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El dióxido de cloro empezó a ocupar las pantallas televisivas luego de que en algunos países del mundo fuera promocionado para combatir al coronavirus, aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierta que su ingesta es peligrosa.
El médico toxicológico Horacio Trapassi comentó días atrás en LU5 que "es un gas que tiene un color amarillo rojizo que tiene utilización principalmente industrial, por ejemplo para blanquear papel en las plantas de tratamiento y fabricación de papel, y también para potabilizar grandes masas de agua".
Sostuvo que "tiene autorizaciones para eso, pero no tiene autorización ni estudios científicos realizados para realizarse en seres humanos", inició la explicación, y sumó que "tiene cloro y es un pariente de la lavandina, que tiene como finalidad principalmente la desinfección para disminuir la población de microorganismos que puede tener el agua".
El dióxido de cloro y el clorito sódico reaccionan rápidamente en los tejidos humanos y, si se ingieren pueden causar irritación de la boca, el esófago y el estómago, con un cuadro digestivo irritativo severo, con la presencia de náuseas, vómitos y diarreas, además de graves trastornos hematológicos (metahemoglobinemias, hemolisis, etc.), cardiovasculares y renales
En primer lugar, el médico alertó sobre la posibilidad de que las personas que consumen este líquido, no tienen en realidad la certeza de sus componentes y los efectos que acarrea en su salud.
"Mucha gente puede decir 'yo tomo y no me pasa nada'. Yo haría la contrapregunta: ¿pero sabés si tenía dióxido de cloro?", marcó Trapassi. Vinculado a esto, también señaló que los efectos pueden variar según la concentración que se ingiera, lo que tampoco se sabe con certeza al momento de comprarlo.
En segundo término, dijo que en caso de tener comprobado que el contenido del envase se tratara de dióxido de claro, se trata de una sustancia "muy irritante" y que puede causar numerosas complicaciones a la salud humana.
La Organización Panamericana de Salud recomienda a la población no consumir productos que contengan dióxido de cloro o sustancias relacionadas (hipoclorito de sodio, lavandina, etcétera) y denunciar cualquier promoción que se identifique sobre propiedades curativas de estos productos.