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Se fue Don Jorge, el maestro pizzero más viejo de la ciudad de Neuquén

Estuvo al frente de "Horacito" durante más de medio siglo. Tenía 85 años.

El jueves me enteré con enorme tristeza que partió Jorge Hernández, el gran maestro pizzero que tuvo la ciudad en el último medio siglo. Tal vez su nombre no diga demasiado para quienes viven en la capital desde hace poco, pero él fue el creador de la tradicional pizzería “Horacito”, la más antigua que existe en Neuquén.

Como era de esperar, la noticia tuvo un alto impacto, no solo por lo que significa el comercio, sino por la desaparición de este viejo entrañable que fue un ejemplo de trabajo desde abrió su negocio, en octubre de 1966.

Tuve la suerte de charlar varias veces con él y sus hijos, Horacio y Claudio, a quienes conozco de toda la vida, pero durante una entrevista que la realicé en 2016, comprobé todas las cosas que se decían de él, que en realidad no eran más que elogios hacia su persona, a su forma de trabajar, a su cordialidad en la atención y al trato que tenía con los clientes.

En efecto, Jorge era un comerciante de los de antes, de esos que conocía a todo el mundo, que se ganaba el cariño de la gente, de esos tipos obsesionados por la calidad de los productos que vendía. Era el viejo pizzero que había sobrevivido al tiempo y que trabajaba como si todavía viviera en el pueblo que conoció a principios de la década del 60 cuando decidió ganarse la vida de esa manera. Nada de deliverys porque las pizzas llegan frías.

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“Nada de variedades raras; los sabores tienen que ser los clásicos de siempre”, decía, aunque de a poco se fue adaptando a las nuevas costumbres del mercado y a los consumidores.

Sus tradicionales pizzas de molde - hoy no tan populares en el rubro- eran (y son) realmente exquisitas.

Aquella vez que lo entrevisté le pregunté cuál era el secreto para que le salieran siempre tan ricas. Jorge sonrió frente a semejante pregunta insolente. ¡Cómo alguien podía pedirle que revele el secreto de semejante éxito!.

Me dijo que lo más importante era la masa, que él se encargaba de preparar (una sola vez) todos los días a la mañana, que los componentes que llevaban sus pizzas eran de muy alta calidad, que la muzzarella –el sello indiscutible de cualquier pizza- era la misma que venía usando desde hace 25 años, que los morrones, que las anchoas, que el jamón... Seguramente algo de razón tenía, aunque creo que la verdad de aquel secreto era la pasión y la dedicación que le ponía. Siempre se dice que cocinar es un acto de amor. Pues bien, Jorge confirmaba ese dicho todos los días, aunque no conociera a la persona que finalmente tendría el gusto de probar sus creaciones.

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Perdido hincha de Boca, durante toda su vida decoró su local con fotos de las formaciones del equipo xeneize a lo largo de la historia. Era una gran pasión que compartía con sus hijos, aunque a veces recibiera las gastadas de hinchas de River o de otros clubes cuando los resultados no salían como él esperaba. Se las tenía que morfar callado, pero siempre las digería con humor.

Jorge Hernández se fue a los 85 años y con él también se va un pedacito de la historia de la ciudad de Neuquén. El viejo maestro pizzero cumplió el inexorable ciclo que tiene la vida, pero deja un gran legado que continuará a través de Horacio y de Claudio, con aquellas técnicas y secretos enseñados y el mismo amor por la cocina.

Claro que miles de clientes lo van a extrañar. Estos personajes tan queridos no se olvidan así nomás.

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