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Skay: rock en estado puro y lejos de Patricio Rey

El ex guitarrista de Los Redondos brilló en Kímika.

Neuquén
Este 2016 se cumplieron 15 años del último show de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota en el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba. Y durante esa etapa posricotera Skay Beilinson ha sabido lentamente, paso a paso, despegarse de su antigua e histórica banda.

Hoy, el Flaco, afianzado con sus canciones impregnadas por los sonidos de Medio Oriente -un lugar del cual se enamoró y que visita cuando lo desea- acaba de editar su sexto disco, El engranaje de cristal, que resume esa búsqueda de sonoridades iniciada en este viaje que comenzó en 2002 con A través del mar de los Sargazos.

El último viernes ante unas dos mil personas, Skay junto a su banda, Los Fakires, navegó por sus canciones nuevas a través de un clima casi íntimo, caluroso, con estallidos emocionales que se manifestaron en varios pasajes del show. De los diez temas que incluye el sucesor de La luna hueca (2013), el guitarrista puso en directo cinco nuevas obras que tuvieron su bautismo en el sur.

20 fueron las canciones elegidas para el set list, que sólo tuvo dos himnos de los Redondos.

“Oda a la sin nombre”, ya un clásico en la discografía de Beilinson, se abrió paso en Kímika para poner inmediatamente a sus seguidores bien arriba y también explotar con “Flores secas” y “El golem de la paternal” durante un concierto de dos horas.

“Egotrip”, marcado con el riff característico de Skay, “Equilibrista”, con un sonido más profundo, blusero y acústico, fueron las primeras gemas que sonaron de El engranaje de cristal, que también brilló con “Quisiera llevarte” que ya se encamina a convertirse en clásico, “Chico bomba” que sonó densa, oscura, y “Cáscara”, fueron otras de las novedades.

Sin embargo, el momento especial y esperado se dio con dos himnos: primero “Ji, ji, ji” funcionó como ese regalo infaltable para que el espíritu ricotero sobrevolara el valle. Más tarde fue el turno de “El pibe de los astilleros”, que alcanzó el punto máximo de pasión por parte de un publico devoto que mantiene ese sueño utópico y “redondo”.

Con pequeñas historias y fábulas musicales con ritmos orientales y riffs de guitarras inconfudibles, a los 65 años Skay sigue fiel a sí mismo bajo un sello y sonido propio e inquebrantable que lo tiene en su mejor estado y cada vez más lejos de Patricio Rey (L.C.).

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