Probablemente una de las baladas más lacrimógenas y de más éxito del grupo Scorpions sea “Still loving you”. La canción habla de un amor desesperado y ya acabado y de un protagonista que sufre pero que se resiste a acabar una relación: “Lucharé, cariño, lucharé, para ganarme tu amor de nuevo”. Rudolf Schenker, guitarrista del grupo, reconoció que la letra no era muy original: “Es la vieja historia, siempre la misma historia. Pero ¿qué podemos hacer? No podemos reinventar la rueda”.
Pues bien, los científicos coinciden con el guitarrista en que el desamor es un fenómeno universal: a todos nos puede ocurrir. Además, se puede decir que tiene unos síntomas típicos con una base biológica. Según Manuel de Juan Espinosa, catedrático de psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, los efectos del desamor son “tremendamente parecidos al síndrome de abstinencia causado por una droga”.
Muchos psicólogos suelen relacionar la adicción con el enamoramiento porque ambos comparten una serie de comportamientos, como la atención intensamente centrada sobre una cosa (o persona) y los cambios de humor. Además, enamoramiento y adicciones generan ansiedad, comportamientos compulsivos y obsesivos, distorsión de la realidad, dependencia emocional, cambios en la personalidad, pérdida de autocontrol y hasta cambios en la cantidad de riesgos que se cometen.
Para rastrear el origen del desamor, hay que ir detrás de un único responsable: el enamoramiento. Para Juan Lerma, investigador en el Instituto de Neurociencias de Alicante, “amor y desamor son las dos caras de una misma moneda. El primero hace subir los niveles de dopamina y oxitocina en tu cerebro y te hace sentir apego y placer. El otro hace que te falte este apego y que sufras ansiedad y malestar”.
El desamor es considerado como un evento vital signiticativo. Representa una de las experiencias más traumáticas, angustiosas y desconcertantes (dejando al margen la muerte de un ser querido) que una persona puede experimentar. ¿Hasta qué punto ocurre esto? Se puede decir que el amor romántico es casi universal. La investigadora Helen Fisher lo detectó en 147 de las 166 sociedades que estudió. Por eso, no sorprende que el desamor también sea un fenómeno extendido. Otra prueba de esto es que, en un estudio hecho entre universitarios estadounidenses, el 93% de los encuestados dijo haber sido rechazado por alguien a quien amaba apasionadamente. En ese momento, el cerebro se aterroriza y reacciona como si estuviera ante una amenaza. La persona se siente mal, el sistema inmune se debilita y sube el nivel de estrés.
Por eso, es común que en los primeros momentos posruptura, las personas rechazadas traten de volver de forma obsesiva. Puede aparecer una sensación de irritación y furia, y hasta desencadenar en comportamientos violentos. Y en situaciones muy extremas, puede aparecer la depresión y hasta el deseo del suicidio.
Es común relacionar el enamoramiento con una adicción, porque tienen conductas similares.
93% de los universitarios de EE.UU. encuestados alguna vez fueron rechazados.
Miedo: Si una persona es rechazada, el cerebro se aterroriza y actúa como ante una amenaza.