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Reducidores de bicicletas

Avanzar sobre los reducidores permitiría frenar este tipo de delito que acecha a los ciclistas en la región.

Tras el encierro inicial que sufrimos con el arribo del COVID-19 a la Argentina, la bicicleta no solo se transformó en un medio de transporte y en una prudente y excelente actividad física, sino también en un cable a tierra para darle un respiro a la cabeza agobiada por tanta muerte.

Desde hace meses, el robo de bicicletas se ha incrementado fuertemente en toda la región. Las charlas entre amigos y las sobremesas dan cuenta de ello. Prácticamente todos tenemos uno o dos conocidos a los que ya han asaltado.

Pero analicemos el delito. El abordaje a un ciclista es simple. Basta con usar un auto, camioneta o moto, ponerse a la par y encañonarlo para obligarlo a frenar. Luego, tomar la bicicleta y todo el resto del botín, celular y el dinero que siempre lleva por las dudas.

Con cifras promedio del valor de una bicicleta y un celular, cada robo representa para la víctima unos 200 mil pesos.

Ahora, ¿por qué les roban a los ciclistas? Sencillo: existe un mercado para reducir las bicicletas. Los delincuentes son de todo menos estúpidos. Saben dónde y cómo revenderlas. Se suelen manejar con alguien más arriba que tiene toda la red armada y les da una plata a los ladrones que les traen bicicletas.

En la región, muchos ciclistas saben que en Cipolletti hay gente muy pesada metida en estos manejos. Aclaro: saben porque han pagado rescates por sus bicicletas.

Esa gente tiene montada una red que reduce bicicletas por las redes y también las transporta a Mendoza y San Luis. Es decir que saben hacer lo que hacen. Entonces, la Policía tendría que centrar la atención sobre los reducidores. No es tan difícil...