Querido Papá:
Pronto se cumplirán 30 años desde la tarde en la que los ingleses hundieron el crucero ARA Gral. Belgrano en mayo del '82. Yo casi cumplía un año. Desde aquel momento muchas cosas nos pasaron como familia y como Nación. Hoy te escribo para "hacer visible" la causa Malvinas.
Y ¿por qué hacer visibles unas islas que todo el mundo encuentra en un mapa? Porque no me agradan ni el uso del pasaporte, ni la ausencia de la bandera argentina en el cementerio de Puerto Darwin ni la vigencia de un enclave colonial en mi país.
Con estas líneas me propongo que el sacrificio de tu vida no sea en vano y llegue a las futuras generaciones de argentinos. Tu defensa de la legítima reivindicación nacional sobre la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur no puede empezar ni terminar en 1982.
Hablar de Malvinas con coherencia es una tarea trabajosa. No olvidemos que "las hermanitas perdidas" fueron un símbolo de unidad política y después del '82 se convirtieron en una causa de "militares borrachos". ¿Cómo separar el amor por la bandera de la dictadura?
La entrega de quienes, como vos, todavía custodian el Atlántico Sur es la voz más clara y coherente sobre la gesta de Malvinas. El mudo testimonio que guía mis pasos entre tanta política, cruces, idas y vueltas.
En aquel momento la guerra y el mundial de fútbol se vivieron casi en simultáneo. Después, la sociedad quiso sepultar definitivamente la memoria de los caídos -y a los veteranos y familiares junto con ustedes-. Así, la derrota también se llevó por delante la larga historia del reclamo por Malvinas, el gaucho Rivero, el Operativo Cóndor y la favorable Resolución 2065 firmada en la ONU en 1965.
Siguiendo con la lógica futbolera, en el entretiempo entre dictadura y democracia, quienes estamos física y afectivamente ligados a esta causa nacional fuimos "invisibilizados". Nadie contuvo a quienes somos el resultado humano de aquella gesta. La Nación tenía que exorcizarse de la dictadura desmalvinizando al país. Todavía recuerdo cuando en la escuela mi maestra me dijo: "En las Malvinas hay que pintar la banderita inglesa".
Cursé el Liceo Naval y la Licenciatura en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Fue la época en la que nuestro país aceptó postergar su reclamo por la soberanía en pos de reanudar sus vínculos comerciales con Gran Bretaña y así reinsertarnos "en el primer mundo". Todo esto mientras las pensiones, medallas y la misma Constitución Nacional era reformada para incluir Malvinas como causa nacional. Sin dudas hay contradicciones que no resisten el sentido común, más bien parecen una burla a tu memoria. Y es que por momentos parece que ni los mismos argentinos podemos ponernos de acuerdo sobre lo que significan “las Malvinas”.
Desde hace muy pocos años las cosas están cambiando para mejor. Cada vez más argentinos sentimos la necesidad de reconocer este pasado en común, y hasta el Gobierno se anima a acortar tanto silencio hacia los veteranos de guerra, los caídos y sus familiares. Trabajo por tu memoria y para que la celeste y blanca flamee en Puerto Darwin. Creo que comienza una nueva etapa, un momento en que los argentinos tenemos que hacernos cargo de lo que pasó, sin mirar para otro lado como ayer. La apuesta se redobla si entendemos que hoy en Malvinas se resumen casi todos los actuales desafíos a la soberanía nacional como la explotación sustentable de los recursos naturales, el patrullaje de nuestros mares, etc.
Mis últimas palabras las dedico a César Arce y Natalia Monje, quienes con mucho amor, fuerza, valentía y verdad supieron construir un hogar “a pesar” de Malvinas.
P.D.: Espero que pronto los ingleses tomen en serio el reclamo de soberanía argentino. Parafraseando a Fontanarrosa: “Hay que tener en cuenta que cuando nosotros todavía éramos indios ellos ya eran piratas”.