Con el inicio de la pandemia de coronavirus, los clubes sociales y deportivos notaron una merma en la cantidad de asociados. Sin embargo, la flexibilización de las actividades, la llegada del verano y las restricciones para viajar motivaron a nuevas personas a formar parte de este tipo de establecimientos. Entre ellos se cuentan los adultos mayores, que se asociaron para poder disfrutar del río en espacios cerrados, con servicios de emergencias y baños, para reducir el riesgo de contagio de Covid-19.
Patricia Martínez, del club Cepron, explicó que notaron una mayor participación de los trabajadores de la administración pública a partir de los meses de primavera. "Llama la atención la cantidad de adultos mayores", explicó y aclaró que los jubilados sólo aportan una cuota social de 150 pesos mensuales. "Están como en su casa pero con un bracito del río", informó.
Si bien este espacio es pequeño y no cuenta con piletas u otras actividades, son muchos los adultos mayores que eligen este espacio para disfrutar de un brazo del río con menor congregación de personas y donde cuentan con baños seguros y un servicio de emergencias al cual recurrir en caso de que ocurra algún problema.
Aunque el club ofrecía en temporadas anteriores clases de karate, decidieron abandonar esta propuesta a partir de la pandemia, ya que las lecciones se impartían en un espacio cerrado. Como alternativa, ofrecen clases de zumba al aire libre, que gozan de popularidad tanto entre las personas mayores como en los jóvenes.
A diferencia de otros años, los clubes ribereños no aceptan visitantes que paguen el uso de las instalaciones por un día. Por eso, es necesario ser socio o familiar directo de un asociado para ingresar. "Esta decisión se tomó cuando se proyectaba una afluencia mayor de público por la pandemia, y tuvimos que pensar en priorizar a los socios que pagan todo el año", dijo Mauricio Zecca, del club Biguá.
Si bien la temporada fue "muy tranquila" en estos espacios, las limitaciones por el coronavirus se mantienen. Gracias al aporte de los adultos y otras familias, que buscaron más tranquilidad y menos aglomeración en sus tardes de río, el flujo de socios se mantuvo estable en relación al verano pasado. "Muchas personas dejaron de pagar la cuota pero hicimos una campaña en agosto o septiembre y se asociaron muchas familias nuevas", sostuvo Zecca.
A pesar de que se planificó un sistema de rotación para evitar aglomeraciones en las piletas del Biguá, el ritmo tranquilo de esta temporada permitió que las personas se bañen en la piscina sin sacar turno, ya que nunca hay más de 50 personas nadando al mismo tiempo en ese lugar.
Mientras tanto, muchos optaron por las clases de canotaje para disfrutar del verano en las aguas del río y practicando una actividad que implica bajo riesgo de contagio de coronavirus, ya que está garantizada la distancia social. Según estiman desde los clubes, las clases de este deporte sumaron entre un 60% y un 100% más de alumnos que en las temporadas anteriores.