Fue el propio diez galés el que creó el único try de la primera parte: un kick alto, él mismo lo fue a buscar y le ganó en el salto a Le Roux. Comienzo de carrera y con la marca encima, cedió para Gareth Davies, quien tuvo el camino allanado hacia el ingoal.
La última jugada tuvo nuevamente al apertura del Dragón como protagonista. Esperó a la salida de un ruck y un certero drop dio vuelta la historia en Twickenham. Era Gales el que se metía en semifinales.
La segunda etapa tuvo otro juego. Más nervioso. Sin la puntería de Pollard a los palos. Con un Dragón tan batallador tackleando y tackleando. Terminaron siendo 189 los tackles, con solamente 19 errados frente a 101 y 13 fallados por los sudafricanos.
Biggar tuvo que salir por un golpe. La firmeza galesa mantenía el 19-18 a favor de un equipo al que las lesiones lo han golpeado pero siempre se levantó más fuerte.
Pero en un partido con pocos scrums, fue uno el que lo definió. Vermeulen sacó la pelota, ganó espacio y con el jugador encima abrió para Du Preez. Su salto al ingoal ponía a los Boks arriba en el resultado y entre los cuatro mejores.
En el primer partido, Sudáfrica se había puesto en ventaja también sobre el final y se dedicó a aguantarlo. Japón se lo pudo dar vuelta y se convirtió en el batacazo del Mundial. De los errores aprendió el seleccionado de Meyer que defendió y pudo cerrarlo. Tras la ausencia de 2011, los Boks vuelven a semifinales.