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El título de esta nota no le hace justicia ni puede resumir el extraordinario camino que recorrió la neuquina Adriana Harguindeguy hasta abrir hace apenas unos meses su soñado Té & Compañía, una tienda de exquisitos blends de su autoría, que ofrece junto a algunas delicatessen, libros, y originales utensilios para acompañar la ceremonia de la popular infusión.
Amorosa y apacible, Adriana nos recibe junto a su hija Antonella en su local de Islas Malvinas 750, donde el ambiente minimalista combina a la perfección con su calidez y con la propuesta que en un tiempo sumará atractivos eventos -como catas grupales- en los que se podrá el acento en hacer escuela, difundir la pasión y la cultura del té, además de crear momentos agradables para atesorar en la memoria.
Periodista especializada en género, con varias diplomaturas en la materia, Adriana encontró en la pandemia el trampolín para lanzarse al proyecto que venía gestando hacía tiempo, y que postergaba con el trajín diario.
"El año pasado, recién estrenada la pandemia me pregunté si estaba siendo mi mejor versión y la respuesta fue tremenda, me enfrentó con algo que yo no podía verbalizar. A veces profundizamos mucho intelectualmente, incorporamos nuevos conocimientos, pero me di cuenta que la vida pasaba por otro lado. Sentía que tenía que conectarme con el bienestar, con la calma y con el disfrute", reflexionó mientras preparaba con una tetera de hierro enlozada su blend "Sentí", un exquisito y aromático popurrí de té verde, jengibre, menta, cedrón, lemongrass, cáscara de limón, flores de manzanilla con un toque de menta y limón.
"Con mi familia siempre fuimos tomadores de té, las reuniones en la casa de mi mamá con su té Earl Grey. Ella ponía su vajilla con un filete de oro. Mi hermana es una empresaria del turismo y cuando viajaba traía té para mi mamá y para mí también. Yo soy muy tomadora de té. Hace tres años, por un tema de salud, dejé la cafeína. Uno de mis té base es el té Roiboos, que es una tisana que probé por primera vez en África. Es lo que más consumo, así que me iba comprando, iba trayendo de grandes diseñadoras, pero hasta que llega... no es apto para ansiosos", comentó con humor.
"En el 2017 estuve a punto de registrar la marca, pero los techos de cemento que tenemos me decían 'No, es una locura, no es el momento'. Y el año pasado tomé el contexto de pandemia como una oportunidad", expresó, retomando el hilo de su relato.
"Mi hijo Ignacio, que está en quinto año de Ingeniería Industrial, vino en abril del 2020 a Neuquén y se quedó. Lo vi preparar varias materias que tenían que ver con el armado, la venta y todo el proceso productivo de una empresa y un día le dije: '¿por qué no me ayudás a hacer el proyecto del té? Lo hablé con Horacio, mi compañero, con mis hijas Antonella y Sofía, Benicio -mi nieto-hijo- y todos apoyaron el emprendimiento, así que con Ignacio registramos la marca", sintetizó y agregó que, trabajando en la propuesta, encontró un disco externo con un plan de Té & Compañía que tenía guardado desde 2015.
"Dije esto es increíble. Estuve todos estos años abriendo otras puertas, puertas que traían mucho dolor -sobre todo cuando te dedicás a todo lo vinculado con las violencias- y me di cuenta que abrí esa puerta y todo lo que venía era mágico", manifestó.
El pasado 2 de noviembre, un día antes de cumplir 60 años, Adriana renunció al trabajo que tenía en el municipio. Cuatro meses después, inauguró la tienda, tras abrirse camino en forma virtual, invertir recursos propios, postergar el hogar donde se proyecta en años venideros y horas de un cuidado diseño y planificación. "No creo que haya sido casual que haya pateado el tablero a los 60 años, sentí que era el momento", subrayó.
"Como soy una periodista con perspectiva de género, siempre priorizo trabajar con mujeres que sean emprendedoras también. En el packaging nos acompañó una agencia que son tres mujeres y una diseñadora de Roca nos hizo el branding", comentó antes de dar cuenta de los pilares de su empresa familiar y paritaria en su composición.
"Para mi es muy importante el compromiso para avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Honestidad, porque tratamos que todo sea con las mejores hebras, las mejores cosechas que podamos acceder y ofrecer en nuestra producción un proceso cuidado. Y simpleza porque, en realidad, creo que hay democratizar el consumo del té. Podemos acceder a ciertas ceremonias en la medida que tengamos ganas, pero esos cinco minutos de conectarnos con buenas hebras, de poder sentir el bienestar que te aporta pueden disfrutarlo todos. Por eso sigo pensando que hay que trabajar mucho en la difusión de la cultura del té", postuló.
Después de destacar que fue muy bien recibida en el barrio Santa Genoveva con su tienda, Adriana contó que se acercan personas de diferentes edades. "Me sorprende que hay muchos consumidores y consumidoras jóvenes que tienen ganas de probar cosas nuevas. Vienen muchos hombres a comprar, muchos compran el blend "Soñá" que se puede agregar al mate, luego me mandan las historias de Instagram. Es muy hermosa la energía que está puesta en movimiento", valoró.
"Yo trabajé en los diseños de cada blend. Al principio eran seis, hoy son ocho. Pensé en dos tisanas sin cafeína, una con Roiboos, por supuesto; y otra con manzanilla, rosas y miel que la podés blendear en el mate y es maravillosa para que tomen las niñas, niños, niñes porque incorporan todas las propiedades de una infusión saludable, sin consumir cafeína", destacó Adriana, quien reserva en su tienda libros dedicadas a las infancias y vinculados con la cultura del té.
Siguiendo su catálogo, Adriana le dedicó un blend a su madre, el "Amá Earl Grey" -basado en té negro-, y un párrafo aparte al blend "Viví" (té verde, capullos de jazmín, pétalos de caléndula y rosas), inspirado en un viaje a China y Malasia que realizó casi de un día para otro en 2009.
"No lo tenía planificado, ni ahorrado. Surgió la posibilidad, mi hermana me invitó el 3 de noviembre y 10 días después salí con el grupo. Veintiocho días lejos de hijas adolescentes y un hijo chiquito solo se sostuvo porque Horacio sabía que era mi sueño. Estuve 28 días allí, en Malasia a té. El té verde para ellos es la cortesía, donde vayas. Tuve el privilegio de estar en ceremonias de té, es toda una experiencia. Ese viaje te cambia totalmente tu manera de ver el mundo. Cuando veo mi foto en la Muralla China siempre pienso que si llegué ahí, no hay lugar al que no pueda llegar", sostuvo.
La propuesta de Té & Compañía, va más allá de la tienda. "Yo soy una persona muy curiosa y no quería nada que me limite. Me parecía que el nombre es muy amplio y que abarca todo lo que acompaña al té", explicó Adriana sobre la denominación de su marca que, además de sus exquisitos y coloridos blends, incluirá experiencias que potencien y difundan la cultura del té.
"Lo pensé como burburjas amorosas, en algunas que nos reúna por ejemplo el interés por la literatura. Tengo una amiga que es coach y pensamos hacer meditaciones, catas para probar distintos tipos de blends y terminar con un cóctel de té. La idea es que sea un espacio de calma, disfrute y conectarnos con el té. Aún no arrancamos, pero hay varias personas que me dijeron que las anote", contó la coach en té y bienestar y Master Tea Blender, una maestría internacional de la Universidad Interamericana que terminó en enero de este año.
Por si fuera poco, Adriana presentó su proyecto de Té & Compañía en Digitaliza tu negocio, un programa de Ganar-Ganar impulsado por ONU Mujeres, la OIT y la Federación de Mujeres Empresarias de Brasil. Además de ganar una capacitación financiera internacional, su propuesta saldrá en un catálogo de ONU Mujeres. "Ahí me di cuenta que estaba en el momento de tener la tienda física porque nuestra propuesta era diferente a otras marcas. Podías venir, ver las hebras, hablar con quien las diseñó y compartir experiencias", precisó.
Además de la tienda virtual y del local en Santa Genoveva, Té & compañía tiene puntos de distribución en San Martín de los Andes (Almacén Don Juan), en Neuquén (Bruna Market y Teté) y Capital Federal en Amam Bar Té, además de tener presencia hosterías de diferentes provincias como Salta, Jujuy, Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Tucumán y Córdoba.
"Poder compartir este proyecto con mi familia es hermoso. Cada noche me duermo con este agradecimiento, con felicidad. No me cuestiono el tiempo que tardé en abrir esta puerta y tomar la decisión. Pienso que era un tiempo que necesitaba para madurar", remarcó.
"Mi mamá siempre me decía que el no ya lo tengo, que vaya por el sí" , contó Adriana y vaya si las palabras no serán poderosas y más dedicadas a una hija. Además de su faceta empresarial y creativa en materia de té y su rica trayectoria en comunicación, políticas y género, Adriana fue peluquera durante 20 años junto a su pareja, "Horacio y Adriana" se llamaba el local que tenían en Santiago del Estero y Juan B. Justo y, más tarde en la calle Salta. A su vez, tiene un interesante recorrido como fotógrafa y en el mundo de la joyería.
Esos capítulos de su vida los escribió principalmente en los cuatro años en los que vivió en Villa La Angostura con su familia. Allí, además de retratar paisajes que se convirtieron en almanaque y en postales de diversas publicaciones, también dio testimonio -con una óptica artística- del drama de las cenizas, años atrás.
Su incursión en el universo de la joyería no fue tímido ni pasó desapercibido. Su talento y dedicación la llevó a lucirse a punto tal que sus piezas llegaron por encargo al popular cantante puertorriqueño Ricky Martin, Cristina Fernández de Kirchner, cuando era presidenta de la Nación, y Máxima Zorreguieta, la reina consorte de los Países Bajos.
"Arranqué porque había tenido un problema de salud y empecé con Juan Carlos Esains, un maestro platero, una persona hermosa que trabajó para Artesanías Neuquinas y otras empresas. Después tomé clases con María Médici, una arquitecta que tiene una escuela de diseño contemporáneo", contó Adriana.
"Cuando hago algo, lo hago con tanto amor, con tanta energía, con tanta convicción y pasión", sostuvo, "Para Cristina, la municipalidad me encargó una mutisia en plata y alpaca con un diamante natural. Creo que ella iba de visita. Y a Máxima le regalé, se la entregó el hermano", recordó.
"A Ricky Martin le hicimos un corazón que tenía una forma de águila porque es lo que vuela más cerca de Dios. Nos había encantado todo lo que simboliza. Se lo dimos en uno de los shows que hizo en Neuquén a través de la gente de Fedorco porque estaba muy complicado. Fue un día muy difícil de llegar,, pero ellos se lo entregaron en mano", contó antes de destacar que tuvo el placer de obsequiar una de sus piezas a la cantautora de flamenco española María Rosa García García, artísticamente conocida como Niña Pastori, de quien es fan.
"Se la regalé cuando se presentó en el Gran Rex, la foto me la sacó Andy Kusnetzoff, estaba Julieta Díaz. yo tenía amistad con quien es su representante y me permitieron ir a su camarín para entregarle la pieza. Era todo muy loco, pero cuando pones las cosas en movimiento pasan estas cosas. ", relató.