Camello” Jammet y Jorge Daniel “Patita” Vázquez, que no alcanzaron a descender del móvil.

El Camello iba al volante del móvil JP 321 y recibió dos tiros, uno en la zona abdominal y el otro en la mano izquierda. El Patita también fue herido de dos balazos en la zona de los pulmones -de hecho, uno de los proyectiles le pasó a milímetros del corazón- y terminó tirado dentro del vehículo.

“Cuando Gaetti se acercaba al móvil para ejecutarlo, el Camello se arrastró por el costado, con parte del intestino afuera, y con la mano derecha y ayudado del cinturón cargó el arma reglamentaria y logró dispararle a Gaetti antes de que matara al Patita”, recordó el policía retirado Sergio Sepúlveda, más conocido como 24.

Los tiros de Jammet fueron certeros. Uno dio en el brazo derecho de Gaetti, por lo que no pudo sostener el arma para ejecutar a Vázquez, y el otro le atravesó una pierna, con orificio de entrada y salida.

Pese a ello, Gaetti escapó y se terminó metiendo en una vivienda del barrio 25 de Mayo, donde fue detenido tras un gran despliegue policial.

En el patio de esa casa encontraron la pistola y dieron con Gaetti que, rodeado y herido, se terminó entregando.

Los dos policías fueron trasladados al hospital Aldo Maulú y de ahí los derivaron al Sanatorio Plaza Huincul, donde permanecieron en terapia intensiva al borde de la muerte. Jammet, que sobrevivió a ese enfrentamiento, falleció recientemente de COVID-19.

Gaetti, por su parte, quedó internado en el hospital local con una fuerte custodia policial.

Al procedimiento se sumaron muchos efectivos que estaban de franco y que acudieron de civil y hasta en pantalones cortos para prestar colaboración.

Finalmente, se detuvo a seis personas en total, entre ellos un pibe de 17 años y una mujer.

De los tres que participaron en el robo, solo se logró dar con Gaetti y David Adrián Bravo, el primero en ser detenido.

Ambos llegaron a juicio a fines de agosto de 2002 por robo agravado por el uso de arma de fuego y homicidio en grado de tentativa.

Los jueces, Enrique Luis Modina, Oscar Antonio Rodeiro y Víctor Hugo Martínez, emitieron su sentencia el 5 de septiembre de 2002. Bravo fue condenado por robo con armas y le dieron 8 años de prisión, mientras que a Gaetti le sumaron al robo un homicidio simple en grado de tentativa y le dictaron una pena de 18 años cárcel.

“Cuando Gaetti se acercaba al móvil para ejecutarlo, el Camello se arrastró y ayudado del cinturón, cargó el arma y logró dispararle a Gaetti antes de que matara al Patita”, dijo Sergio “24” Sepúlveda. Policía retirado

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Arranca con las fugas

Poco fue lo que estuvo tras las rejas. En abril de 2003 escapó de la U9, la cárcel federal por entonces ubicada en el centro de la capital neuquina.

Si bien estaba calificado como preso de extrema peligrosidad, los penitenciarios federales no tomaron los recaudos necesarios para trasladarlo al hospital regional. “Esa fuga la arregló con plata, comprando voluntades de los penitenciarios”, confió un ex funcionario judicial. Pero como pasa en casi todas las fugas, demostrar la cooperación de los guardiacárceles es casi imposible.

Lo cierto es que Gaetti eludió a sus custodios en el cuarto piso del hospital, bajó las escaleras y en la esquina lo esperaba un cómplice que lo sacó en moto raudamente de la ciudad.

La fuga fue bochornosa y nadie dudaba de la complicidad de los penitenciarios, pero esa investigación quedo en la nada misma.

Córdoba y el bar del infierno

Tras la fuga, Gaetti viajó con un compinche de armas a Córdoba. Se cuenta que lo habían dateado muy bien para dar un golpe del cual iba a sacar un dinero suficiente para sobrevivir.

La vida de prófugo no es sencilla en lo más mínimo, ya que hay que hacerse de un DNI trucho o robado, contar siempre con efectivo por cualquier eventualidad y con colegas que hagan el aguante y no suelten la mano a la primera de cambio, cosa que suele suceder cuando se dan cuenta de que la Policía los tiene cercados.

El dato concreto que manejaban era que un efectivo de la Policía cordobesa iba a recibir un buen monto de dinero por la venta de un auto. Sabían la dirección del policía y el día en que cobraría la plata, 10 de noviembre de 2003.

El hecho ocurrió en el barrio San Vicente de Córdoba. Gaetti y su compañero, a quien le decían Pajarito y era muy violento e impulsivo, ingresaron a la casa y redujeron a la esposa y al hijo del policía. Después, esperaron a que llegara el oficial con el dinero, pero las cosas no salieron como esperaban. Ni bien el policía entró a su casa, Gaetti y el Pajarito lo encañonaron y le pidieron la guita.

“El policía les dijo que no tenía nada, por lo que lo revisaron de pie a cabeza y era verdad, no tenía un mango encima”, recordó el ex judicial.

Los momentos que se vivieron en esa casa fueron de mucha tensión porque le pedían explicaciones mientras amenazaban con matar al hijo.

“El cana les explicó que había pasado por el banco Israelita y puso el dinero en un plazo fijo. Ni bien contó eso, el Pajarito le dijo ‘matémoslo y rajemos’, y ahí surge la célebre frase de Gaetti ‘pará qué matar, hay tiempo’”, detalló la fuente.

Gaetti lo miró fijo, con sus ojos verdes penetrantes, y le pidió al policía que le contara qué había hecho con el dinero. El oficial le explicó que lo había puesto en un plazo fijo a siete días ya que no tenía definida la operatoria que iba a hacer y prefería que ese capital no se desvalorizara.

En ese momento Gaetti creyó tener una idea brillante, pero a las claras no lo fue. El ladrón engreído debió sospechar que le mentían porque en la Argentina de 2003, que recién comenzaba a levantar cabeza de una crisis social y económica sin precedente, los bancos carecían de confianza debido al corralito financiero que se extendió del 3 de diciembre de 2001 al 2 de diciembre de 2002 cuando se liberaron los depósitos.

Lo cierto es que arregló con el policía juntarse dentro de una semana en un bar céntrico de Córdoba donde le entregaría todo el dinero, con la amenaza de matar a su familia si no cumplía. Acorralado por la situación, el policía aceptó la propuesta y los delincuentes se fueron de la casa.

“Lejos de asustarse, el cana avisó a sus superiores. La familia del policía fue puesta bajo custodia y en el bar que se acordó la reunión se hizo toda una puesta en escena. Todos pero todos los que estaban en ese lugar eran policías. No se quisieron arriesgar a que ningún civil resultara herido”, confió la fuente.

Cuando Gaetti entró al bar, el 17 de noviembre de 2003, se sentó en una mesa y todo lo que veía a su alrededor era normal, nada le resultaba extraño. El policía amenazado llegó un par de minutos tarde con un sobre de papel madera donde llevaba el dinero.

“Filmaron todo el procedimiento”, recordó el informante. Cuando el policía le entregó el sobre, Gaetti lo abrió, vio el dinero y ni bien hizo una mueca jactanciosa de que todo había salido como él esperaba, “unas 20 pistolas le estaban apuntando, no le dieron tiempo ni a terminar de contar la plata”, reveló el ex funcionario que estuvo en contacto con la policía cordobesa en su momento.

A Gaetti lo metieron preso en el penal de Bouwer y la Justicia cordobesa lo condenó a 18 años de prisión.

Regreso a las andanzas

Mientras estuvo en Bouwer, Gaetti no tuvo chance alguna de fuga. Dicha cárcel, en esos años, estaba caratulada como una “roca” de la cual era muy difícil escapar y el personal penitenciario estaba altamente capacitado.

Pero a Gaetti lo tuvieron que trasladar a Zapala por otras causas que adeudaba en Neuquén por robos con arma. Esa oportunidad, el muchacho de ojos verdes no la dejaría pasar.

La vuelta a Neuquén de Gaetti se manejó con mucho hermetismo de parte de las autoridades, de hecho, se tomó conocimiento de su regreso, el 1° de junio de 2004, cuando la policía zapalina realizaba un gran despliegue para recapturarlo porque se les había fugado de la U31 en la cual estaba a disposición de la Cámara Penal de Zapala.

Con banca en Cutral Co, Gaetti permaneció guardado un tiempo y conoció al chileno José Heriberto “el Tarro” Muñoz, otro delincuente de raza que hoy está preso en Chile tras matar a quemarropa a un policía en 2018 durante un fallido robo al Banco Estado en la ciudad de Teodoro Schmidt, ubicada a 750 kilómetros de Santiago de Chile.

Gaetti y el Tarro participaron el 27 de julio de 2004 de un robo al estudio contable de Juan Carlos De Antoni, en pleno centro de Cutral Co.

Para ese golpe sumaron a dos delincuentes más. Todo fue bastante sencillo. Ingresaron armados, amenazaron a los ocho empleados y a De Antoni, y los pusieron boca abajo en el suelo.

Al contador le sacaron 2 mil pesos que tenía en los bolsillos porque iba a viajar a Neuquén por negocios. De la caja fuerte se alzaron con 42 mil pesos más, lo que hoy representaría unos 2,2 millones de pesos.

Gaetti y el Tarro quisieron caminarse a sus compañeros de armas, por lo que las traiciones afloraron. De Antoni recibió por debajo de la puerta de su casa una carta con los nombres de los cabecillas y la Policía logró detenerlo en menos de 48 horas.

Ambos fueron a juicio en 2007. Las empleadas lo reconocieron por los ojos verdes, entre otras cosas, y además se pudo levantar una huella del picaporte de la caja fuerte.

La fiscalía de Cutral Co sospechó que la Policía podría querer cargarle a Gaetti este robo teniendo en cuenta que casi mata a dos efectivos de la comarca en 2001. Pero las pericias determinaron que la huella era limpia y eso complicó aún más la situación de Gaetti.

A los dos compinches les dieron 8 años de prisión. A Gaetti, al unificarle las condenas, la pena le escaló a 25 años.

Durante ese juicio hubo un episodio muy particular que derivó en que el fiscal Santiago Terán denunciara a Gaetti por amenazas.

Todo ocurrió en medio de la sala de audiencias en pleno juicio. Gaetti miró fijo a Terán, que no le bajó la vista, y luego le dibujó en el aire un triángulo, después se llevó el dedo al cuello y terminó haciendo el gesto de un arma.

Terán, un tipo bastante temperamental que siempre se ha manejado con delincuentes pesados, entendió el mensaje, “a vos te voy a matar en tu casa”, y estalló en medio de la sala.

El episodio concluyó con una denuncia que formalizó Terán por amenazas contra Gaetti que no prosperó.

policía de Cutral Co durante un procedimiento en el que detuvieron a Gaston Gaetti.jpg

La doble fuga de Roca

Tras la sentencia en Cutral Co, Gaetti fue derivado a cumplir condena a la alcaldía de General Roca, de donde se fugó el 13 de agosto de 2007 con cooperación interna y externa.

Durante un par de meses, los investigadores estuvieron tras los pasos de Gaetti, pero no lograban ubicarlo.

El trabajo de inteligencia continuó, se sumaron unos cruces de datos entre la Policía neuquina y rionegrina, y lograron determinar dónde lo estaban aguantando.

El 7 de diciembre de 2007 se montó un gran operativo en Centenario y se allanaron cinco casas. En una de ellas sorprendieron a Gaetti durmiendo con una 9 milímetros a mano que no alcanzó a empuñar.

Además, en el procedimiento se secuestraron varios elementos que correspondían a robos perpetrados en Río Negro y La Pampa.

Cuando volvió a la alcaldía de Roca, todos sabían que intentaría fugarse una vez más y así fue.

A los 20 días, Gaetti junto con otro peso pesado, Juan Octavio Godoy, tomaron de rehén a dos celadores a los cuales les pusieron las facas en el cuello y amenazaban con matarlos.

Fue así que, con los celadores como escudo humano, los penitenciarios les fueron abriendo las distintas rejas y el portón principal. Luego, soltaron a los rehenes y huyeron a toda velocidad en un auto que los esperaba a pocos metros.

El crimen del empresario chileno

Tras esa fuga, Gaetti supo que tenía que desaparecer de la región por un tiempo y huyó a Chile. Nada cambió en el vecino país. Hizo yunta con delincuentes y la noche del 1° de abril de 2009 participó de un robo a un empresario de la madera en la localidad de Ercilla, que se encuentra a la vera de la Ruta 5 Sur a unos 100 kilómetros de Temuco.

En el mapa, Ercilla está a la misma altura de Loncopué.

Edwin Schmidt Losli (69) tenía su empresa en el fundo Los Ángeles de Pailahueque. Hasta allá fue la banda que mató a Schmidt e hirió a sus dos hijos de 47 y 44 años.

La Policía de Investigaciones chilena (PDI) logró dar con los autores y sostienen, a la fecha, que Gaetti fue el que mató al empresario. La pena por este delito en el vecino país es reclusión perpetua y ya está solicitada la extradición.

De regreso a la zona, Gaetti no pasó mucho tiempo al margen de la actividad criminal. Si bien en el expediente figura que es verdulero, se podría asegurar que ejerció muy poco tiempo dicha labor.

La última vez que Gaetti estuvo en Cipolletti fue en 2010. Estaba prófugo y jugado. El 16 de junio, la Policía rionegrina lo detuvo cuando se disponía a dar un golpe a un Rapipago.

“Tenían el dato del robo por las escuchas que estaba haciendo la Policía neuquina, por lo que pusieron en alerta a la rionegrina y fue así que cayó en la plaza central”, explicó otro pesquisa que vivió de cerca las andanzas de este temible delincuente y que no cree que llegue a ser juzgado en Chile.

“Este se escapa antes de ir a Chile o se limpia”, concluyó el viejo investigador.

4 son los golpes más resonantes que realizó.

El robo en 2001 a Camuzzi Gas del Sur, en 2003 el intento de robo a un policía en Córdoba, en 2004 el robo al estudio contable en Cutral Co y en 2009 el crimen del empresario en Chile.

2030 es el año en el que termina de cumplir condena

En el último computo de pena se estipuló que la libertad condicional la podía solicitar a partir del 27 de julio de 2020, pero se la denegaron, aunque le dieron una salida transitoria al mes.

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