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Su casa, un refugio para las mujeres golpeadas

Ella sufrió violencia de género en ese lugar y lo convertirá en un hogar.

Pablo Montanaro

montanarop@lmneuquen.com.ar

NEUQUÉN

“Esta casa me trae recuerdos muy dolorosos, está impregnada de dolor y ya no quiero vivir acá”, asegura Ivana Rosales mientras recorre con su mirada cada rincón de su hogar de Plottier que compró con su ex marido, Mario Garoglio, y donde crió con amor y dedicación a sus tres hijos. Pero también es la casa donde esta mujer sobrevivió a los golpes y maltratos del hombre, quien intentó matarla aquella noche del 18 de abril de 2002 y donde años después su hija Mayka se suicidó.

Pero el fin de Ivana no es abandonar la casa y con ella sepultar sus malos momentos vividos allí, sino que desea convertirla en un hogar de refugio para mujeres víctimas de violencia.

La idea comenzó a tomar forma hace cuatro años, en el marco del mecanismo de soluciones amistosas que ofrece la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), donde llegó su casa a partir de la demanda que presentó el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) contra el Estado argentino, convirtiéndose el caso de Ivana en el primero de violencia de género por el cual el país fue denunciado en el fuero internacional.

Soluciones amistosas

“El mecanismo de soluciones amistosas permite generar espacios de diálogo entre peticionarios y Estado para alcanzar medidas de reparaciones beneficiosas para las víctimas directas de la violación de sus derechos”, explica la mujer de 41 años. Agrega que dentro de esta instancia presentó una propuesta para que su casa funcione como un lugar de refugio para las mujeres que se encuentran en una situación de violencia.

Comentó que luego de presentar la propuesta a las autoridades del anterior gobierno provincial, sin obtener respuesta alguna, se la acercó al Consejo Nacional de las Mujeres, que preside Fabiana Tuñez, quien se mostró interesada.

La semana pasada, un arquitecto del mencionado organismo nacional recorrió la casa y pudo constatar que el lugar reúne las condiciones básicas para concretar el sueño de Ivana. “El arquitecto lo primero que me preguntó fue a qué distancia estaba la casa de una escuela, de un jardín de infantes y del hospital, entre otras cosas. Es que la cercanía a ciertas instituciones es fundamental para que la casa cumpla con los requisitos que ellos exigen”, precisó.

Recuerda que cuando fue brutalmente golpeada por su ex marido, junto a sus tres hijos fue trasladada al único refugio para mujeres víctimas de violencia que existe en la ciudad de Neuquén, que depende del Ministerio de Desarrollo Social.

“Estuve dos meses con mis hijos allí y la verdad es que era un lugar horrible, todo enrejado. El personal que trabajaba allí nos maltrataba, recuerdo que un fin de semana necesitaba unas toallitas femeninas, llamé a una de las empleadas y me contestó que ella trabajaba de lunes a viernes. No existía contención alguna, dejaban a las chicas tiradas como una bolsa de basura”.

Un calvario que incluyó el abuso de sus hijas y un culpable en libertad

Hace más de 14 años, Ivana Rosales pudo sortear la muerte a manos de su marido, Mario Garoglio, por entonces empleado jerárquico de una empresa de servicios petroleros. La noche del 18 de abril de 2002, en un café del centro de Neuquén, Ivana le dijo que quería separarse. Al regresar a su casa de Plottier, Garoglio metió el coche en un descampado cerca del aeropuerto. Intentó asesinarla, primero con un alambre y después golpeándola en la cara con una piedra hasta desfigurarla.

“Le pegué a mi mujer y creo que se me fue la mano”, fueron las palabras de Garoglio cuando se presentó en la comisaría de Plottier después de pasar por su casa y despedirse de sus tres hijos.

La Justicia condenó al hombre con una pena leve por “emoción violenta”. Quedó preso pero a los 50 días fue liberado porque la carátula de la causa fue morigerada de tentativa de homicidio calificado por el vinculo a lesiones graves.

Ahí empezó esa segunda temporada en el infierno para Ivana: “Los golpes pasaron, las cicatrices quedaron, pero la cachetada más fuerte es la que te da la Justicia cuando sólo le dieron a Garoglio una pena de cinco años”, explicó.

Para Ivana, el fallo fue “machista y sexista” porque “juzgó a la víctima en vez de juzgar la violencia” que ella recibió.

Su largo calvario tuvo además otro golpe durísimo: denunció a su ex marido al enterarse de que había abusado sexualmente de dos de sus hijas.

En febrero de 2012, la Cámara Criminal Segunda de Cipolletti condenó a Garoglio a cuatro años de prisión efectiva por este delito, sin acceso carnal, pero continuado y agravado. Los hechos habían sido cometidos en 2004. Desde marzo de 2014 Garoglio está en libertad.

El caso quedó impune porque el hombre nunca cumplió condena (se mantuvo prófugo hasta que prescribió la pena) ni Ivana pudo apelar el fallo. En 2005, su caso se presentó en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que plantea que el Estado argentino ha violado distintos derechos humanos reconocidos en el Sistema Interamericano de Protección de Derechos Humanos, entre ellos el derecho a la igualdad, a la defensa, a la justicia y a la integridad personal.

Quiere acompañar a las que sufren

Ivana Rosales se entusiasma con este proyecto de refugio para mujeres que sufren violencia de género porque “significa poder transformar esta casa de dolor en un lugar en el que se pueda vivir la esperanza”.

Señala que ella misma se ofrecería para acompañar a las mujeres que se alberguen momentáneamente en la casa que piensa acondicionar y sólo exige un requisito: que el lugar lleve el nombre de su hija Mayka, que se quitó la vida en junio de 2013 cuando tenía 17 años, quien fue abusada sexualmente por su padre cuando era chica.

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