Joaquín Hidalgo
Especial
El negocio del vino ofreció un escenario complejo durante el 2017, cuyas principales repercusiones tendrán continuidad el año entrante.
Las principales, son estas.
Consumo. El año que se va marcó un punto de inflexión respecto del consumo de vinos per cápita: según estimaciones no oficiales, por primera vez en la historia se perforó el piso de 20 litros por habitante, mientras que las oficiales dan 20,7 litros. La tendencia es a la baja, con un mix creciente de precios. Entre las grandes compañías de consumo masivo, como Unilever, la explicación de la caída en ventas para este año hay que buscarla en que la billetera de los consumidores acusó el ajuste. Para los productores de vino, sin embargo, la cosa se complica un poco más con la tendencia general de largo plazo, cuya caída es constante desde 1980. Hay señales de repunte en segmentos varietales y de mediano precio, pero en el mercado nadie estima un cambio de signo. Según el informe del Banco Supervielle sobre la actualidad del negocio del vino, el sector hoy factura un 17% menos que en 2011. El dato clave es el cambio del mix.
Qué se consume. Es interesante observar dos cosas que en 2017 marcaron récord propio: el consumo de burbujas trepó al 7,5% acumulado en la última década, lo que representa un cambio considerable, lo mismo que los vinos de segmento superior y alto (más de 130 pesos en adelante), que acumularon un 14% en el mismo período. La participación es creciente porque el consumo en esos segmentos es creciente, mientras que el salto se ve magnificado por la caída general de otros segmentos de precio, como damajuana, tetrabrik y primer precio, cuya caída en la última década contabiliza 17,9%.
Regionalización & IG. Una respuesta ideal en el segmento de precios altos, tanto para la exportación como para el consumo doméstico, es la premiumización de algunas regiones productoras. La idea es simple: si el prestigio de determinadas zonas y sus vinos es creciente, el precio de esos vinos crece en la medida en que la oferta está acotada. Así, entre 2016 y 2017 se definieron lagunas Indicaciones geográficas como Paraje Altamira y Los Chacayes, mientras que otras como San Pablo, Los Indios o Gualtallary -todas en Valle de Uco- están prontas a ser aprobadas y 2018 traerá novedades.
Exportaciones. En tanto el freno a la inflación siga siendo el tipo de cambio, las exportaciones de vino estarán ahorcadas. Sólo entre 2011 y la fecha se perdieron por este motivo 3 millones de cajas de vino exportadas de bajo precio. En compensación, el precio promedio por caja tuvo un ajuste hacia arriba que, sin compensar la caída, llevó a desarrollar nuevas estrategias de mercado con consecuencias positivas en el largo plazo: el total exportado a agosto de este año -última cifra oficial- para vinos embotellados era de 773,9 millones de dólares con un precio promedio para la caja de 12 botellas de u$s 34,8 y mercados en expansión como Reino Unido, Brasil y México.
Importados. Impulsados por pequeños importadores, principalmente, en 2017 llegó al mercado una buena cantidad de vinos importados a nutrir la góndola local. Empresas como Casa Pirque, Gran Cru, Siete Spirits, Terroir y Soil trajeron diferentes cantidades de vinos franceses, españoles e italianos, a los que se sumaron algunas especialidades alemanas, estadounidenses y sudafricanas. Así, en la góndola de los altos precios -desde 400 pesos- hoy es posible beber buenas botellas foráneas sin demasiada complicación.
Revalorización del pasado. El año que se va vio el renacer un nuevo segmento de vinos: las viejas añadas. Entre octubre y noviembre varias casas locales, como Catena Zapata, Trapiche, Rutini y Luigi Bosca, lanzaron packs de vinos viejos, con cosechas de 1990 a 2010.
Acento: No fue un año sencillo, pero la actividad vitivinícola logró consolidarse.
Impuestos internos
Este año tuvo un broche final con la batalla impositiva sobre las bebidas de la que el vino salió indemne. La razón: de los países productores, Argentina es la que presenta la menor distancia entre los impuestos internos a las bebidas alcohólicas, mientras que representa el trabajo directo e indirecto de 350 mil personas.