A partir de eso, toda la familia sufrió las consecuencias de la pesadilla, que en silencio, venía soportando la niña.
El 1º de noviembre el petrolero fue acusado, pero quedó en libertad. En esa oportunidad le dictaron la exclusión del hogar y la prohibición de acercamiento.
Dos semanas después, el padre de la niña murió de un paro cardíaco, a días de que su pequeña declarara en cámara Gesell sobre los reiterados ataques de su tío.
El 18 de noviembre, el acusado se entregó ante la fiscalía. Su situación se había agravado tras la declaración de la niña, quien mencionó varios hechos de abuso.
Ayer, en la audiencia, el fiscal que lleva adelante el caso, Andrés Azar, ratificó la acusación por el delito de abuso sexual con acceso carnal triplemente agravado por el vínculo, por ser el sujeto encargado de la guarda y por ser la víctima menor de 18 años y aprovechar la convivencia preexistente. Todo en carácter de autor.
De acuerdo con la investigación, los ataques comenzaron en febrero y se prolongaron hasta octubre de 2015. Fueron al menos siete y tuvieron lugar en la casa del victimario, ubicada en Rincón.
"Rincón lo quiere muerto, pero mi papá nos pidió que busquemos justicia", dijo Matías, hermano de la víctima.